Tendencias Literarias en España: De la Generación del 27 a los Novísimos (1939-2000)
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Panorama de la Literatura Española (Posguerra hasta la Actualidad)
España se encontraba devastada en los ámbitos político, social y cultural debido a la Guerra Civil, lo que, sumado a la muerte de Lorca, provocó la disolución del Grupo del 27. Los poetas posteriores debieron optar por el exilio interior o el exterior. La obra de Miguel Hernández es una mezcla entre clasicismo, poesía pura, tradición y vanguardia, aunque posteriormente encontró su propio estilo literario. Con una técnica depurada y un sentimiento arrebatado y sincero, escribió El rayo que no cesa.
La Poesía Española (1939-Actualidad)
La Década de los 40: Arraigo y Desarraigo
La década de los 40 se caracterizó por dos tendencias principales que reflejaban la división ideológica del país:
Poesía Arraigada
Perteneciente a poetas con ideologías cercanas al falangismo, esta tendencia trataba temas como el amor, la patria o la religión. Publicaban en revistas como Escorial y Garcilaso. Destacan figuras como Luis Rosales, y movimientos como el postismo de Carlos Edmundo de Ory. También se incluye a Pablo García Baena, fundador del grupo Cántico, con la intención de recuperar la poesía pura.
Poesía Desarraigada
Esta fue una poesía existencialista iniciada por Dámaso Alonso con su obra Hijos de la ira. En ella, empleaba un léxico coloquial, metáforas agresivas y una forma antirretórica, transmitiendo la angustia de la vida, la maldad del hombre, la soledad y la muerte.
Poesía Social y Crítica (Años 50 y 60)
Ya en la década de los 50, los autores pasaron del 'yo' al 'nosotros', manifestando la queja por el absurdo de la vida y las injusticias sociales.
- Blas de Otero protesta contra la desigualdad y la ausencia de libertad, e incita a la gente a solucionar sus propios problemas sin la ayuda de Dios en Pido la paz y la palabra.
- Gabriel Celaya emplea un léxico agresivo y violento, destacando su verso «La poesía es un arma cargada de futuro» de su obra Cantos Íberos.
En los 60, destaca Ángel González, quien se inclinó hacia el humor corrosivo y la ironía como crítica al franquismo en su obra Tratado de urbanismo.
La Renovación Poética (Años 70 y 80)
Los Novísimos (Años 70)
Los Novísimos, como Ana María Moix, buscaron la creatividad y la originalidad, influenciados por la cultura de masas (el cine, el rock o el cómic).
La Poesía de la Experiencia (Años 80)
En la década de los 80, la poesía se encontró en un momento de incertidumbre, con gran variedad temática. Mientras unos apostaban por la tradición clásica, otros lo hacían por la poesía minimalista. Autores de la experiencia, como Luis García Montero, buscaron en la vida cotidiana la esencia de la poesía, empleando un lenguaje sencillo.
Tendencias Posteriores
Los renombrados Poetas de la Diferencia, como Gregorio Morales, buscaron la libertad creativa. En la Poesía de Conciencia, destaca Jorge Riechmann, quien expresa un fuerte sentimiento ideológico. Posteriormente, autores como Irene X, mediante las redes sociales, compartieron un lenguaje claro y antirretórico sobre temas como el feminismo o la adolescencia.
El Teatro Español (1939-Actualidad)
El Teatro de Posguerra y la Denuncia Social
El teatro, que mezcla la literatura con el espectáculo, fue aplastado por la Guerra Civil justo cuando alcanzaba sus mayores logros. Una vez muertos autores anteriores como Lorca o Valle-Inclán, otros dramaturgos como Alejandro Casona optaron por el exilio. Miguel Mihura se adaptó a las demandas del público con obras como Maribel y la extraña familia, donde buscaba un humor inteligente.
A finales de la década de los 40, Antonio Buero Vallejo, con su obra Historia de una escalera, representó una denuncia social por la represión del régimen, intentando introducir al espectador en la conciencia de los personajes.
El Teatro Experimental y la Democracia
A partir de los años 60, dramaturgos como Fernando Arrabal produjeron obras experimentales como Cementerio de automóviles, un teatro caracterizado por el terror, el humor y el lenguaje infantil.
Finalmente, ya en democracia, autores como José Luis Alonso de Santos escribieron obras costumbristas con un lenguaje familiar y sentido del humor, como La estanquera de Vallecas. Por otro lado, José Sanchis Sinisterra, en ¡Ay, Carmela!, siguió tres líneas básicas: adaptaciones de clásicos, obras experimentales y dramas históricos. Por último, Juan Mayorga, vinculado directamente con el premio Bradomín, escribió El chico de la última fila, donde mezcla puntos de vista para mostrar distintos enfoques.