Simbolismo y Maquinaciones: Un Vistazo a Dante y Shakespeare
Enviado por Chuletator online y clasificado en Lengua y literatura
Escrito el en
español con un tamaño de 5,51 KB
La Divina Comedia: Canto III - La Inscripción de la Puerta del Infierno
El Canto III de la Divina Comedia presenta un comienzo abrupto: la inscripción de la Puerta del Infierno se menciona solo después del tercer terceto. La intensidad de este pasaje se construye a través de diversas figuras retóricas:
Análisis de la Inscripción
- «Por mí se va a la ciudad doliente, por mí se va...»: Se observa una anáfora, la repetición de los comienzos en los versos, que enfatiza la inevitabilidad del camino.
- «Ciudad del dolor»: Constituye una personificación, ya que se atribuye vida y sentimiento a la puerta o al lugar.
- «Por mí se va a la ciudad del dolor»: También funciona como una metáfora, dado que el dolor no es inherente a la ciudad, sino a las almas que la habitan. Se transfiere el concepto de sufrimiento del infierno a la ciudad.
- «Ciudad doliente»: Aquí se presenta una metonimia, donde se alude a las almas pecadoras que sufren, no a la ciudad en sí.
- «Por mí se va al eterno sufrimiento»: Esta frase enfatiza la duración perpetua del tormento. El sufrimiento se manifiesta tanto física (dolor) como moralmente (la imposibilidad de alcanzar la salvación y la gloria). Se establece un paralelismo: Paraíso e Infierno son eternos.
- «Por mí se va la gente condenada»: Se refiere a los pecadores que jamás alcanzarán la gloria, aquellos que se desviaron del buen camino, como se menciona en el Salmo 1.
El Origen de la Puerta
La segunda estrofa revela el origen y el propósito de la puerta. Fue creada por la justicia divina para castigar a los condenados y, por extensión, para premiar a los justos. La Justicia se personifica como el motor de su creación. Se mencionan las tres manifestaciones de Dios (la Divina Trinidad): «divina potestad, el saber sumo, y el primer amor».
La Eternidad y la Desesperanza
La tercera estrofa proclama: «Antes de mí no fue cosa creada, sino lo eterno y puro permanente. Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza». En el original, la obsesión por el número tres (referencia a la Divina Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo) se manifiesta en la repetición del concepto de eternidad. La característica de la puerta se enfatiza con la figura retórica del políptoton: «eterno, eterno, eternamente». El políptoton consiste en la repetición de una palabra con diferentes flexiones (cambios de forma y función sintáctica, como singular/plural en nombres o diferentes personas en verbos).
Macbeth: Escena V - La Ambición de Lady Macbeth
La acotación inicial nos sitúa espacialmente en el castillo de Macbeth y nos presenta a Lady Macbeth leyendo una carta enviada por su esposo.
La Carta de Macbeth y el Primer Monólogo de Lady Macbeth
Macbeth le envía la carta mientras regresa a casa, contándole los acontecimientos. La elige como confidente y cómplice, ya que ella apoya la idea de acceder al trono mediante el asesinato. En su primer monólogo, Lady Macbeth considera que a Macbeth le falta la maldad necesaria para ser rey, y él se apoyará en ella. Ella reflexiona: «Querrías ser grande, alientas esta ambición, pero careces del instinto de maldad que debe acompañarla». El «dorado círculo» se refiere a la corona. Banquo y Lady Macbeth son los únicos conocedores de la intención de Macbeth de asesinar al rey Duncan y a Malcolm.
Interrupción y Doble Sentido
El primer monólogo de Lady Macbeth es interrumpido por un mensajero que anuncia la llegada del rey junto a Macbeth. Lady Macbeth responde con un doble sentido: para el mensajero, su alegría es por la llegada del rey; para sí misma, es por la oportunidad de asesinarlo.
El Perverso Segundo Monólogo
El segundo monólogo de Lady Macbeth es perverso. Ella invoca al «cuervo», un animal de mal agüero, y renuncia a su feminidad para endurecerse y convencer a Macbeth. Ella le indica los pasos para asesinar al rey. La frase «Ven, negra noche, y envuelve como en sudario» es una comparación que asocia la oscuridad con la muerte (el sudario es la tela que envuelve a los muertos). Con esto, Lady Macbeth anticipa el fatal desenlace que planea.
Diálogo con Macbeth y la Decisión Final
Tras el monólogo, se produce el diálogo con Macbeth. El saludo de Lady Macbeth es efusivo, reflejando la felicidad por el futuro que las brujas le han predicho (ser rey). Ella exclama: «¡Noble Glamis, ilustre Cawdor, más grande que uno y que otro!». Cuando Macbeth menciona que el rey llegará esa noche y se irá al día siguiente, Lady Macbeth replica: «¡Oh, no verá el sol de esa mañana!», dejando clara su intención de asesinarlo.
Lady Macbeth instruye a su esposo a mostrarse agradecido y contento, pero con hipocresía: «Muestra agasajo en la mirada, en las palabras, en las acciones». Ella lo insta a ser como una «víbora». La comparación «Debe ser como una serpiente escondida bajo la flor» refuerza la idea de disimulo y traición. El diálogo concluye con la decisión de asesinar al rey, a pesar de las dudas iniciales de Macbeth.