La Renovación Narrativa Española a Principios del Siglo XX: Modernismo y Generación del 98

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Narrativa española hasta 1939

El arranque de la nueva novela

En 1902 arranca la narrativa de la Generación del 98 y el Modernismo con obras fundamentales como:

  • Camino de perfección de Pío Baroja
  • Amor y pedagogía de Miguel de Unamuno
  • La voluntad de Azorín
  • Sonata de otoño de Ramón María del Valle-Inclán

Las tres primeras presentan una temática y un planteamiento de índole existencialista y filosófica. Todas ellas proponen una profunda revisión de la novela realista predominante hasta entonces.

El panorama inmediatamente anterior estaba dominado por la novela realista, con autores consagrados como Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas «Clarín», Juan Valera, José María de Pereda y Emilia Pardo Bazán. Estos escritores solían narrar historias que reflejaban escenas de la vida cotidiana, desembocando a menudo en el costumbrismo.

Los nuevos narradores de principios de siglo, en cambio, concibieron la prosa narrativa como un espacio para reivindicaciones estilísticas y subjetivas. Se produjo un desplazamiento desde la descripción de una realidad exterior hacia la exploración de una realidad interior. En sus obras, se intercalan largas reflexiones, monólogos interiores y elucubraciones filosóficas, a menudo en detrimento de la acción argumental tradicional.

Los protagonistas característicos de esta nueva narrativa solían ser personajes contemplativos, inadaptados socialmente, melancólicos y con una marcada actitud antiburguesa.

La Generación del 98

El inconformismo literario, unido al social y político derivado de la crisis de fin de siglo, dio paso a la actitud crítica de un grupo de jóvenes intelectuales españoles contra la política y la cultura de la Restauración. Este descontento se expresó en revistas, periódicos y libros. Así surgió la llamada Generación del 98, compuesta principalmente por Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y, en parte de su obra, Antonio Machado. Se considera precursor de esta generación a Ángel Ganivet (quien murió prematuramente en 1898), autor de obras como Idearium español y Los trabajos del infatigable Pío Cid.

Además de la crítica y la propuesta de reformas en política, educación y economía, estos autores se dedicaron a indagar en la esencia de lo español. Para ello, buscaron distinguir entre el falso casticismo superficial y la verdadera tradición popular y permanente, concepto que Unamuno denominó intrahistoria.

Consideraron que donde mejor se reflejaba el alma de España era en su paisaje castellano, que fue redescubierto y revalorizado estéticamente por estos autores. Ejemplos notables son Castilla de Azorín y Campos de Castilla de Antonio Machado.

José Martínez Ruiz (Azorín)

Nacido en Monóvar (Alicante), José Martínez Ruiz, conocido por su seudónimo Azorín, inició su carrera literaria escribiendo en periódicos, lo que lo llevó a Madrid en 1896. En sus primeros años mostró tendencias anarquistas y revolucionarias, reflejadas en obras como Diario de un enfermo. Posteriormente, evolucionó hacia posturas más contemplativas y filosóficas, patentes en su trilogía autobiográfica protagonizada por Antonio Azorín: La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Su pensamiento muestra influencias de la filosofía de Schopenhauer y Nietzsche, con temas recurrentes como el pesimismo y la voluntad. Desarrolló un estilo característico: sencillo, de frase breve y muy expresivo. Los paisajes, especialmente el castellano, son protagonistas esenciales en su obra, siempre teñida por un profundo sentimiento de nostalgia y melancolía, como se aprecia en Castilla o Una hora de España.

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