Stalin y Hitler: Ideologías, Poder y Terror en Regímenes Totalitarios del Siglo XX
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El Estalinismo en la Unión Soviética
Las ideas marxistas inspiraron la Revolución Rusa de 1917, liderada por Lenin. Tras su muerte, Stalin consolidó su poder e inició una serie de transformaciones radicales. Entre sus principales planes se encontraban:
- La abolición de la propiedad privada de la tierra.
- La colectivización forzosa de las explotaciones agrícolas.
- La fijación de objetivos de producción obligatorios.
Estas medidas produjeron una gran oposición, ante la cual Stalin decretó una purga brutal. Ciudadanos soviéticos fueron encarcelados sin juicio y se incitó a vecinos, amigos y familiares a denunciarse mutuamente. Mediante juicios amañados, o incluso sin ellos, los acusados eran enviados al paredón o a una muerte en vida en los campos de trabajo (Gulags). Es importante destacar que entre las víctimas hubo muchos defensores del comunismo y antiguos bolcheviques.
Este reinado del terror alcanzó su punto culminante en los años 1936-1938, conocidos como la Gran Purga. Durante este período, se fomentó un intenso culto a la personalidad de Stalin y se aplicó una violencia sistemática y brutal hacia cualquier forma de oposición real o percibida.
Muchos dirigentes destacados del Partido Comunista fueron acusados falsamente de contactos con emigrados trotskistas y espías extranjeros, siendo juzgados sumariamente y ejecutados. Stalin eliminó del proyecto marxista-leninista todo rastro de ideas democráticas y emancipadoras, e instauró un régimen policial totalitario.
En el ámbito internacional, Stalin firmó un pacto de no agresión con la Alemania nazi de Hitler en agosto de 1939. Este pacto se rompió abruptamente en junio de 1941, cuando las tropas alemanas iniciaron la invasión de la URSS (Operación Barbarroja), momento en el cual Stalin se unió a los países Aliados en la lucha contra el Eje.
El Ascenso de Hitler y la Alemania Nazi
Adolf Hitler estaba convencido de que Alemania necesitaba un gobierno militar enérgico para lograr sus objetivos:
- Unir a la nación alemana.
- Aplastar toda oposición interna.
- Afirmar la supremacía alemana en Europa.
- Someter a las que consideraba "razas inferiores".
En 1920, Hitler se unió y pronto lideró el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP o Partido Nazi). Sus ideas, que combinaban nacionalismo extremo, racismo y antisemitismo, se hicieron muy populares entre muchos alemanes. Estos sectores de la población criticaban duramente al gobierno democrático de la República de Weimar por haber firmado el Tratado de Versalles, considerado humillante, y por su aparente fracaso en controlar la hiperinflación y aplastar las revueltas comunistas de la posguerra.
Al principio, el avance del partido nazi fue lento. Sin embargo, en un contexto de crisis económica y descontento social, y ante las promesas de convertir a Alemania en una nación fuerte, próspera y autárquica, una parte significativa de la población alemana votó por los nazis. Esto los llevó al poder en enero de 1933, con Hitler nombrado Canciller.
Una vez en el poder, Hitler puso en marcha un vasto programa de obras públicas y de rearme, lo que contribuyó al reflote de la economía y dio empleo a millares de trabajadores. No obstante, el nuevo vigor de la Alemania nazi se basaba en un totalitarismo implacable. La propaganda nazi, omnipresente en las escuelas, en los movimientos juveniles (como las Juventudes Hitlerianas), en la radio y en los periódicos, exigía obediencia ciega al Estado y al Führer. El régimen perseguiría brutalmente a quienes pusieran en duda su autoridad o se opusieran a su ideología.
Muchos judíos, intelectuales y opositores políticos se exiliaron de Alemania tras la subida de Hitler al poder y la promulgación de leyes discriminatorias. En septiembre de 1939, Alemania inició la invasión de Polonia, lo que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
A medida que las fuerzas alemanas invadían Europa, los perseguidos y exiliados buscaban nuevos países de asilo; muchos de ellos intentaron huir a Estados Unidos (EE. UU.) y otras naciones. Millones de personas, especialmente judíos, pero también gitanos, eslavos, homosexuales, discapacitados y disidentes políticos, fueron perseguidos, encerrados en guetos y, finalmente, sistemáticamente asesinados en campos de concentración y exterminio durante el Holocausto.