Sabiduría y Moralejas en El Conde Lucanor: Resumen de Ejemplos

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Enseñanzas y Moralejas de El Conde Lucanor

M(XLII): Fíjate en las obras, no confíes en las palabras si evitar quieres engaños y artimañas.

Ejemplo XLIII: De lo que aconteció al Bien y al Mal, y de lo que aconteció a un hombre con un loco

El conde quiere saber cómo debe portarse con dos vecinos que le perjudican, a los cuales a uno tiene aprecio y al otro no. Patronio le cuenta dos historias:

  • La primera sobre el Bien y el Mal: Se van a vivir juntos y reparten sus bienes a partes iguales. Buscan a una mujer para que los sirva; el Mal se queda con la parte inferior y el Bien con la superior. Cuando ella da a luz, el Bien no permite que el Mal alimente al niño. Finalmente, el Mal acepta que “por medio del bien vence el Bien al Mal”.
  • La segunda sobre el loco de los baños: Un hombre tiraba piedras a la gente en los baños. El dueño fingió bañarse y, cuando el loco apareció, le lanzó piedras primero. El loco salió gritando que el dueño había perdido el juicio.

M: Pues el Bien al Mal con bien siempre le vence, consentir nada al hombre malo poco convence.

Ejemplo XLVI: De lo que aconteció a un filósofo con una enfermedad que había

El conde pregunta a Patronio cuál sería una forma de acrecentar su fama y mantenerla “limpia”. Patronio relata la historia de un reconocido filósofo que, por una urgencia fisiológica, tuvo que evacuar en un callejón donde residían mujeres públicas sin él saberlo. Al ser visto saliendo de allí con mala cara, su reputación se vio afectada. Patronio le aconseja que, para aumentar su fama, debe agradar a Dios para que este le ayude a evitar situaciones que la gente pueda malinterpretar.

M: Haz siempre bien y evita la sospecha, para que tu fama camine derecha.

Ejemplo XLVII: De lo que aconteció a un moro con una hermana suya que se espantaba de cualquier cosa que veía

El conde tiene un hermano que le pide ayuda constantemente, pero nunca le corresponde. Patronio le cuenta la historia de un moro que mantenía a su hermana robando mortajas. Un día, ante un cadáver con una vestidura valiosa difícil de quitar, la hermana —que presumía de ser muy delicada y asustadiza— le cortó el cuello al muerto sin dudarlo. El moro le recriminó que no podía fingir fragilidad tras haber cometido tal acto.

M: Por quien no quiere lo que te conviene hacer, tú no quieras lo tuyo por él perder.

Ejemplo XLVIII: De lo que aconteció a un buen hombre con un hijo suyo que decía que tenía muchos amigos

El conde desea saber cómo comprobar la lealtad de sus amigos. Patronio narra cómo un padre aconseja a su hijo probar a sus amistades fingiendo que había cometido un asesinato. Todos sus supuestos amigos le dieron la espalda. Sin embargo, un amigo del padre se ofreció a encubrirlo. Cuando el joven fue acusado injustamente de un crimen real en el pueblo, el amigo del padre llegó al extremo de hacer confesar a su propio hijo para salvar al protagonista.

M: Nunca nadie tan buen amigo podría hallar como Dios, que lo quiso por su sangre salvar.

Ejemplo XLIX: De lo que aconteció a un hombre que hicieron señor de una gran tierra

Ante la duda del conde sobre si debe aumentar su riqueza, Patronio le cuenta sobre un lugar donde elegían a un señor por un año para luego abandonarlo desnudo en una isla. Un gobernante precavido mandó construir secretamente una casa y suministros en dicha isla, de modo que, al ser desterrado, vivió con total comodidad.

M: Por este mundo fallecedero, no pierdas el que es duradero.

Ejemplo XXXIV: De lo que aconteció a un ciego con otro

Un familiar del conde le aconseja ir a un lugar que le genera temor. Patronio le advierte con la historia de un ciego que convenció a otro para emprender un viaje supuestamente seguro. Al llegar a un terreno peligroso, el primer ciego tropezó y cayó, arrastrando consigo al segundo, que iba confiado detrás de él.

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