El Retorno a la Tensión entre Bloques: Expansión Soviética y Reacción de EE. UU. (1975-1985)

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El Retorno a la Tensión entre Bloques (1975-1985)

Durante la etapa de la distensión, parecía que Estados Unidos (EE. UU.) y la Unión Soviética (URSS) se habían repartido el mundo y que respetaban sus zonas de influencia. Sin embargo, la emergencia de nuevos países descolonizados, el llamado Tercer Mundo, introdujo en escena nuevos actores. Norteamericanos y soviéticos lucharían por ejercer su influencia sobre ellos.

La Expansión de la Influencia Soviética

El modelo soviético resultó atractivo para numerosos países descolonizados o con grandes desigualdades sociales, como los de América Latina. Eran países sin tradición democrática, con graves problemas económicos y sociales, en los que surgieron movimientos revolucionarios de marcado carácter nacionalista y socialista.

  • América Latina: El triunfo de la Revolución cubana en 1959 impulsó la creación de guerrillas comunistas y antiimperialistas por todo el continente: Venezuela, Colombia, Perú, etc. En 1979 triunfó la Revolución sandinista en Nicaragua, hecho que alentó el avance guerrillero en El Salvador y Guatemala.
  • Asia: La influencia comunista se extendió después de la revolución en China y del triunfo comunista en Vietnam.
  • Oriente Próximo: Siria y Egipto se aproximaron a la URSS, de la que recibieron ayuda militar. En la península arábiga, Yemen del Sur instauró un régimen comunista, y potencias como la India firmaron tratados de amistad con la URSS.
  • África: Algunos Estados del Magreb habían adoptado regímenes socializantes (Argelia, Libia). La influencia soviética se extendía a Etiopía y al África subsahariana. La URSS dio su apoyo a Guinea, Mali y Benín, y posteriormente, junto a tropas cubanas, sostuvieron los movimientos comunistas de Angola, Namibia y Mozambique.

Estados Unidos: La Lucha por Mantener la Hegemonía

Para mantener su control geoestratégico del mundo, EE. UU. también había establecido su influencia en numerosos países del Tercer Mundo. Mantenía una fuerte presencia en América Latina, donde apoyaba a diversas dictaduras, y en el Norte de África. Asimismo, tenía relaciones amistosas con los regímenes de Irán, Pakistán o Israel, que a su vez se hallaban enfrentados a potencias respaldadas por la URSS.

Sin embargo, la década de 1970 fue una época difícil para los intereses del mundo capitalista, liderado por Estados Unidos. En 1973, una grave crisis económica (crisis del petróleo) provocó depresión económica, hundimiento del comercio y problemas para el dólar, que dejó de ser convertible en oro.

En este contexto, la derrota de EE. UU. en Vietnam, la extensión de las guerrillas en Latinoamérica, la caída del régimen proamericano del sha en Irán, para dar paso a una república islámica fuertemente integrista y antiamericana, y la invasión de Afganistán (1979) por los soviéticos, para dar respaldo a un gobierno comunista, parecían hacer peligrar la posición de EE. UU. en el mundo.

Como respuesta, en 1981, el nuevo presidente estadounidense, Ronald Reagan, abandonó la política de distensión, anunció el rearme norteamericano y reafirmó una política exterior intervencionista: instalación de misiles nucleares en Europa, intervenciones militares en América Latina (isla de Granada), respaldo a guerrillas contrarrevolucionarias en numerosos países asiáticos y africanos. Además, Estados Unidos apostó por apoyar a los sectores disidentes de los países socialistas, para contribuir a la crisis del poder soviético, y proporcionó ayuda económica y política a todos los movimientos de oposición de la Europa del Este.

Un Nuevo Tipo de Conflictos

En el último tercio del siglo XX, a pesar de los esfuerzos de las grandes potencias por continuar manteniendo su poder en el mundo bipolar, algunos de los conflictos y los problemas comenzaron a ir más allá de la simple lógica de la política de bloques, de la lucha entre EE. UU. y la URSS.

Así, tras la revolución de Jomeini en Irán, que dio lugar a una república islámica fuertemente integrista, se manifestó un emergente mundo islámico, tan apartado de EE. UU. como de la URSS, fuertemente nacionalista y profundamente antioccidental, que originará graves conflictos en los años posteriores.

Igualmente, los problemas de la pobreza y las disputas de tipo étnico-religioso en continentes como África abrirán multitud de pequeños conflictos locales, difícilmente gobernables por las grandes potencias.

Por último, China se convertirá en un gigante, por su población y producción, y establecerá su política exterior como más le convenga, muy apartada de los intereses de los bloques.

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