El Seguimiento de Jesús y la Construcción de la Comunidad Cristiana

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La llamada al seguimiento

Jesús, con su modo de hacer y su forma de actuar, nos está hablando de Dios. Una de las cosas que Jesús hace es llamar al seguimiento. Esta llamada genera comunidad y supone una forma nueva de entender las relaciones. Todos los evangelistas recogen esta llamada de Jesús a sus discípulos.

«Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: 'Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres'. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.» (Mc 1,16-18)

«Vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.» (Mt 4,21-22)

«En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles.» (Lc 6,12-13)

«Al día siguiente, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: 'Sígueme'.» (Jn 1,43)

1.1 Condiciones para el seguimiento

La finalidad de Jesús no es tener seguidores a toda costa, sino que estén comprometidos con su causa: hacer presente el Reino de Dios en esta realidad. Por ello, tras la llamada al seguimiento, se encuentran una serie de condiciones:

  • Ruptura con el entorno familiar: Exige dejar los lazos familiares, las seguridades, lo que frena... En definitiva, salir de la zona de confort para comenzar una nueva vida. «Otro le dijo: 'Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa'. Jesús le contestó: 'Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios'.» (Lc 9,61-62)
  • Radicalidad de vida: Jesús pide vivir desde la raíz, desde Dios-Abbá, desde el amor incondicional, y actuar como hijos de un mismo Dios, hermanos de un mismo Padre. «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (...). Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Mt 22,37.39)
  • Fidelidad en su misión: Ser discípulos de Jesús implica fidelidad a su proyecto, el Reino de Dios. Una fidelidad proactiva: en favor de que ese Dios se haga presente en esta realidad. «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.» (Mc 16,15)

02 Las discípulas de Jesús

Si bien es conocido el grupo de varones que seguían a Jesús, no lo es tanto el de las mujeres. Por ello, vamos a profundizar en el conocimiento general de este grupo y vamos a investigar a algunas de ellas.

2.1 En un mundo de hombres

La Palestina del siglo I era un tiempo de hombres. La mujer estaba siempre a la sombra de un hombre: ya fuera de su padre, de su esposo o, si se quedaba viuda, de su hijo si lo tuviera; y si no... a la calle, a mendigar para sobrevivir. La mujer era considerada impura, apartada de Dios, de la sociedad y de sí misma por estar en contacto con la sangre en la menstruación y por dar a luz a los hijos. Su sitio era el hogar, y su misión principal, el cuidado y la educación socio-religiosa de los hijos. Se la consideraba incapaz para aprender la Ley, no tenía posibilidad de iniciativa pública, ni su testimonio era válido ante el juez.

2.2 Silenciadas y arrinconadas

El número de mujeres que siguieron a Jesús es mucho mayor del que se narra en los evangelios. Este dato puede resultar chocante, pero nos habla de una realidad: no podemos identificar al conjunto de mujeres que siguieron a Jesús, vivieron su mensaje y dieron testimonio de él con sus propias vidas con aquellas que son nombradas explícitamente en los evangelios. Hoy en día, se estudia el papel de las mujeres en la comunidad de Jesús y en el posterior desarrollo de las primeras comunidades de la Iglesia.

2.3 Testigos de la Resurrección

Estamos ante una paradoja. Ellas, que apenas aparecen en los evangelios, serán las únicas que seguirán a Jesús hasta el final. Ellas, que vivían las consecuencias de una vida sin Jesús, fueron las verdaderas testigos de la Resurrección. Ellas, cuyos testimonios no eran válidos legalmente, serán las primeras en anunciar a los Doce que el de la cruz es el Mesías. Ellas, supuestamente incapaces de aprender las Escrituras, fueron las primeras en comprender que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios, era Dios.

03 La llamada de Jesús genera comunidad

3.1 Una comunidad que origina la Iglesia

La llamada de Jesús genera seguimiento. Así surge el movimiento itinerante de los discípulos de Jesús: un grupo de personas que, fascinados y atraídos por él y su mensaje, le acompañan en su misión de hacer presente el Reino de Dios y a Dios mismo, en su tierra y entre sus gentes. Este grupo, que acabará siendo una verdadera comunidad representada en torno a la figura de los Doce, tiene una serie de características:

  • Abierta, dispar y de iguales: Esta fue una de las características que más impactó a la sociedad de la época. La comunidad de seguidores de Jesús era abierta y dispar. No importaba la clase social a la que pertenecieras ni tu condición, raza, religión o sexo (Mt 9,9-13; Mc 15,43; Mt 27,55-56...). En la comunidad de Jesús, germen de la Iglesia, todos tienen cabida: mujeres y hombres, libres y esclavos, griegos y judíos (Gál 3,28). Porque todos forman una gran familia donde los lazos de sangre quedan superados por los lazos de la fe. Por ello los llama «amigos» (Mc 2,17) y «hermanos» (Mc 3,35).
  • Enraizada en Dios: Para Jesús, Dios no es un algo, es Alguien, es Abbá, es papá, es amor incondicional y gratuito. Siempre que Jesús se dirige a Dios lo llamará Padre, y así se lo enseñará a sus discípulos. A través de la enseñanza del Padrenuestro, Jesús posibilita que sus discípulos participen de la relación filial con el Padre y, además, creará fuertes vínculos con una nueva comunidad que tiene una forma genuina de orar. Abbá posibilita la idea de la filiación, ser hijos de un mismo Padre, y genera fraternidad.
  • Samaritana: Al igual que el protagonista de la parábola, que fue capaz de leer la realidad y, tomando conciencia de ella, ayudar a aquel que se quedó al borde del camino, así Jesús pide a sus seguidores que vivan el valor del servicio, la entrega, la compasión y la misericordia.
  • Profética: Jesús transmite en su mensaje y en su actuación un estilo de vida profético. Desde su experiencia radical del Dios de la libertad, del Dios amor, observa su realidad y denuncia las injusticias cometidas y anuncia que otro mundo es posible, otra forma de relacionarnos tiene cabida.

3.2 Jesús sigue generando comunidad

Es evidente que algo intuyeron en Jesús aquellos primeros discípulos cuando fueron capaces de dejarlo todo y seguirle. Jesús no trata de convencerles con un gran discurso, simplemente les invita a convivir con él (Jn 1,36-39). Jesús atrae con su simple presencia. No es un hombre cualquiera, es Dios que se acerca hasta nosotros en su realidad humana y cercana.

Hoy Jesús sigue llamando y generando comunidad. Jesús sigue siendo atractivo y fascinante para muchos hombres y mujeres de hoy. Sigue saliendo a nuestro encuentro invitándonos a seguirle. La vida cristiana no es un conjunto de normas, es un encuentro personal con Jesús, al que dejo entrar en mi vida y acepto la invitación de entrar yo a formar parte de la suya. Es una respuesta que la persona da libremente. No puede haber vida cristiana si no es en comunidad, solo en comunidad alimentamos nuestra fe y propiciamos entornos para descubrir y encontrarnos con el Dios de Jesús.

Hoy existen comunidades que son respuesta a esa llamada de Dios y al encuentro personal con Jesús. En pleno siglo XXI siguen siendo muchos los hombres y mujeres que viven en comunidad intentando ser fieles al Evangelio. Las diferentes congregaciones que existen (claretianos, jesuitas, maristas, salesianos, carmelitas, franciscanos, jesuitinas, concepcionistas...) viven en comunidad al modo de los primeros cristianos, poniendo en común todo lo que tienen.

También existen comunidades de laicos que viven bajo un mismo techo, como es la comunidad de Basida que hemos conocido en la story. Incluso existen comunidades en las que comparten la vida consagrados, laicos y familias. El concepto comunidad no solo se reduce a aquellos grupos de personas que viven bajo el mismo techo. Hoy en la Iglesia existen comunidades que se reúnen para compartir su fe y parte de su vida: grupos juveniles, grupos parroquiales, comunidades de vida, fraternidades... Sentirse miembro y parte de un grupo social es lo que más identifica al ser humano. Jesús nos invita a sentirnos miembros suyos a través de la Iglesia que él fundó, en comunidad.

En la actualidad es necesario que la Iglesia vaya implementando nuevas formas de organización que ayuden a los creyentes a vivir el Evangelio y a responder a la llamada de Jesús de una manera viva, profunda, coherente y valiente.

El coaching y la comunidad cristiana

El coaching es un método que consiste en acompañar a una persona a descubrirse y a lograr objetivos personales. Ayuda a profundizar en uno mismo y a desarrollarse plenamente como ser humano. Aunque pueda parecer una técnica nueva y revolucionaria, no es así. Desde que el ser humano existe ha tenido la necesidad de dar sentido a su vida, de situarse, de encontrar su sitio en el mundo y así ser feliz. ¿No es este el objetivo también de las comunidades cristianas ayer, hoy y siempre? ¿No es esto lo que los cristianos siempre hemos buscado en el Evangelio?

Una comunidad es un grupo pequeño de personas en el que sus integrantes se conocen, comparten su vida, celebran su fe, disciernen juntos su vocación y se ayudan mutuamente a vivir con plenitud su compromiso en la construcción del Reino.

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