La Revolución de la Luz: Impresionismo y Postimpresionismo en el Arte del Siglo XIX

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El Impresionismo y el Postimpresionismo: El Fin del Ciclo Pictórico

Dos serán los estilos artísticos más destacados del final del siglo XIX (primero en Francia y desde allí en el resto de Europa): el Impresionismo y el Postimpresionismo. Son dos estilos predominantemente pictóricos, aunque en el caso del Impresionismo se incluye un escultor (Rodin) y se habla incluso de «músicos impresionistas» como Ravel.

Contexto Sociopolítico y la Ruptura con el Academicismo

Tras la Revolución Obrera de 1848, el proletariado occidental empezó a adquirir más relevancia social y política frente a la burguesía. Paradójicamente, serán los hijos de los burgueses quienes se convertirán en los defensores de las masas obreras, plasmando en sus escritos o en sus pinturas los problemas y el *vivir cotidiano* del obrero. En política y en arte, Francia sigue siendo el referente mundial, especialmente durante la época de Napoleón III.

En estos momentos, el arte está dominado por los «academicistas» y las Academias de Bellas Artes, hasta que aparecerá una pléyade de brillantes pintores que rompen con el arte oficial. Este choque va a explotar en el Salón de 1863, cuando más de tres mil obras de jóvenes pintores son rechazadas por los representantes del arte oficial. Será el ***Salón de los Rechazados***. El público se vuelca con los pintores marginales, si bien estos desean triunfar en el Salón oficial, al que se presentarán en varias ocasiones.

Objetivos Comunes del Grupo Impresionista

Será a partir de 1870 cuando algunos de ellos forman un grupo con unos objetivos comunes:

  • Estudio de la luz y del color.
  • Nuevas técnicas pictóricas con predominio de las manchas y desaparición de la línea y el contorno.
  • Ruptura con el arte oficial.

El arte pictórico de la segunda mitad del siglo XIX seguirá dos caminos: el Impresionismo y el Simbolismo, que en realidad suponen el fin del ciclo pictórico iniciado en el Renacimiento y el origen del arte contemporáneo.

Características Fundamentales del Impresionismo

Algunos de los rasgos distintivos del movimiento impresionista ya habían aparecido (por ejemplo, la reflexión sobre los problemas de la luz y los efectos de la pincelada pastosa y suelta). No obstante, los impresionistas articulan todos estos caracteres aislados en una formulación coherente, preocupada fundamentalmente por su manera de abordar el problema de la visión de la realidad.

1. El Tratamiento de la Luz

La tradición pictórica, desde el Renacimiento hasta Courbet, tiende a representar los objetos y las personas de manera un tanto artificial. Los modelos se sitúan en el estudio siguiendo las indicaciones del artista. La iluminación procede, por lo general, de las ventanas. El artista crea la sensación de volumen mediante las diversas transiciones graduales de la luz a la sombra. Esta forma de iluminar los cuerpos y los objetos es una convención artificial a la que el ojo se había acostumbrado. No obstante, cuando la fuente de luz cambia y se vuelve más potente, la impresión que recibimos es totalmente diferente. Esto ocurre sobre todo cuando los objetos son iluminados por el sol, al aire libre, como sucede en las obras impresionistas pintadas *«au plein soleil»*.

2. La Técnica Pictórica

El Impresionismo, por el hecho de realizar sus obras al aire libre y por la necesidad de captar la inmediatez de los efectos luminosos y atmosféricos, utiliza una técnica de ejecución rápida y, en muchas ocasiones, sumaria. Las pinceladas suelen ser vigorosas y cargadas de pasta. En unas ocasiones la pincelada es corta y en otras larga y sinuosa. Otra técnica muy utilizada es diluir el óleo hasta alcanzar una fluidez semejante a la acuarela.

3. La Composición

Sustituyen la representación geométrica del Renacimiento por una concepción del espacio derivada del encuadre fotográfico, lo que supone en muchas ocasiones la ausencia de un tema central e incluso la representación de figuras incompletas al quedar cortadas por los bordes del cuadro.

Pintores Clave del Movimiento

El primer pintor que, sin identificarse totalmente con el Impresionismo, revoluciona el panorama pictórico francés a mediados del siglo XIX es Manet. Junto a él destacan figuras esenciales como Monet, Renoir, Pissarro, y Degas.

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