Restauración borbónica en España (1875-1876): Constitución, turno de partidos y caciquismo

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La Restauración borbónica y el fracaso del sexenio revolucionario

El fracaso del sexenio revolucionario significó el fracaso del intento de construir un Estado democrático. En 1875 se inició una nueva etapa histórica en la que se restauró de nuevo la dinastía borbónica con Alfonso XII, que de alguna manera supuso el retorno al 1868. La situación del país cambió radicalmente, ya que nuevas fuerzas políticas y sociales entraron en escena y así se generó un panorama político más complejo. Me refiero a la revolución industrial con problemas económicos, los cuales generaron conflictos laborales. Los partidos políticos se dividieron en tendencias distintas: por un lado, un partido muy conservador con Cánovas del Castillo; y por otro lado, junto con el movimiento obrero, los demócratas con la constitución de 1876. Aparte, el conflicto no fue solo político, ya que también hay que considerar los nacionalismos de esta etapa.

El papel de Cánovas y el regreso de Alfonso XII

Cánovas preparó la vuelta a España y el retorno de Alfonso XII presentándolo como el único valedor del trono; lo que pretendía era que lo eligiera el propio pueblo sin imponer nada. Por eso Cánovas ayudó al príncipe a escribir el Manifiesto de Sandhurst. Por lo general, Martínez Campos se pronunció en Sagunto, declarándolo rey antes de tiempo. Cánovas se encargó de preparar un nuevo sistema político estable y sólido en el que regiría la monarquía a partir del modelo inglés, basado en la alternancia del gobierno entre dos partidos y la elaboración de una Constitución escrita desde el Parlamento junto con la Monarquía.

Características del proyecto político de la Restauración

Las características de este proyecto político fueron: la institución del rey y las Cortes, el bipartidismo como alternancia de poder y una Constitución moderada. La soberanía compartida definía un conjunto entre el rey y las Cortes, contraria a la soberanía del sexenio democrático. Gracias a la política de Cánovas, los dos partidos principales se alternarían en el poder y en la oposición:

  • Partido Conservador, con Cánovas, que era una continuación del Partido Moderado y que surge después de la revolución de 1868.
  • Partido Liberal, con Sagasta, que representaba a la izquierda moderada y a la burguesía más progresista.

Sin embargo, había otros partidos a los cuales no se les daba importancia, como los carlistas, los derechistas o los republicanos de izquierdas.

La Constitución de 1876

Las Cortes Constituyentes se reunieron tras las elecciones para elaborar la Constitución de 1876, de carácter moderado, inspirada en la de 1845 y con bases de la de 1868, para conseguir una Carta más elástica, gracias a lo cual ofrecía estabilidad al sistema político. Las características de esta nueva constitución establecían la soberanía compartida entre rey y Cortes, como ya he comentado anteriormente; la declaración de los derechos, parecida a la de 1869; y la posibilidad de modificar leyes sin alterar toda la Constitución. Se declaró el catolicismo como religión oficial del Estado y se reconoció la libertad de culto en ciertos términos. Asimismo, aumentó el mandato del rey y se limitó el poder de las Cortes, que eran bicamerales.

Esto significa que se dividían en:

  • Senado, con cargos vitalicios elegidos por distintas corporaciones.
  • Congreso, que defendía el sufragio censitario y, según el partido gubernamental, se aplicaron fórmulas para el sufragio universal en algunos momentos.

El turno de partidos y la farsa electoral

Para este sistema político fue una farsa, porque falsificaban las elecciones mediante pactos para el turno de partidos entre los dos candidatos. Una vez acordado el cambio de gobierno, se practicaba el caciquismo: convocatorias de elecciones para favorecer al nuevo partido. El turno de partidos hacía que los políticos se integrasen en uno u otro partido, ya que se cedía el gobierno relevando el poder de forma pacífica cuando uno consideraba que era hora de pasar al otro bando de la oposición, pactando con el rey y con el otro partido. También se comprometían a mantener los cambios generados en cada gobierno.

El rey jugaba un papel importante en esta farsa, ya que era quien ordenaba que se cambiara el partido convocando nuevas elecciones. Y así siempre gobernaba uno mientras el otro estaba en la oposición hasta las próximas elecciones, de manera segura, hasta que casi no se diferenciaban. La única diferencia era la tolerancia del Partido Liberal y la presión más estricta de los conservadores.

El caciquismo y la manipulación electoral

El caciquismo, sin embargo, era una medida descarada. En Madrid estaba establecida la oligarquía que mandaba a los gobernadores civiles. El gobernador civil, en las capitales, elaboraba la lista de candidatos que enviaban a los caciques. Y los caciques locales eran los poderosos del pueblo que manipulaban directamente los resultados de la votación, con el pucherazo, con amenazas, con los votos de los difuntos… y con ello conseguían controlar el poder a través de una gran máscara.

Conclusión: estabilidad aparente y tensiones reales

En resumen, la Restauración borbónica buscó construir un sistema estable mediante la alternancia pactada entre dos grandes partidos y una Constitución moderada, pero esa estabilidad fue muchas veces solo aparente. Los problemas económicos derivados de la industrialización, los conflictos laborales, el auge de los nacionalismos y la falta de legitimidad en las elecciones (pucherazos y caciquismo) mostraban las tensiones reales que se mantenían bajo la máscara del orden. El resultado fue un sistema que funcionó en apariencia durante décadas, pero que arrastraba profundas contradicciones y exclusiones políticas.

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