Responsabilidad social de la ingeniería: historia, especialización y desafíos éticos
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La ingeniería ante sus responsabilidades
Historia y configuración social del ingeniero
La historia ha ido configurando la personalidad social del ingeniero, que inicialmente fue concebido como una “persona de ingenio”, del mero ingenio y de la habilidad para encontrar soluciones instrumentales a problemas concretos. Ese camino evolutivo implicó, al ampliarse el espectro de intervenciones ingenieriles, una progresiva especialización hasta llegar al momento presente, en el que los ingenieros (así como los científicos) adquieren conocimientos y habilidades para actuar en ámbitos concretos pero reducidos de la realidad. Quedó muy lejos aquel ingeniero universal. El prototipo de este personaje de tan amplios conocimientos y habilidades es Leonardo da Vinci.
Militarismo, burocracia y el nacimiento de la ingeniería profesional
El ingeniero fue configurando su personalidad y su actividad social en directa y extensa relación con las máquinas de guerra y las artes militares, relación que perduró durante siglos e influyó en numerosos aspectos personales y grupales. En Francia se produjo el despliegue de los ingenieros militares, con Vauban como paradigma del militar-ingeniero. En ese país surgieron Cuerpos de ingenieros organizados como funcionarios estatales; la disciplina fue una nota presente en esos cuerpos. Nació, pues, una profesión sometida a disciplina, por lo que con frecuencia el ingeniero renunciaba al criterio propio y se sometía a las instrucciones de los superiores jerárquicos.
Transición hacia la ingeniería civil y la era industrial
Será, sin embargo, en Gran Bretaña donde aparecerán los primeros ingenieros civiles. El ingeniero, reconvertido poco a poco a las actividades civiles (que convivirán con las militares), vive su esplendor consecuente a la expansión de las aplicaciones de la máquina de vapor y de los medios y redes de transporte. Esto permite diferenciar la ingeniería que podemos llamar premoderna de la moderna, ya que esta última:
- a) influye en mucha más gente;
- b) impacta en los sistemas naturales;
- c) afecta a las generaciones futuras;
- d) incorpora como objeto de actividad ingenieril la estructura genética de los seres humanos;
- e) interviene en la conducta humana;
- f) entra en la esfera de la privacidad.
La ingeniería muestra, pues, un alto dinamismo expansivo, aparentemente inagotable.
Problemas derivados de la especialización
Por otra parte, el ingeniero se encuentra con un escollo de decisiva importancia, ligado a su especialización inevitable: lo que rodea a una obra concreta resulta habitualmente de mayor envergadura de lo esperado. El exceso de especialización, la escasa transversalidad de los conocimientos recibidos tanto en la formación como en el ejercicio profesional ingenieril, la ausencia de discusión pública sobre las repercusiones de sus creaciones y actuaciones, y la falta de una finalidad social global en estas tareas (realidad sostenida durante decenios, debido en parte al prestigio de la ingeniería y de los ingenieros, que frecuentemente han gozado de una especie de “bula”) han llevado a la situación actual, en la que:
- a) abundan las situaciones en que se cuestiona este trabajo y estas realizaciones;
- b) crecen los conflictos sociales de origen ingenieril;
- c) se extienden las dudas sobre el carácter ético de un gran número de sus creaciones y proyectos.
Reflexión final
Ante este panorama, resulta imprescindible promover una formación más transversal, fomentar la deliberación pública sobre las implicaciones sociales y ambientales de las obras de ingeniería y reforzar marcos éticos y normativos que orienten la actividad ingenieril hacia fines socialmente responsables y sostenibles.