La Segunda República Española: Reformas, Conflictos y Golpe de Estado
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La Segunda República Española (1931-1939)
Proclamación y Constitución de 1931
La Segunda República (1931-1939) supuso la instauración de un sistema democrático en España, marcado por conflictos y tensiones sociales en un contexto europeo de declive democrático. Su proclamación se relaciona con la pérdida de popularidad de Alfonso XIII tras su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera. Tras la dimisión de este último, el intento de retorno al sistema parlamentario con la “Dictablanda” de Berenguer y el gobierno de Aznar fracasó, mientras las fuerzas republicanas se organizaban desde el Pacto de San Sebastián (1930).
En las elecciones municipales de abril de 1931, los republicanos vencieron en las zonas urbanas. Alfonso XIII, sin control de la situación, abandonó el país, proclamándose la II República. Se formó un gobierno provisional presidido por Alcalá Zamora, con las fuerzas del Pacto de San Sebastián. Este gobierno se enfrentó a la oposición de una derecha reacia a las reformas y una extrema izquierda que buscaba cambios rápidos, ejemplificado por la quema de conventos en mayo y la ocupación de tierras por la CNT-FAI.
En junio de 1931, las elecciones a Cortes Constituyentes dieron la victoria a la conjunción republicano-socialista, con la elección de las primeras tres mujeres diputadas, incluyendo a Clara Campoamor. En diciembre se aprobó la Constitución de 1931, que definía a España como una “República Democrática de Trabajadores de toda clase”, con una amplia declaración de derechos, incluyendo el sufragio universal, las libertades de expresión, reunión y asociación, y el derecho de autonomía regional. Se establecieron Cortes unicamerales, un Presidente de la República con derecho a veto que elegía al jefe de gobierno, la separación Iglesia-Estado y la subordinación de la propiedad privada al interés público.
El Bienio Reformista (1931-1933)
Alcalá Zamora fue elegido presidente y Azaña jefe de gobierno. Se inició un programa de reformas. En el ejército, se buscó reducir el número de oficiales y asegurar la obediencia al poder civil, clausurando las Capitanías Generales, cerrando la Academia Militar de Zaragoza (dirigida por Franco) y creando la Guardia de Asalto. Estas reformas provocaron un intento de golpe de Estado en 1932, liderado por Sanjurjo. La Ley de Bases de la Reforma Agraria (1932) intentó redistribuir tierras a los jornaleros, pero fracasó por falta de fondos y la oposición conservadora.
Se impulsaron el matrimonio civil, el divorcio y la secularización de cementerios. La Ley de Congregaciones Religiosas (1933) apartó a la Iglesia de la enseñanza y expulsó a los jesuitas, generando polémica y fortaleciendo a la derecha. En educación, se buscó una educación pública, laica, mixta, obligatoria y gratuita, creando escuelas, contratando maestros y estableciendo las Misiones Pedagógicas. En materia laboral, Largo Caballero impulsó la Ley de Contratos de Trabajo, la Ley de Jurados Mixtos, los seguros sociales y la reducción de la jornada laboral. Se inició el camino hacia la autonomía regional, con el Estatuto de Autonomía Catalán (1932) y el proyecto del estatuto vasco.
Estas reformas se enfrentaron a un contexto económico desfavorable, con aumento del paro y caída de las exportaciones, radicalizando las tensiones sociales, especialmente en la CNT-FAI. Aumentaron las huelgas y se produjeron los sucesos de Casas Viejas, donde la Guardia Civil asesinó a un grupo de anarquistas, lo que provocó la dimisión de Azaña en 1933.
El Bienio Conservador (1933-1936) y el Retorno del Frente Popular
En las elecciones de 1933, las derechas (CEDA de Gil-Robles y Partido Radical de Lerroux) vencieron debido al desprestigio del gobierno anterior y la división de la izquierda. Alcalá Zamora encargó el gobierno a Lerroux, quien frenó las reformas anteriores y excarceló a los implicados en la Sanjurjada. En octubre de 1934, la entrada de tres ministros de la CEDA al gobierno provocó una huelga general, que derivó en una revolución en Asturias. Los obreros tomaron el control de la provincia, pero la intervención del general Franco, enviado por el gobierno, sofocó la revolución con más de dos mil muertos. En Cataluña, la proclamación de un Estado independiente dentro de la República llevó a la encarcelación del gobierno catalán.
Estos sucesos polarizaron la política, conformando bloques de izquierda y derecha. El gobierno de Lerroux, afectado por el escándalo del estraperlo, cayó, convocándose elecciones en 1936. La izquierda, unida en el Frente Popular, venció a una derecha cada vez más fascistizada. Azaña fue nombrado presidente y Casares Quiroga jefe de gobierno. Se retomaron las reformas del primer bienio y se amnistió a los presos de 1934.
El Golpe de Estado y el Inicio de la Guerra Civil
La conspiración militar, ya en marcha, usó el asesinato de Calvo Sotelo como pretexto para un golpe de Estado liderado por Mola y Franco, que se extendió por parte de la península, iniciando la Guerra Civil. Si bien el ambiente era inestable, la guerra no era inevitable. La violencia existía, pero la sociedad no era de extremos, con el PCE con escasa representación y Falange Española sin presencia parlamentaria.
Conclusión
El contexto económico y político dificultó las reformas de la II República, aunque el golpe de Estado no era la única salida posible.