Renovación del teatro y la poesía en la España del siglo XX: Valle-Inclán, García Lorca y Miguel Hernández

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Contexto teatral: La Casa de Bernarda Alba y la renovación del teatro español

Este fragmento pertenece a La Casa de Bernarda Alba, cima del teatro de la primera mitad del siglo XX en España. El teatro europeo sufrió ya al inicio del siglo XX un gran cambio de la mano de Henrik Ibsen, creador del teatro moderno (con Casa de muñecas), y del existencialista Luigi Pirandello (Seis personajes en busca de un autor). Sin embargo, en España triunfó la comedia barroca con pocas disputas y sin cuestionar el orden social: Jacinto Benavente (Los intereses creados), un teatro modernista con los hermanos Machado y un teatro cómico con Carlos Arniches y los hermanos Quintero.

Intentos de renovación y teatro cómico

Hubo fracasados intentos de renovación de la generación del 28 (Unamuno, de la línea filosófica de Azorín) con escaso éxito, como la generación del 27, Rafael Alberti. También hubo un teatro de humor absurdo con Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa).

Valle-Inclán y Federico García Lorca

La transformación y la universalidad llegaron con Valle-Inclán y Federico García Lorca. Valle-Inclán crea el esperpento, deformación grotesca de la realidad, en Divinas palabras y culmina en Luces de Bohemia; parodia los modelos literarios, critica las clases sociales y prefiere lo miserable y marginal con ironía, humor agrio y sarcasmo en personajes que son fantoches.

La vocación de Federico García Lorca se orientó a un teatro poético. Renovará el género a partir de Valle-Inclán. Será un teatro experimental que, durante cinco años, aborda un público en un ambiente opresivo y con protagonismo femenino; integra la vanguardia y presenta una unidad teatral, un enfrentamiento entre autoridad y libertad, destronando obras como Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba.

Poesía española y Miguel Hernández

El poema seleccionado pertenece a Miguel Hernández. A comienzos del siglo XX la literatura española florecía en poesía como no lo hacía desde el Barroco y convivían diversas tendencias movidas por el deseo de renovación.

El Modernismo inicia este camino sometiendo la realidad al goce de los sentidos y a la perfección formal con Rubén Darío, que deja amplia influencia en nuestro país con Azul... o Prosas profanas. Antonio Machado parte del Modernismo con Soledades, pero su obra, en contacto con la realidad española, llega al simbolismo y a lo vanguardista. Innova en lo formal y es tradicional en lo espiritual. En Campos de Castilla se orienta al paisaje y medita sobre España y el carácter de sus gentes.

Para Juan Ramón Jiménez, la poesía es instinto interpretado por la inteligencia y la creación: penetrar en lo desconocido. Su obra evoluciona desde una etapa sensitiva, un modernismo muy personal —Almas de violeta—, a una etapa intelectual en busca de nuevas formas de nombrar —Diario de un poeta recién casado— y su etapa “verdadera” habla del concepto de poesía total —Espacio.

La Generación del 27 y sus temas

La Generación del 27 trata los temas de nuestra civilización: la ciudad, con sus frivolidades —Poeta en Nueva York o Presagios—; la naturaleza sumida en la ciudad —Cántico—; el amor, encerrado en lo urbano —La voz a ti debida o La realidad y el deseo—; lo neopopular —Romancero gitano o Marinero en tierra—; y el compromiso social —Entre clavel y espada o Hijos de la ira.

Miguel Hernández, “genial epígono” del 27, es clave en este panorama. Su obra sirve de puente entre la poesía anterior y posterior a la guerra. Muchos de sus rasgos concuerdan con la poesía anterior —El rayo que no cesa—, pero su obra está presente en generaciones posteriores —Viento del pueblo.

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