La Revolución del Barroco Italiano: Caravaggio y el Tenebrismo

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Características de la Pintura en el Siglo XVII

El Siglo XVII se caracteriza por la plasmación de la realidad, donde las escenas se representan con un gran naturalismo. En este periodo, existe un claro predominio de la luz y del color sobre el dibujo y la línea, destacando el uso del claroscuro para crear fuertes contrastes de luz y sombra.

Además, cobran importancia temáticas anteriormente secundarias como:

  • Paisaje
  • Naturaleza muerta (bodegones)
  • Animales
  • Escenas de género (escenas cotidianas)

La Pintura en Italia: Caravaggio

Caravaggio, activo entre finales del siglo XVI y principios del XVII, es considerado el padre de la pintura barroca. Su estilo se define por:

  • Naturalismo: Representación fiel y objetiva de la realidad en todos sus aspectos, ya sean agradables o desagradables.
  • Ideología contrarreformista: Temática diseñada para impactar emocionalmente al espectador.
  • Tenebrismo: Inventor de esta técnica que utiliza grandes contrastes de luz y sombra, haciendo que las partes iluminadas destaquen violentamente sobre las oscuras, con el foco de luz siempre situado fuera de la escena.

Primera Etapa: Roma

Durante su estancia en Roma, Caravaggio trabajó para una clientela aristócrata y coleccionista que buscaba obras distintas en pequeño formato para decorar palacios. Sus composiciones eran sencillas, con pocos personajes.

Temáticas Desarrolladas:

  • Religiosa: Se mantiene el interés, destacando obras como La incredulidad de Santo Tomás, donde se aprecia un naturalismo extremo (la llaga abierta).
  • Mitología: Obras como Baco, Baco enfermo y El amor victorioso.
  • Bodegón: Temática anteriormente secundaria, ejemplificada en Cesto con frutas y Muchacho con cesto de frutas.
  • Escena de género: Representaciones cotidianas como La Buenaventura.

Grandes Cargos y Madurez

Al recibir sus primeros cargos importantes para retablos de iglesias romanas, su tenebrismo se vuelve más acusado y sus composiciones más complejas. Un ejemplo es El sacrificio de Isaac, donde, a diferencia de la tradición dócil, Abraham debe doblegar la resistencia física de su hijo.

Sus cuadros religiosos no siempre fueron aceptados por la Iglesia debido a su realismo extremo; los protagonistas carecían de la dignidad tradicional, pareciendo a menudo gente del populacho. Entre sus obras destacadas para la Iglesia de San Luis de los Franceses se encuentran:

  • La vocación de san Mateo
  • La inspiración de san Mateo
  • El martirio de san Mateo

Otras obras fundamentales incluyen La conversión de san Pablo, La crucifixión de san Pedro, El entierro de Cristo y La muerte de la Virgen. En esta última, se representa a una mujer cualquiera muerta, sin atributos místicos y sin la ascensión rodeada de angelitos.

Segunda Etapa: Nápoles, Malta y Sicilia

En esta fase final, se produce una acentuación del tenebrismo y un profundo sentido trágico. Destacan obras como San Jerónimo, Judit y Holofernes y el posible San Juan Bautista de la Catedral de Toledo.

Artemisia Gentileschi

Activa entre finales del siglo XVI y principios del XVII, Gentileschi destaca por sus protagonistas femeninas con gran fuerza psicológica: Judith, Susana, María Magdalena y Cleopatra.

Su obra se adscribe a la corriente caravaggista, término que designa a los pintores inspirados en Caravaggio, ya que este no tuvo discípulos directos. Su obra más célebre es Judit decapitando a Holofernes.

Luca Giordano (Lucas Jordán)

Representante de la segunda mitad del siglo XVII, Giordano es maestro de los frescos. Su trabajo consistía en la cubrición de muros de iglesias y palacios con escenas de carácter teatral, exagerado e irreal.

Su arte es una herramienta de plasmación del triunfo de la Iglesia Católica y de la monarquía absolutista. Una de sus intervenciones más destacadas en España es el techo de la sacristía de la Catedral de Toledo.

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