Romanticismo en España: espíritu, teatro y prosa del siglo XIX
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El Romanticismo fue más que una revolución estética: un movimiento cultural que significó una renovación total de los valores y el pensamiento occidentales, e influyó no solo en la literatura, el arte o la música, sino en todos los ámbitos de la vida, tanto públicos como privados.
Espíritu romántico
Espíritu romántico: El romanticismo se opone al racionalismo ilustrado y reivindica la libertad en todos sus aspectos (individual, colectivo, creativo). Se valora en el creador la originalidad y la subjetividad, el genio.
- El yo romántico es un yo desengañado, escindido entre el deseo insaciable y la realidad, entre el ideal y su imposibilidad. Este hombre apasionado y atormentado encuentra en la nueva visión de la naturaleza un espejo de su espíritu.
- Su desprecio hacia la sociedad deriva en inconformismo o en escapismo hacia el pasado, lo exótico o lo salvaje.
- El universalismo ilustrado es sustituido por la reivindicación de lo popular y lo nacional.
El romanticismo en la literatura española
El romanticismo se introdujo en España en la primera mitad del siglo XIX y significó la rehabilitación de la propia tradición literaria (la Edad Media, el romancero, el Barroco), que el siglo XVIII había debilitado notablemente, sobre todo en los géneros poético y teatral. La historiografía literaria ha tendido a destacar el retraso con que la literatura castellana —al menos en sus aspectos creativos, que no críticos— acogió la estética romántica, una circunstancia en gran parte debida a la falta de libertad y a la férrea censura impuestas por el régimen absolutista de Fernando VII.
De hecho, la vivencia directa del romanticismo que los exiliados liberales, huidos de la represión fernandina, tuvieron en Francia e Inglaterra contribuyó a asentar el nuevo ideario tras la muerte del rey en 1833.
El teatro
La nueva estética romántica supuso una revolución en el mundo teatral, si bien basada en parte en la reivindicación de los modelos y actitudes teatrales del siglo XVII: mezcla de verso y prosa, de lo trágico y lo cómico, y ruptura de la regla de las unidades de acción, tiempo y lugar. En lo técnico se recuperó el efectismo en la puesta en escena; y, en lo temático, se cultivó un drama de corte histórico y nacional —fruto de la añoranza por el pasado propia de la época—, centrado en el conflicto trágico que, en torno del amor, se establecía entre el individuo y la convención social o religiosa, entre sus ansias de libertad y la ciega y brutal fuerza del destino que acabará con él.
La prosa
Dos son las formas que caracterizan la prosa de este tiempo: el cuadro o artículo de costumbres y la novela histórica. En la génesis del costumbrismo español cabe anotar el interés de esta época por el localismo, lo popular o lo pintoresco.
Autores importantes del género fueron Ramón de Mesonero Romanos (1803–1882) —retratista y comentarista del Madrid de su tiempo— y, sobre todo, Mariano José de Larra, quien llevaría al costumbrismo a su más alta expresión.