La Teoría de la Pulsión en Freud: Componentes, Dualismos y el Concepto Económico

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El Punto de Vista Económico en la Teoría Freudiana

El término económica hace referencia a la hipótesis freudiana que postula la existencia de una energía que aumenta, disminuye, se desplaza o se libera, y que se distribuye por los lugares que constituyen el psiquismo humano, activando sus distintos procesos.

Un ejemplo de esta energía lo observó Freud en los cambios bruscos que se producen en la intensidad de los impulsos y vivencias (amor, deseos, temores, etc.) en los neuróticos.

Freud hablará de impulso instintivo para referirse a esas fuerzas innatas y primordiales que dan cuenta del comportamiento humano. En la práctica psicoanalítica, el término usado para referirse a esos impulsos es el de pulsión.

Los Cuatro Componentes de la Pulsión

Las pulsiones humanas estarían integradas por los siguientes elementos:

  1. La Fuente

    Un órgano corporal o una zona somática origina una pulsión mediante un proceso activador. La psicología no estudia el proceso en sí mismo, solo su manifestación psíquica. En el proceso de organización de las pulsiones, diversas fuentes darán lugar a diferentes pulsiones parciales que se irán integrando hasta formar una sola. Las pulsiones no integradas se manifiestan en el sujeto adulto como perversiones, ya sean de tipo imaginario o de comportamiento. En el caso de las pulsiones sexuales, su fuente son las zonas erógenas. La fuente es, en definitiva, la excitación o un estado tensional de una parte del cuerpo.

  2. El Impulso Perentorio (Fuerza o Empuje)

    Es el factor energético y motor, de intensidad variable, que empuja al organismo hacia una satisfacción de forma perentoria, es decir, sin posibilidad de que el sujeto lo pueda evitar, como sería el caso si se tratase de un excitante externo. El carácter perentorio constituye la esencia misma de la pulsión y su carácter es eminentemente psicológico y no biológico.

  3. El Fin

    Es la satisfacción en el sentido de alcanzar la supresión de la excitación. Hay que tener en cuenta que el fin no está prefijado en las pulsiones, especialmente en las de tipo sexual. Existen además pulsiones coartadas en su fin, esto es, pulsiones que son inhibidas antes de llegar a la meta a la que se dirigían o desviadas de ella.

  4. El Objeto

    Aquello por medio de lo cual se logra el fin de la satisfacción pulsional. El objeto no está prefijado para las pulsiones, especialmente en las sexuales, y su abanico de posibilidades es incluso más amplio que el de los fines.

Primera Teoría Dual de las Pulsiones (Pulsiones de Conservación vs. Sexuales)

Freud divide las pulsiones instintivas del ser humano en dos categorías principales:

  • Pulsiones del Yo o de Conservación

    Son las propias de la autoconservación del individuo. El prototipo sería el hambre, entendida no tanto como una necesidad fisiológica, sino como una necesidad psíquica.

  • Pulsiones Sexuales

    Al hablar de lo sexual no debe hacerse en sentido genital. Se trata de un conjunto de pulsiones parciales que se originan en distintas fuentes somáticas —las zonas erógenas— y que buscan una satisfacción. Esta satisfacción está vinculada a imágenes y fantasías, que mediante la organización pueden encontrar un objeto y un fin adaptado a la realidad física y sociocultural.

Segunda Teoría Dual de las Pulsiones (Eros y Tánatos)

Después de la revisión de 1920, aparecerá una segunda teoría de las pulsiones que, sin anular la primera, la sitúa en un nuevo contexto. Existen ahora dos grandes pulsiones:

  • Eros o Pulsiones de la Vida

    Tienden a constituir y mantener unificaciones cada vez más ricas. Se rigen por el principio de vinculación, que trata de conseguir nuevas síntesis y uniones entre elementos y entre sujetos. En la medida en que estas pulsiones están al servicio de la creatividad, se integran bajo el concepto de Eros.

  • Tánatos o Pulsiones de Muerte

    Opuestas a las de la vida, tienden a desunir y a conducir al ser vivo hasta su estado inorgánico, reduciendo toda tensión a cero. Se rigen por el principio de Nirvana. Estas pulsiones tienden a la destrucción del sujeto y, proyectadas hacia el exterior, se manifiestan como impulsos de agresión más o menos destructores.

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