Tomás de Aquino: Aristotelismo cristiano, razón y fe y las Cinco Vías para demostrar a Dios
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Tomás de Aquino
Aristotelismo cristiano
Las obras de Aristóteles llegaron en el siglo XIII al conocimiento occidental a través de traducciones árabes. Se consideraba inicialmente que Aristóteles era incompatible con el cristianismo, pero Tomás lo adapta. Tomás de Aquino realiza una síntesis armónica entre razón y fe: considera que Aristóteles aporta una representación racional válida, mientras que la fe aporta verdades reveladas por Dios.
Razón y fe
Tomás se sitúa frente a la teoría de la doble verdad, que sostenían algunos representantes del averroísmo latino. Comienza distinguiendo y armonizando ambos ámbitos. Como pensador cristiano, acepta la enseñanza de la revelación y se somete a ella por la fe, sin renunciar al uso de la razón.
Fundamento de la distinción entre teología y filosofía
Su distinción consiste en hablar de órdenes distintos: el orden natural procede de la razón; el orden sobrenatural procede de la revelación de Dios. Ambos órdenes proceden, en última instancia, de una misma fuente: Dios.
Teología
La teología une la fe con la razón. Combina lo natural con lo sobrenatural, lo humano con lo divino. Con el uso de la razón es posible demostrar la existencia y algunas cualidades de las realidades infinitas, que la teología considera a la luz de la revelación.
La ciencia
Tomás considera que la razón puede demostrar la existencia de Dios, aunque rechaza el argumento ontológico de San Anselmo. En su lugar, propone las cinco vías. Mediante la experiencia sensible del mundo, la razón puede llegar a un primer principio no causado que explica estas manifestaciones.
1) La vía por el movimiento
Los seres que existen son mutables y están afectados por la movilidad. Aristóteles dice que todo lo que se mueve es movido por otro. Para evitar una regresión al infinito en la cadena de movimientos y causas, debe existir un primer motor que mueve sin ser movido.
2) La vía de la causalidad
Los seres sensibles se nos presentan ordenados según un orden de causalidad. Las causas operan entre sí según un orden, donde cada una depende de otra anterior. Nada puede ser causa de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo. No es posible una serie de causas eficientes infinita, porque no existiría el origen del efecto. Por ello, debe existir una primera causa eficiente no causada por otra.
3) La vía por la contingencia
Todas las realidades creadas que percibimos son contingentes: son, pero podrían no haber sido. Lo contingente necesita la acción de un ser necesario para existir (creación ex nihilo). Si en algún momento no existió nada, ahora no existiría nada. En texto claro: lo contingente requiere la acción de un ser necesario para existir. Si no existiera un ser necesario, nada existiría. Ha de existir un ser necesario que explique la existencia → Dios.
4) La vía por grados de perfección
De inspiración platónica y aristotélica, sostiene que las cosas poseen cualidades positivas (verdad, bondad, etc.) en grados diversos. Lo mayor y lo menor en cualquier género se entienden en relación con un máximo. No se puede recurrir a una regresión ad infinitum para explicar el conjunto de los grados de perfección. Debe existir algo máximo y perfectamente perfecto → Dios.
5) La vía teleológica
Explica el concepto de finalidad. En el mundo, seres sin inteligencia actúan casi siempre de la misma manera con respecto a un fin. No es razonable atribuir este comportamiento al azar. Todo comportamiento orientado a un fin implica una inteligencia que ordena. Debe existir un ser inteligente que dirija las cosas naturales hacia sus fines → Dios.
Estructura común de las vías
Las vías tomistas comienzan con una experiencia común (un fenómeno observable). Ninguna de ellas es mítica ni parte de hechos puramente finitos o arbitrarios. Parten de sí mismas y de sus propiedades —existencia, movilidad, perfección, causalidad eficiente, finalidad— y sostienen que todas esas realidades requieren una causa o razón suficiente.
No admiten explicaciones llevadas al absurdo: debe existir una fuente última que explique esas realidades por sí misma, sin depender de nada previo. Esa realidad autosuficiente es Dios.