El Teatro Español desde 1939 hasta Finales del Siglo XX: Evolución y Autores Clave
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Evolución del Teatro Español: De la Posguerra a Finales del Siglo XX
El desastre cultural que supuso la dictadura de Franco se reflejó en la total desaparición del teatro de calidad que había comenzado en la década de los 30. Durante todo el franquismo, la censura pesó sobre el teatro; solo cuando en 1975 se produjo el final de la dictadura pudo mostrarse un teatro en libertad.
Años 40 y 50
Teatro continuista
El teatro de evasión y comercial fue lo común en estas dos décadas. Siguió las pautas de la alta comedia de Benavente: la obra con diálogos bien construidos, de ambiente burgués, con defensa de valores tradicionales y final feliz. Joaquín Calvo Sotelo.
Teatro del humor
Conoció el éxito gracias a la obra de dos autores: Jardiel Poncela, Eloísa está debajo del almendro, y Miguel Mihura, Tres sombreros de copa. Presentan situaciones ilógicas, diálogos llenos de juegos de palabras y argumentos irracionales próximos al teatro del absurdo.
Teatro social
Destaca Antonio Buero Vallejo con Historia de una escalera (1949) y Alfonso Sastre con la presentación de Escuadra hacia la muerte (1953). Ambos inician un teatro social, aunque desde dos posturas distintas. El teatro de Buero Vallejo ha sido catalogado de trágico; sus obras abordan temas comprometidos, desde una perspectiva simbólica (La fundación), desde una perspectiva histórica (Las meninas). Alfonso Sastre en sus obras denuncia las injusticias y el poder tiránico: La mordaza.
A finales de los años 50, un grupo de autores se sumó a un teatro social. Intentaron ejercer cierta crítica social mostrando la miseria, lo deshumanizado o el mundo retrógrado y cruel de los pueblos.
Destacan Carlos Muñiz (El tintero), Lauro Olmo (La camisa).
Años 60 y 70
Se produce un alejamiento del realismo social y el comienzo de un teatro experimental que se inspira en los renovadores del teatro europeo del siglo XX, el teatro del absurdo y otras corrientes contemporáneas.
Estas obras no encontraron acogida en los teatros convencionales, por lo que los autores construyeron una corriente de teatro soterrado, teatro escrito pero no representado. Fernando Arrabal, creador del teatro pánico, con obras como El cementerio de automóviles, o Francisco Nieva, con su teatro furioso (Coronada y el toro). Lo más notable de este periodo es el nacimiento de lo que se conoció como teatro independiente. Se formaron grupos de teatro que actuaban en escenarios alternativos con espíritu vanguardista, mediante recursos innovadores y sorteando la censura, que prohibía con frecuencia sus representaciones. Fueron grupos como los catalanes Els Joglars, los madrileños Tábano, el vasco Akelarre y algunos más los que llevaron a cabo la renovación que necesitaba el teatro español.
Desde 1975
Tras la muerte de Franco, pudieron estrenarse algunas de las obras de los autores renovadores “soterrados”.
La desaparición de la censura, la normalización democrática y el comienzo de una política de apoyo y subvención al teatro contribuyeron a que las décadas de los 80 y 90 fuesen de una riqueza y variedad teatral.
Teatros y compañías dieron cabida a obras clásicas y modernas, españolas y extranjeras, en montajes innovadores. Hay que sumar la pervivencia de varios de los grandes grupos y la formación de otros nuevos, y la continuidad de un teatro más tradicional en las salas privadas.
Cabría resaltar la creación de José Luis Alonso de Santos, con un teatro de testimonio social con cierta dosis de humor (La estanquera de Vallecas), o las obras de revisión del pasado de José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), así como otras que con procedimientos austeros presentan distintas facetas de la vida del hombre contemporáneo, como las de Paloma Pedrero o Juan Mayorga.