La Retórica Clásica y la Sabiduría Moral en las Fábulas Griegas

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El Arte de la Palabra en la Grecia Clásica: Fundamentos de la Retórica

Los griegos concedían un gran valor al arte de la palabra, que podía ser mágica. Se dice que la oratoria comenzó en Siracusa (principal exponente: Gorgias). La sociedad democrática y participativa ateniense provocó su desarrollo, ya que los ciudadanos debían hablar bien en sus discursos frente a la Asamblea y el Tribunal. Saber hablar bien y expresarse en público era una habilidad fundamental. En la Atenas clásica no había abogados ni fiscales, por lo que los ciudadanos debían aprender a defenderse. Para ello, se podía recurrir a los logógrafos (escritores de discursos por encargo).

Tipos y Elementos del Discurso

El discurso se compone de tres elementos esenciales: el orador, el texto y el auditorio. Se distinguen tres tipos principales de discurso:

  • Políticos: Se pronuncian ante un auditorio indeciso (la Asamblea). La personalidad y credibilidad del emisor (ethos) son clave.
  • Judiciales: Se presentan ante un tribunal, versando sobre sucesos pasados y pruebas. Buscan conmover al receptor y al jurado.
  • Epidícticos: Discursos de elogio o censura, centrados en la importancia del propio discurso. Se caracterizan por el tono elevado y las exageraciones. Fueron una referencia en la Grecia helenística e imperial, así como en la Roma republicana.

Las Partes Canónicas del Discurso

La retórica clásica establecía cuatro partes fundamentales para la composición y ejecución del discurso (aunque el texto original solo detalla tres términos griegos):

  1. Éuresis (Inventio): Dar con el tema, precisar qué y cómo se quiere decir.
  2. Táxis (Dispositio): Ordenar el contenido. Las partes estructurales son: prólogo, cuerpo central y epílogo.
  3. Léxis (Elocutio): La composición interna y la forma externa del lenguaje. Se busca la corrección, la claridad y el ritmo adecuado.

La Interpretación del Orador (Hypocrisis o Actio)

La ejecución del discurso dependía de la voz, el gesto y la correcta relación de las palabras con las ideas que se deseaban transmitir.

Autores Clave de la Oratoria Griega

  • Lisias: Originario de Siracusa, aunque vivió en Turios. Fue un logógrafo destacado. Al no ser ciudadano ateniense, no podía dar discursos en la Asamblea. Mostró gran interés en la política y contribuyó a la derrota de los Treinta Tiranos. Su estilo se adapta a la personalidad de sus clientes. Destaca especialmente en la defensa.
  • Isócrates: Logógrafo y maestro de la retórica. Sus discursos eran muy elaborados, evitaba los hiatos y buscaba la armonía y el equilibrio en la prosa.
  • Demóstenes: Comenzó su carrera como orador en juicios contra sus tutores para recuperar su herencia. Compuso discursos judiciales por encargo y, posteriormente, políticos. Se le considera el mejor orador griego y fue un gran defensor de la Democracia ateniense.

Relatos Didácticos y Fábulas Griegas

El Padre y sus Hijas

Un hombre que tenía dos hijas entregó en matrimonio una a un hortelano y la otra a un alfarero. Transcurrido un tiempo, visitó a la del hortelano y le preguntó cómo estaba y qué tal le iban sus cosas. Ella le dijo que todo les asistía (les iba bien), pero que solo suplicaba a los dioses que el invierno y la lluvia llegasen pronto para que regasen las hortalizas. Después de no mucho tiempo, llegó también a la casa de la del alfarero, y del mismo modo le preguntó cómo estaba. Habiendo dicho esta que de otras cosas no estaba mal, y que solo suplicaba que el cielo permaneciese despejado y el sol brillante para que la cerámica se secase, el padre dijo: «Si tú deseas buen tiempo y tu hermana tiempo lluvioso, ¿por cuál de las dos rogaré?»

Zeus y los Hombres

Zeus, habiendo modelado a los hombres, ordenó a Hermes verter inteligencia sobre estos. Y aquel, habiendo hecho una medida igual, la vertió en cada uno. Sucedió que los más pequeños, al quedar llenos de la medida, llegaron a ser sensatos, pero a los más altos, el brebaje les llegó solo hasta las rodillas, no a todo el cuerpo, por lo que llegaron a ser menos prudentes.

El León y el Labrador

Un león entró en el establo de un labrador, y este, queriendo atraparlo, cerró la puerta del corral. Y el león, no pudiendo salir, primero mató a los rebaños pequeños, y después se volvió hacia la manada de bueyes. El labrador, temiendo por su propia vida, abrió la puerta. Alejándose el león, la mujer del labrador, viéndolo, llorando dijo: «Pero tú has sufrido lo justo, ciertamente, ¿por qué quisiste encerrar a quien era necesario que le temieses desde lejos?» Así, los que hostigan a los más fuertes sufren los errores de ellos mismos.

La Comadreja y Afrodita

Una comadreja, habiéndose enamorado de un hermoso joven, suplicó a Afrodita que la transformase en mujer. Y la diosa, compadeciéndose del sentimiento de ella, la transfiguró en una hermosa joven. Y así el joven, viéndola y habiéndose enamorado, la llevó hasta su casa. Estando sentados ellos en el dormitorio, Afrodita, queriendo saber si cambiando el cuerpo, la comadreja cambiaría el carácter, lanzó un ratón hacia el medio de la estancia. Y ella, olvidándose de las circunstancias actuales, habiéndose levantado de la cama, persiguió al ratón queriendo comérselo. Y la diosa, indignándose con ella, la devolvió de nuevo a su antigua naturaleza.

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