Simbología e Imágenes en la Poesía de Miguel Hernández: Evolución y Significado
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La Simbología y las Imágenes en la Poesía de Miguel Hernández
La poesía de Miguel Hernández está cargada de imágenes y elementos simbólicos. Llama la atención que estas imágenes evolucionan a la par de la situación personal que vive el poeta y de acuerdo con las influencias que recibe de poetas que lee o conoce. En este sentido, evolucionará desde metáforas relacionadas con la naturaleza, hacia imágenes de más difícil interpretación, próximas al surrealismo. Algunas veces, el mismo elemento simbólico adquiere distintas significaciones según el momento y el tema que está tratando.
El Paisaje de Orihuela en sus Primeros Poemas
Sus primeros poemas están plagados de imágenes tomadas directamente de su entorno de Orihuela, su paisaje y su naturaleza: el limonero, el pozo, la higuera..., elementos cotidianos con los que él se identifica.
Perito en Lunas (1933): Acertijos Líricos y Símbolos
Perito en lunas (1933) se editó en Murcia, en los talleres gráficos de La Verdad. Consta de 42 octavas reales a imitación de Góngora. Pero al poeta cordobés no solo le debe la estrofa, sino que su influencia se ve marcada también en un conjunto de metáforas que Gerardo Diego definió como "acertijos líricos" por su dificultad de interpretación, muchas veces solo posible a través de los títulos.
Símbolos de esta etapa son:
- El toro, que significa sacrificio y muerte; los cuernos son "mi luna menos cuarto" y los toreros, "émulos imprudentes del lagarto".
- El gallo, símbolo de la virilidad y los impulsos sexuales de estos años.
- La palmera, elemento paisajístico del Mediterráneo que es comparada con una columna, con un surtidor.
- La luna, un motivo central en el universo poético hernandiano en su primera etapa de la poesía de la naturaleza, inicialmente como el astro que ve, para pasar después a metáforas inocentes donde la "luna lluviosa" se refiere al llano. Como centro del universo, la luna es contemplada de una forma natural desde la perspectiva del "poeta pastor", pero también con una interpretación artística, donde el poeta rastrea su figura en muchos objetos con formas lunares: la forma redondeada es la luna llena, los cuernos son una luna creciente o menguante.
La luna es presentada también como exaltación de la vida, de su continuo rodar, y en otras ocasiones es asociada a la fatalidad y la muerte.
Por otra parte, en este primer libro de Miguel Hernández, hay imágenes y símbolos muy de su tiempo y un aire a Poeta en Nueva York de Lorca, donde abundan los símbolos referidos al sexo masculino: "su más confusa pierna", "remo exigente".
El Rayo que no Cesa: Amor, Dolor y Pasión
Con El rayo que no cesa aparece la poesía amorosa, y los símbolos ahora giran en torno al tema del amor. Este poemario supone una de sus cimas creativas, con imágenes audaces y símbolos que provienen de la influencia clasicista y petrarquista, como las imágenes de belleza femenina. El amor doliente, la "pena" hernandiana que recorre este libro, se plasma en símbolos recurrentes.
Así, el rayo, que es fuego y quemazón, representa el deseo, la herida de amor y el dolor, enlazando con nuestra tradición literaria (Llama de amor viva, de San Juan de la Cruz). La sangre es el deseo sexual insatisfecho; la camisa, el sexo masculino; y el limón, el pecho femenino, como en el soneto "Me tiraste un limón, y tan amargo", que expresa la frustración que le produce la esquivez de la amada.