La Teoría de Marx sobre la Historia y la Sociedad
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Karl Marx: Materialismo Histórico y Crítica del Capitalismo
Crítica al idealismo hegeliano
Karl Marx inició su pensamiento desde posiciones cercanas a los jóvenes hegelianos, en oposición a Hegel. Durante sus estudios universitarios, Marx contactó con la izquierda hegeliana, unidos por el rechazo al conservadurismo de la filosofía universitaria alemana tras la muerte de Hegel. Sin embargo, esta sintonía inicial fue breve. El espíritu crítico de Marx lo distanció de la izquierda hegeliana, considerándola excesivamente teórica y poco atenta a la situación social de su tiempo. Marx expuso sus discrepancias con Hegel y los jóvenes hegelianos en diversos escritos, como La sagrada familia y La ideología alemana, obras en cuya elaboración también participó Friedrich Engels.
La crítica de Marx a la filosofía de su tiempo comienza con el pensamiento hegeliano. Aunque reconoce la potencia del método dialéctico, el idealismo del sistema hegeliano le parece inaceptable. Marx defiende una postura materialista, rechazando la teoría de Hegel sobre el Espíritu. Coincide con los jóvenes hegelianos en este punto, pero les reprocha que su crítica se limite a elementos teóricos y abstractos del pensamiento de Hegel.
Marx considera que el filósofo debe ir más allá de la especulación para impulsar un cambio real en la sociedad. "Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo". Desde sus inicios, Marx defendió poner la filosofía al servicio de la transformación social, en lugar de limitarse a una crítica abstracta.
Marx criticó el idealismo hegeliano desde una posición materialista. También criticó a los jóvenes hegelianos por ser demasiado teóricos y olvidar el compromiso de transformar la sociedad.
Una propuesta materialista
Como Hegel, Marx creía que los eventos históricos responden a una lógica interna comprensible. Admite la interpretación de la historia como una evolución dialéctica, impulsada por la oposición de contrarios. Sin embargo, al determinar el protagonista de la dinámica histórica, Marx se aparta de Hegel.
Hegel pensaba que el protagonista de la historia es el Espíritu, manifestándose en eventos, producciones culturales o instituciones. Los individuos no hacen la historia, sino que son configurados por ella, instrumentos del Espíritu. Para Marx, este enfoque idealista es insostenible. Para comprender los procesos históricos, debemos atender a las condiciones materiales de los seres humanos. La historia no es una manifestación del Espíritu, sino el resultado de luchas explicables por factores como la necesidad de recursos básicos para subsistir. Esta teoría de Marx es el materialismo histórico.
El materialismo histórico explica los cambios históricos a partir de las condiciones materiales de vida.
Infraestructura y superestructura
El estudio de la historia debe comenzar analizando cómo la sociedad obtiene recursos materiales. Solo así comprenderemos los aspectos culturales e inmateriales de la evolución histórica. Debemos distinguir dos esferas: infraestructura y superestructura. La infraestructura es el sistema económico, que asegura la producción y distribución de recursos. La superestructura son las creencias, instituciones, leyes, organización política, religión, ciencia o arte.
El materialismo histórico prioriza la infraestructura, decisiva para la realidad social. La infraestructura condiciona la superestructura. Para interpretar los eventos históricos, debemos entender la economía, ya que de ella depende la configuración de las creencias, instituciones y formas de vida. Marx decía que la dialéctica de Hegel estaba "cabeza abajo" y que era necesario "ponerla sobre sus pies".
Para comprender un sistema social, hay que distinguir la infraestructura económica de la superestructura. Marx pensaba que la infraestructura condiciona e influye decisivamente en la superestructura.
Fuerzas productivas y relaciones de producción
En la infraestructura económica se distinguen las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las fuerzas productivas son los elementos para producir riqueza (tierra, animales, minas, arado, fuerza de trabajo, barcos, fábricas, centrales eléctricas, trenes, etc.).
La utilización de las fuerzas productivas requiere una distribución de tareas. El trabajo implica relaciones sociales, organización y cooperación. Las relaciones de producción indican el papel de cada persona en el sistema económico en relación con las fuerzas productivas. En la antigua Roma, las relaciones de producción se basaban en el esclavismo. Las relaciones de producción incluyen la división social del trabajo y la división entre propietarios y no propietarios de los medios de producción. Las clases sociales son los grupos que ocupan una posición determinada en las relaciones de producción.
El funcionamiento de la infraestructura económica depende de la conexión entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Una infraestructura sólida permite el florecimiento de la superestructura. Pero las sociedades sufren crisis que las desestabilizan. Para Marx, la historia es un proceso dinámico. El desarrollo histórico se impulsa por la oposición dialéctica de contrarios, como la tensión entre fuerzas productivas y relaciones de producción. El grado de evolución técnica establece las fuerzas productivas disponibles.
Fuerzas productivas y relaciones de producción (repetido)
Este apartado está repetido y debe eliminarse.
La dialéctica de la historia (Kant y Hegel)
La tensión dialéctica entre fuerzas y relaciones de producción explica las fases históricas. La historia comenzó con la división del trabajo y la organización para producir, impulsando el desarrollo técnico y económico, pero originando las diferencias sociales entre explotadores y explotados. La lucha de clases es el motor de la historia, reflejando las contradicciones entre fuerzas y relaciones de producción.
Hegel se centró en la filosofía de la historia. Los sucesos responden a una lógica interna, interpretados como manifestaciones del Espíritu. Todo se ajusta a un plan, donde el Espíritu se hace presente en el tiempo. El Espíritu manifiesta su progresiva concordancia con la racionalidad. Hegel afirmaba que "todo lo racional es real y todo lo real es racional". Los cambios en la historia (arte, religión, derecho, organización social) informan sobre la materialización del Espíritu, mostrando una evolución progresiva. Las instituciones del Estado moderno representaban la culminación de esta evolución, reflejando la reconciliación del individuo y la sociedad.
Para Hegel, el desarrollo del Espíritu no es lineal, sino con avances y retrocesos. El avance del Espíritu se impulsa por el enfrentamiento entre posiciones contradictorias, que actúan como motor de la historia. Hegel usaba el término dialéctica para describir este progreso. La dialéctica se articula en tres momentos: tesis, antítesis y síntesis. La síntesis supera y reconcilia las posiciones anteriores. La síntesis se convierte en una nueva tesis, generando su contrario e impulsando el movimiento.
Hegel interpreta las contradicciones de la historia como un proceso de progresión dialéctica impulsado por la lucha entre contrarios.
Los modos de producción
Marx identificó los modos de producción que se suceden en la historia: comunismo primitivo, modo de producción asiático, esclavismo, feudalismo y capitalismo. La lucha de clases impulsó la transición entre estos sistemas.
El capitalismo se caracteriza por la polarización social entre capitalistas (propietarios de los medios de producción) y proletarios (que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario). Los burgueses explotan a los proletarios. El capitalismo está condenado a desaparecer, sustituido por el comunismo.
El capitalismo se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción. Será sustituido por una nueva forma de organización socioeconómica.
El peso de la ideología
El materialismo histórico interpreta los elementos culturales e inmateriales de la civilización (superestructura: leyes, organización social, instituciones, creencias, religión, arte, ciencia, filosofía). Para comprender la superestructura, debemos considerar la influencia de la economía sobre la cultura. Las creencias sobre el derecho, las instituciones, el arte o la religión están influidas por la forma de vida. Marx distinguía dos elementos en la superestructura: la jurídico-política (leyes, instituciones, formas de gobierno) y la ideológica (creencias, formas de vida, interpretaciones científicas, religiosas, filosóficas y artísticas).
Una visión distorsionada de la realidad
La ideología son creencias y representaciones distorsionadas que justifican situaciones históricas presentándolas como naturales. No es una mentira consciente ni manipulación. La ideología legitima la orden establecida porque la sociedad la interioriza. La ideología de una sociedad es la ideología de su clase dominante. La ideología es una visión distorsionada de la realidad, parte de la superestructura. Al ser aceptada, legitima el mantenimiento del orden.
Según Marx, la religión es parte de la ideología. Las creencias religiosas justifican el sistema dominante, presentando una fundamentación sobrenatural. La religión atemoriza y controla las protestas sociales, ofreciendo consuelo y una vida futura. Marx afirmaba que "la religión es el opio del pueblo", manteniéndola en letargo e inacción. La ideología está condicionada por la infraestructura económica. No tiene sentido denunciar la falsedad de las creencias si no se cambian las condiciones económicas. Marx reprochaba a los jóvenes hegelianos centrarse en atacar las doctrinas del cristianismo o de Hegel.
La esencia del humano
La antropología de Marx no comparte la visión tradicional sobre el ser humano. La característica principal del humano no es la racionalidad, sino su capacidad para transformar la realidad creativamente. El ser humano idea los resultados de su acción y cambia la realidad de forma imaginativa. Esta capacidad creativa es el trabajo. Los seres humanos son los únicos animales que trabajan, actuando creativamente en la modificación de sus condiciones de vida. La esencia humana no es teórica, sino práctica, su capacidad de relacionarse con el entorno y los demás de forma creativa y transformadora. La razón es secundaria ante la capacidad de trabajar.
Las personas somos seres prácticos. La esencia humana no es la razón, sino el trabajo, como actividad creativa que transforma la realidad.
La origen de la alienación
El trabajo es nuestra esencia, pero en el capitalismo el obrero no puede expresar su creatividad. En este sistema económico, los medios de producción son privados. El capitalista busca beneficio económico, adquiriendo materias primas, transformándolas y vendiéndolas. El capitalista necesita obreros que le proporcionen la fuerza de trabajo, recibiendo un salario a cambio. Pero las condiciones laborales del obrero son distintas a las de un artista. El obrero no puede materializar su esencia creativa. El trabajo se convierte en una actividad extraña y desagradable, realizada por un salario. Marx dice que el obrero se siente más cómodo en tareas propias de un animal que en el trabajo.
El capitalismo genera alienación
Marx usa el concepto de alienación para referirse al extrañamiento del obrero en el capitalismo. El trabajador está alienado frente al producto, que se le presenta como algo ajeno y amenazante. También está alienado ante el proceso de trabajo, repetitivo, mecánico y deshumanizador. El acto de trabajar se convierte en algo extraño. En el capitalismo, el obrero sufre alienación por sentirse extraño ante el producto y el acto de trabajar.
A la alienación económica se suman la alienación política (separación entre sociedad civil y Estado) y la alienación ideológica y religiosa, que mantiene al proletariado en pasividad. El capitalismo es un sistema perverso e injusto, donde el trabajo se anula y se convierte en un instrumento para el beneficio del burgués. Es necesario superar el capitalismo para que los seres humanos desarrollen su capacidad creativa en un mundo libre de explotación y alienación. El capitalismo trata a los trabajadores como mercancía, sometiéndolos a un proceso de cosificación que impide el desarrollo de la creatividad.
El nacimiento del movimiento obrero
Otros pensadores criticaron las prácticas abusivas del capitalismo. Las duras condiciones de los obreros originaron un movimiento de protesta, culminando en la creación de sindicatos y el socialismo. La Revolución Industrial cambió la estructura económica y social. Las fábricas llevaron a los campesinos a las ciudades, pero las condiciones de trabajo eran duras: jornadas de doce horas, salarios miserables, trabajo infantil, falta de protección, condiciones insalubres. Surgieron los sindicatos, reivindicando mejoras laborales. La huelga se convirtió en un instrumento de lucha, logrando negociaciones para reducir la jornada laboral, aumentar salarios y mejorar la seguridad.
Socialismo utópico y socialismo científico
Pensadores socialistas (Saint-Simon, Owen, Fourier, Proudhon) denunciaron los abusos del capitalismo y aspiraron a reformas sociales para dignificar a los trabajadores. Propusieron modelos de sociedad más justos e igualitarios. Engels calificó estas propuestas como "utópicas" por su carácter fantasioso. Marx criticaba al socialismo utópico por su débil fundamentación científica. Eran intentos bienintencionados que confiaban en reformar el capitalismo. Marx creía que el capitalismo era irreformable. Su obra era "socialismo científico", distinto del "utópico". El capitalismo es injusto y explotador, y solo puede superarse con un nuevo modelo de sociedad. Marx criticaba a los socialistas utópicos por intentar transformar la sociedad con proyectos fantasiosos, sin comprender científicamente la historia y el capitalismo.
El inevitable final del sistema capitalista
Marx estaba convencido del fin del capitalismo. Estudió el funcionamiento de la economía capitalista, descrito en las obras de Adam Smith, David Ricardo y Thomas Malthus. Marx apreciaba su contribución, pero discrepaba con ellos. Para la economía política clásica, el capitalismo es un sistema natural, que surge espontáneamente y mejora las condiciones de vida. Para Marx, el capitalismo es una forma de organización socioeconómica, resultado de la evolución histórica, que será sustituida en el futuro. El capitalismo es explotador e injusto, y es preciso entender su funcionamiento para acelerar su caída y anticipar un orden social justo.
El secreto de la plusvalía
Para comprender la explotación capitalista, hay que distinguir entre valor de uso (provecho y utilidad práctica) y valor de cambio (precio en el mercado). El valor de cambio refleja la cantidad de trabajo socialmente necesaria para obtener un bien. El valor de cambio no es más que trabajo humano materializado en mercancía. La fuerza de trabajo humana tiene propiedades especiales. Se puede comprar y vender. Su precio (valor de cambio) es el salario. Pero su valor de uso es mayor, ya que crea riqueza y produce valor. Marx llamaba plusvalía a la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio de la fuerza de trabajo. Los obreros producen más valor del que se les paga. La plusvalía es la cantidad extra de riqueza que produce el obrero pero que queda en manos del capitalista, que extrae de ella su beneficio. El beneficio se debe a que el burgués se apropia de parte del trabajo de los obreros. Esta es la origen de la explotación capitalista, y la razón por la que las reformas del capitalismo están condenadas al fracaso. El capitalismo seguirá siendo explotador mientras las fábricas sean propiedad de burgueses que se enriquecen con la plusvalía.
El capitalismo es explotador porque se basa en la extracción de la plusvalía del obrero, origen del beneficio económico de los burgueses. Esta situación seguirá existiendo mientras los medios de producción sigan en manos privadas.
La inestabilidad del sistema capitalista
El capitalismo es un sistema de extracción de plusvalía, pero está sometido a inestabilidades. El burgués debe colocar sus productos en el mercado a precios más bajos que sus competidores, disminuyendo los costos y aumentando la plusvalía, lo que se consigue reduciendo los salarios. Esto no se debe a la maldad del capitalista, sino a la necesidad de mantenerse en el mercado. Las empresas que no lo hagan se arruinarán, reduciéndose la competencia y sobreviviendo las más grandes. A largo plazo, el capitalismo tiende a la concentración productiva y a la reducción de salarios. Es el único modo de garantizar beneficios. Pero si este proceso se prolonga, llevará al capitalismo a su destrucción. Si los salarios descienden continuamente, el poder adquisitivo de la población será tan bajo que nadie podrá comprar los productos. Se producirá una crisis de sobreproducción y las empresas se arruinarán por falta de consumo. El capitalismo es inhumano, injusto, inestable y abocado a crisis.
La inevitable llegada del comunismo
Marx estaba convencido de que el capitalismo daría paso al comunismo, donde reinarían la libertad y la justicia. Para lograrlo, habría que acabar con la propiedad privada de los medios de producción, raíz de la explotación y la desigualdad. El fin de la opresión se logrará cuando las fábricas sean propiedad de los trabajadores. El capitalismo será sustituido por el comunismo, donde los medios de producción serán comunes, cesando la explotación y la injusticia.
En el comunismo, las tierras, fábricas y máquinas serán propiedad de la sociedad, desapareciendo la distinción entre capitalistas y proletarios. No habrá burgueses que se apropien de la plusvalía, finalizando la explotación. No habrá alienación, todos serán libres para desarrollar su creatividad. El comunismo será el último sistema socioeconómico. A diferencia de los demás modos de producción, el comunismo perdurará indefinidamente. El motor de la historia es la lucha de clases. El enfrentamiento entre explotadores y explotados fue responsable de los grandes cambios históricos. Con el comunismo desaparecerán las clases sociales. Con el fin de la lucha de clases, se detendrá el motor de la dialéctica histórica, y el comunismo será la última etapa. En el comunismo no habrá explotación, pero no significa que todos vivan igual. Para Marx, el comunismo no implica una completa igualdad. La justicia garantiza que quienes se esfuerzan obtengan mayor recompensa material. El comunismo debe asegurar la atención a quienes tengan necesidades especiales. Marx describía el comunismo con la frase: "De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades". El comunismo no es la igualdad de ingresos, sino la gestión común de la riqueza y la desaparición de la explotación.
El camino a la revolución
La llegada del comunismo es una necesidad histórica inexorable, pero Marx pensaba que era necesario adelantar la caída del capitalismo. Se implicó en la organización del movimiento obrero, participando en la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores y en los movimientos revolucionarios. Marx confiaba en la fuerza revolucionaria del proletariado. La clase obrera es la única capaz de comprender la explotación del capitalismo. Los burgueses, cegados por la ideología, no pueden ver la auténtica realidad. Los burgueses están condicionados por sus intereses materiales, mientras que los obreros pueden acceder a la verdad sin distorsiones ideológicas, porque están sometidos a la alienación y la explotación. Pero para lograrlo, deben superar las falsas interpretaciones que intentan someterlos ideológicamente. Los obreros deben dejar de buscar consuelo en la religión y abandonar la confianza en el sistema político y jurídico burgués. Deben organizarse para impulsar una transformación revolucionaria que derribe la opresión capitalista y permita el nacimiento del comunismo. Esto se logrará si los obreros adquieren conciencia de clase, dándose cuenta de su situación en las relaciones de producción capitalistas. Esto sucederá primero en los países más industrializados, donde se formará la vanguardia del movimiento revolucionario internacional. El proletariado debe comprender su papel decisivo en la historia. Al luchar por el comunismo, no solo persiguen sus intereses, sino que liberan a la humanidad. No será fácil derrotar al capitalismo. Los burgueses tienen medios para defenderse: ejército, policía, sistema legal, instituciones políticas y un discurso ideológico que abarca la religión, la filosofía, el arte y las ciencias. Marx pensaba que la caída del capitalismo solo se produciría con violencia. El comunismo triunfará si la clase obrera se apodera del Estado para imponer una dictadura del proletariado que asegure el fin del capitalismo. Este período violento sería una etapa transitoria para derrotar a los burgueses e implantar el comunismo socializando los medios de producción. Después, cuando el comunismo sea una realidad, las instituciones del Estado desaparecerán y la sociedad se gestionará de forma libre y autónoma. Marx consideraba imprescindible acelerar la llegada del comunismo mediante un movimiento revolucionario. Para ello, el proletariado debe superar la alienación ideológica y tomar conciencia de su explotación. Solo así podrá asaltar el Estado burgués e imponer la dictadura del proletariado para hacer posible el comunismo.
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