Solaris de Stanislaw Lem: tres enfoques de lectura y claves interpretativas

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Sobre personajes atípicos y sensibilidad

Y la sociedad se lo recuerda constantemente, algo que les provoca ganas de huir de todo y los convierte, de alguna manera, en tipos fugitivos. Hipersensibles y contradictorios, se convierten inmediatamente en personas vulnerables y frágiles, que siempre acaban fracasando ante sus dilemas. Lejos de esconderlo, el autor se confiesa como un tipo similar a estos atípicos personajes, enorgulleciéndose de ello. El paso inexorable del tiempo y el lugar sin retorno al que están abocados a llegar son dos de las grandes preocupaciones de su teatro.

20. Explique los tres posibles ángulos de lectura de Solaris, de Stanislaw Lem (*)

La trama central de la novela de Lem describe el contacto con una inteligencia extraterrestre, los esfuerzos de los humanos por comunicarse con un inmenso ser vivo al que no pueden comprender: el océano del planeta Solaris. Stanislaw Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos. En la adaptación cinematográfica de Steven Soderbergh, este se ha centrado más en la historia romántica que también habita en la novela: el reencuentro del protagonista con la mujer que amaba.

El siguiente párrafo de la novela sintetiza bien su concepto central: «El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos, o sus oscuras puertas atrancadas». Sobre esa tensión funciona Solaris. Buscando comprender un planeta del espacio exterior, los personajes protagonistas, incluido el doctor Kelvin, acaban asomándose a los abismos de sus propias existencias: las miserias y la oscuridad de su interior.

El carácter de la novela deviene del trenzado genial de dos posibles ángulos de lectura: por un lado, si se la lee desde dentro del género, se trata de una novela de esas que la ciencia ficción llama de primer contacto (con seres extraterrestres), aunque más bien postule la imposibilidad de lograr dicho contacto con cualquier ser que nuestro entendimiento humano no pueda antropomorfizar. Por otro lado, desmarcándose ya de la ciencia ficción, es una novela psicológica, que explora las relaciones humanas, el amor, la culpa, el peso del pasado, la angustia del porvenir, la amenaza permanente de la locura, el miedo a la soledad: nuestra contextura espiritual más profunda.

El entusiasta de la ciencia ficción dura disfrutará los cálculos y las especulaciones sobre el planeta, las descripciones casi abstractas de sus fenómenos y, sin duda, también una interesantísima prueba empírica a la que Kelvin se somete para demostrarse a sí mismo que la pesadilla que está viviendo no es tal, sino una tortura psicológica perteneciente al mundo real, en lo que podríamos leer entrelíneas como una refutación del solipsismo. Todos estos aspectos son los menos explotados por las dos películas basadas en la novela. Por su parte, los menos adeptos a las ciencias puras seguramente preferirán concentrarse en los personajes y enredarse en los vericuetos de sus almas, ya desde el plano sentimental (como hace Soderbergh) o desde una perspectiva más intelectual (como hace Andréi Tarkovski en su propia adaptación al cine de la novela).

Y hay una tercera manera de pensar este libro. Si Richard Matheson en Soy leyenda (1954) actualizó el Drácula de Bram Stoker al tomar los miedos típicos que suscitaba el vampiro victoriano y superponerlos a los miedos típicos de un siglo XX posnuclear (fusionando así terror con ciencia ficción), podríamos decir, en un sentido igual de amplio, que Lem hace lo propio en Solaris con las historias de fantasmas: las saca de aquellas mansiones embrujadas y góticas para ponerlas en órbita, superpuestas a los miedos de una década del sesenta ya en plena carrera espacial. [*]

Tres ángulos de lectura (resumen)

  • Ciencia ficción / primer contacto: Enfoque en la imposibilidad de antropomorfizar a una inteligencia radicalmente distinta y en las especulaciones científicas sobre Solaris.
  • Novela psicológica: Lectura centrada en los personajes, la culpa, el amor, la soledad y la confrontación con los abismos íntimos.
  • Relectura de historias de fantasmas: Traslado de las atmósferas góticas y las apariciones al espacio, donde los miedos contemporáneos se proyectan sobre un planeta viviente.
Notas finales

Las distintas adaptaciones cinematográficas potencian enfoques diferentes: Soderbergh enfatiza lo sentimental y la historia romántica; Tarkovski, lo metafísico y la hondura psicológica. La riqueza de Solaris reside precisamente en su capacidad para sostener estas múltiples lecturas sin agotarse.

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