La Teoría del Conocimiento de David Hume: Impresiones, Ideas y la Crítica a la Sustancia
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La Teoría del Conocimiento de David Hume
Impresiones e Ideas
- Impresiones: Son las sensaciones actuales, el conocimiento sensible y aquello que percibimos aquí y ahora. Se caracterizan por ser sensaciones muy vivas y constituyen los elementos fundamentales del conocimiento, ya que se tratan de los datos brutos de los sentidos.
- Ideas: Son los recuerdos de las impresiones pasadas y poseen una menor intensidad o viveza.
La Relación entre Impresiones e Ideas
Como consecuencia, las ideas proceden de las impresiones. Para determinar si una idea es verdadera, es necesario identificar de qué impresión procede, pues las impresiones son el pilar fundamental del conocimiento.
Crítica a la Idea de Sustancia
Según el criterio empirista de verdad, solo podemos aceptar aquella idea que provenga de una impresión. La idea de sustancia no se deriva de ninguna impresión, por lo que carece de fundamento. Hume solo admite la existencia de accidentes, pero no de la sustancia:
- No conocemos la sustancia ni el ser de las cosas.
- Solo conocemos aquello que la experiencia sensible nos muestra.
- La experiencia nos revela únicamente un conjunto de cualidades sensibles; por tanto, es el origen y el límite del conocimiento.
Crítica al Concepto de Identidad Personal (El Yo)
La crítica de Hume alcanza también al yo como realidad distinta de las impresiones e ideas, aplicando su crítica a la noción de sustancia:
- Inexistencia del yo como sustancia: La existencia del yo como sujeto permanente de nuestros actos psíquicos no se justifica mediante una pretendida intuición, ya que solo tenemos intuición de nuestras ideas e impresiones.
- Ausencia de impresiones permanentes: Ninguna impresión es permanente, pues todas se suceden. Si alguna impresión originara la idea del yo, esta debería ser invariable, pero no existen impresiones constantes.
- El papel de la memoria: Para explicar la conciencia de la identidad, Hume recurre a la memoria. Gracias a ella, reconocemos la conexión entre las impresiones. El error fundamental radica en confundir la sucesión de estados de conciencia con una identidad personal permanente.