Reinterpretación Profunda de los Diez Mandamientos en la Sociedad Contemporánea
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Revisión y Profundización de los Mandamientos Fundamentales
I. Amarás a Dios sobre todas las cosas
La crisis del hombre moderno se manifiesta como una profunda crisis de Dios, un eclipse, una ignorancia o incluso una aversión hacia Él. La esperanza de los hombres se ve decepcionada porque la respuesta a sus anhelos se busca fuera de Dios. El ser humano subordina su propia vida, su futuro y todo lo que posee de bueno a otros “señores”.
II. No tomarás el nombre de Dios en vano
Existen numerosas maneras de insultar a Dios. Es fácil utilizar el nombre divino, doblegándolo a las propias necesidades. Cuántos creyentes se “autosalvan” invocando solo el nombre de Dios como “misericordia”, olvidando que su nombre es también “verdad” y “justicia”.
III. Santificarás las fiestas
La fiesta, y por ende el reposo del trabajo, es el espacio ofrecido para la intimidad con Dios. Es tiempo reservado al descubrimiento de uno mismo en relaciones de verdadera fraternidad con los demás. Asistimos a la desnaturalización de esta verdad: la fiesta ya no alimenta en el hombre la necesidad de Dios; más bien, la olvida, haciéndose cada vez más sinónimo de consumismo, de placer, de adquisición y disfrute de los bienes materiales.
IV. Honrarás a tu padre y a tu madre
Quien honra al padre y a la madre respeta su propia historia, las memorias familiares que otorgan identidad social.
V. No matarás
Se puede matar de muchas maneras, no solo con las armas: matan también la lengua, la ignorancia, el silencio. No matar es también defender la vida, siempre, no solo cuando es conveniente o posible.
VI. No cometerás actos impuros
La liberación del sexo se ha convertido en uno de los mayores negocios comerciales, precisamente a partir de la devaluación de la dignidad del hombre y de la mujer. Hacer la prostitución más “decente” no la hace menos “explotación del cuerpo”. Es impuro no conservar la unidad entre cuerpo y espíritu, violentar el espíritu en nombre del bienestar corporal.
VII. No robarás
El hurto es una intención mala que reside dentro de nosotros. No se trata solo de “no robar al hombre”, sino también de “no robar al hombre”, es decir, privarlo de su tiempo, de su dignidad, de su futuro, de justicia y de paz. Hay que educar para ser generosos de corazón, experimentando la economía del don, de la gratuidad. La raíz del “no robar” también está en el poseer: se roba porque nunca se está satisfecho con lo que se tiene, invadido por el deseo de tener y de acumular.
VIII. No dirás falso testimonio
El falso testimonio está también dentro de nosotros como mentira, como ablandamiento de la verdad. Estar de parte de la verdad, defenderla, es un acto de justicia y de amor a uno mismo y a los demás.
IX. No desearás la mujer de otro
El mandamiento tradicionalmente dirigido al varón (“La mujer de otro”) hoy debe entenderse también como “el hombre de otro”. La mujer, el hombre, no son una cosa que se desea, que pertenece a alguien como una posesión. Los delitos pasionales, la violencia doméstica y la discriminación del género femenino responden a esta lógica deshumanizada.
X. No codiciarás los bienes ajenos
La envidia se encuentra en la base de este y del mandamiento anterior. Es el más “sociable de los vicios”. La modernidad ha exaltado la cultura de la envidia. En las sociedades civiles avanzadas, el presupuesto de la democracia es la igualdad: “yo debo tener los mismos derechos que los demás”. Sin embargo, esto no implica sufrir el “complejo de ser idénticos”, de poseer las mismas cosas que los demás, lo cual nos convierte en esclavos de las cosas, o nos empobrece y endeuda por aquello que se envidia y no se puede poseer.