La Restauración Borbónica y el Desastre de 1898: El Sistema Canovista y la Crisis Colonial

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El Sistema Político de la Restauración Borbónica (1874-1902)

Fundamentos del Régimen Canovista y la Constitución de 1876

Tras la restauración borbónica en 1874, Cánovas del Castillo diseñó un sistema político destinado a garantizar estabilidad y excluir la intervención militar. La Constitución de 1876 estableció la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, amplios poderes para la Corona, el reconocimiento de derechos individuales —aunque con la posibilidad de limitarlos mediante leyes ordinarias— y un parlamento bicameral compuesto por un Congreso electivo y un Senado parcialmente designado por el monarca.

El pilar fundamental del sistema fue el turno pacífico de partidos, un acuerdo entre conservadores y liberales para alternarse en el poder de forma pactada. Las elecciones estaban controladas mediante el caciquismo, la manipulación del voto y el pucherazo, asegurando siempre resultados favorables al gobierno de turno. Este mecanismo proporcionó una notable estabilidad política y permitió diversas reformas administrativas y educativas, pero limitó severamente el desarrollo de una democracia real.

La Oposición al Sistema y las Tensiones Sociales

Frente a este sistema rígidamente controlado surgió una fuerte oposición:

  • Los republicanos, que criticaban la falta de una representación auténtica y el carácter monárquico del Estado.
  • El movimiento obrero, tanto en su vertiente socialista como anarquista, que comenzó a organizar huelgas y protestas masivas.
  • Los nacionalismos periféricos, especialmente el catalán y el vasco, que reivindicaban su autonomía cultural y política.
  • Los regeneracionistas, quienes denunciaban la corrupción sistémica y el atraso económico y educativo del país.

A pesar de la estabilidad aparente que ofrecía el régimen, estas tensiones sociales y políticas revelaban las debilidades estructurales del sistema canovista. La crisis colonial y los problemas económicos del país amplificaron las críticas, preparando el terreno para los movimientos de reforma y regeneración que marcarían la historia española a finales del siglo XIX.

La Crisis del Imperio Colonial y el Desastre del 98

El Conflicto en Cuba y la Guerra Hispano-Estadounidense

El imperio colonial español entró en una fase crítica en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en Cuba, una posesión estratégica rica en azúcar y tabaco. La Guerra de los Diez Años (1868–1878) enfrentó a los criollos independentistas con las autoridades españolas. Aunque el conflicto finalizó con la Paz de Zanjón, que prometía reformas políticas y la abolición de la esclavitud, el incumplimiento de estos acuerdos provocó un nuevo levantamiento en 1895, liderado por figuras como José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

España respondió con medidas represivas muy duras, destacando la política de reconcentración del general Weyler, que obligaba a la población rural a concentrarse en zonas controladas por el ejército. Esta táctica provocó hambre y enfermedades a gran escala, generando una fuerte condena internacional. Estados Unidos, con importantes intereses económicos en la isla, aprovechó la situación para intervenir, especialmente tras la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana en 1898.

Consecuencias del Tratado de París y el Legado del 98

La Guerra Hispano-Estadounidense fue breve y militarmente desastrosa para España. Sus flotas fueron aniquiladas en las batallas de Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba. El conflicto concluyó con la firma del Tratado de París, mediante el cual España cedió Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los Estados Unidos, y posteriormente vendió las islas Carolinas y Marianas a Alemania. La pérdida definitiva del imperio supuso un golpe político, social y moral de enormes proporciones.

El denominado Desastre del 98 evidenció el atraso económico, militar y político de España, desencadenando el movimiento regeneracionista, que reclamaba reformas profundas en todas las estructuras del Estado. Asimismo, este evento influyó decisivamente en el ámbito cultural, dando origen a la Generación del 98, un grupo de intelectuales que reflexionó profundamente sobre la identidad nacional y el futuro del país. Este episodio marcó el inicio de un periodo de introspección y de una modernización lenta, pero decisiva, para la España del siglo XX.

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