El Reinado de Isabel II y el Sexenio Democrático: Un Análisis de la Historia Española (1833-1874)
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EL REINADO DE ISABEL II (1833-1868)
El reinado de Isabel II estuvo marcado por la consolidación del sistema liberal en España, la alternancia en el poder de los moderados y progresistas, las guerras carlistas y una creciente inestabilidad política que desembocó en la Revolución de 1868.
1. Partidos Políticos: Moderados y Progresistas
Durante el siglo XIX, el liberalismo español se estructuró en torno a dos grandes facciones:
Los moderados (Clases altas: terratenientes, grandes industriales, burguesía financiera y comercial), liderados por figuras como Narváez, Martínez de la Rosa, O’Donnell y Serrano, defendían una monarquía fuerte con soberanía compartida entre el rey y las Cortes y existían cortes bicamerales. Limitaban las libertades individuales y establecían un sistema censitario restringido y una Milicia Nacional suprimida. Su principal etapa de gobierno fue la Década Moderada (1844-1854), durante la cual se promulgó la Constitución de 1845 y la Ley de Ayuntamientos, se fortaleció la autoridad de la Corona y se creó la Guardia Civil. Además, se firmó el Concordato de 1851 con la Santa Sede, consolidando la alianza entre la Iglesia y el Estado.
En 1854 se forma la Unión Liberal como una escisión de los moderados, con una gran política exterior.
Los progresistas (Clases medias: pequeños comerciantes, artesanos, parte del ejército, funcionarios, intelectuales), encabezados por Espartero, Mendizábal, Madoz y Prim, apostaban por la soberanía nacional, la ampliación de derechos ciudadanos, la descentralización administrativa, sufragio censitario más amplio y separación de la Iglesia-Estado. Mejor concreción del programa es la Constitución de 1837. Su momento de mayor relevancia fue el Bienio Progresista (1854-1856), cuando se llevaron a cabo medidas como la desamortización de Madoz y la Ley General de Ferrocarriles. Sin embargo, fueron apartados del poder por la Corona y los moderados, lo que les obligó a recurrir a pronunciamientos militares para intentar recuperar el gobierno.
Junto a estos partidos, surgieron otras formaciones políticas menores como los demócratas, que defendían la soberanía popular, el sufragio universal masculino, cortes unicamerales, mayores libertades públicas, la formación de la Milicia Nacional, la libre elección de ayuntamientos y la libertad de culto. Y los republicanos, partidarios de abolir la monarquía. Entre los líderes republicanos más destacados estuvo Pi y Margall.
2. Etapas del Reinado de Isabel II
2.1. Regencias (1833-1843)
Ante la minoría de edad de Isabel II, se estableció un sistema de regencias:
Regencia de María Cristina (1833-1840): Para garantizar el trono de su hija frente a la amenaza carlista, María Cristina se apoyó en los liberales. Durante su regencia, Martínez de la Rosa (moderado), promulgó el Estatuto Real de 1834 conservadora, haciendo que se dividieran en progresistas y moderados. Mendizábal (progresista) llevó a cabo una desamortización que afectó a los bienes eclesiásticos y una reforma del Estatuto. En agosto de 1836, Sargentada de la Granja, pedían Constitución de 1812 y José Ma Calatrava, Presidente de Gobierno (progresista). Al final crearon la Constitución de 1837. Soberanía nacional, derechos individuales amplios, división de poderes, aconfesionalidad del Estado y libertad de culto, los Ayuntamientos son elegidos por los vecinos con derecho a voto y establecimiento de Milicia Nacional. Moderados llegan al poder y desvirtúan elementos progresistas, excepto la Constitución. La Primera Guerra Carlista finalizó con el Convenio de Vergara (1839), firmado entre Espartero y Maroto.
Regencia de Espartero (1840-1843): El general Espartero (progresista) asumió la regencia tras la renuncia de María Cristina, pero su política autoritaria y su acuerdo librecambista con Inglaterra, que perjudicó a la industria textil catalana, provocaron protestas y levantamientos y fue bombardeada Barcelona. Finalmente, en 1843 fue derrocado por Narváez (moderado), lo que permitió la proclamación de Isabel II como reina con solo trece años.
2.2. Reinado de Isabel II (1843-1868)
Década Moderada (1844-1854): Con Narváez al frente del gobierno, se creó la Guardia Civil (1844), suprimiendo la Milicia Nacional, se promulgó la Constitución de 1845 moderada, que reforzaba el poder de la Corona, se creó un nuevo sistema fiscal diseñado por Alejandro Mon (impuesto indirecto de consumo) y se impulsó la centralización administrativa mediante la Ley de Ayuntamientos de 1845. Además, Bravo Murillo firmó el Concordato de 1851 en el que la Santa Sede acepta la pérdida de bienes eclesiásticos desamortizados a cambio de una subvención y el control sobre la enseñanza.
Bienio Progresista (1854-1856): Tras el pronunciamiento de O’Donnell en la Vicalvarada, los progresistas lograron acceder al poder a través del Manifiesto de Manzanares, bajo el liderazgo de Espartero. O’Donnell funda la Unión Liberal. Se impulsaron la desamortización de Madoz y la Ley de Ferrocarriles de 1855. Se elaboró una nueva constitución progresista en 1856, que no llegó a entrar en vigor. Espartero dimitió y moderados llegaron al poder.
Gobierno de la Unión Liberal (1858-1863): O'Donnell (moderado y progresista) combinó estabilidad política y expansión exterior con campañas militares en Marruecos, México e Indochina. También se promovieron infraestructuras y obras públicas para modernizar el país.
Gobierno de Narváez (1863-1868): Narváez (moderado) La crisis económica, la corrupción electoral y la represión política (como la Noche de San Daniel y la sublevación del Cuartel de San Gil en 1866) provocaron un creciente descontento. En 1867, Juan Prim lideró el Pacto de Ostende, que unió a progresistas, unionistas y republicanos contra Isabel II. En 1868, la Revolución Gloriosa obligó a la reina a abdicar y exiliarse en Francia.
3. El Carlismo
El carlismo surgió tras la Pragmática Sanción de 1830, que permitía a Isabel II heredar el trono en lugar de Carlos María Isidro. Este movimiento defendía la monarquía absolutista, la religión y los fueros tradicionales (Dios, Patria, Fueros, Rey). Sus principales apoyos estaban en Navarra, el País Vasco y Cataluña, donde sectores rurales, el clero y parte del ejército se oponían al liberalismo.
Guerras Carlistas:
Primera Guerra Carlista (1833-1840): Tras la muerte de Fernando VII, liderada por Zumalacárregui, quien logró importantes victorias para los carlistas. Sin embargo, tras su muerte, los isabelinos vencieron y se firmó el Convenio de Vergara.
Segunda Guerra Carlista (1846-1849): Descontento matrimonio Isabel II. Ocurrió principalmente en Cataluña y fue encabezada por Ramón Cabrera. No tuvo éxito.
Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Durante el Sexenio Democrático, Carlos VII intentó restaurar la monarquía tradicional, pero fue derrotado por las tropas alfonsinas.
El carlismo mantuvo su influencia durante el siglo XX, con integración política, en la segunda república española, en la posguerra y en la dictadura de Franco y en la transición a la democracia, aunque nunca llegó a tener una representación significativa.
El Sexenio Democrático (1868-1874)
El Sexenio Democrático fue un período de gran inestabilidad en la historia de España. Comenzó con la Revolución de 1868, conocida como "La Gloriosa", que destronó a Isabel II y abrió paso a una etapa de experimentación política en la que se intentó instaurar un régimen democrático a través de la primera constitución democrática. Sin embargo, las constantes disputas entre distintas facciones y la falta de estabilidad política llevaron a su fracaso y al restablecimiento de la monarquía borbónica en 1874.
1. La Revolución de 1868 y el Gobierno Provisional
En septiembre de 1868, un pronunciamiento liderado por los generales Prim y Serrano derrocó a Isabel II, quien se exilió en Francia. Se estableció un Gobierno Provisional, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes mediante sufragio universal masculino. Estas Cortes redactaron la Constitución de 1869, la más democrática del siglo XIX, que establecía la soberanía nacional, la monarquía democrática, sufragio universal masculino y una amplia declaración de derechos y libertades individuales. También se estableció la peseta, Ley de Minas, Ley de Bases Arancelarias… Sin un monarca en el trono, Serrano asumió la regencia y Prim fue nombrado jefe de gobierno.
2. El Reinado de Amadeo I (1871-1873)
Tras una intensa búsqueda de un monarca adecuado para España, Prim seleccionó a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia. Sin embargo, su reinado estuvo condenado al fracaso desde el principio. Prim, su principal valedor, fue asesinado antes de su llegada, dejándolo sin apoyos. Los carlistas, republicanos y monárquicos alfonsinos no lo aceptaban, mientras que las élites económicas temían el auge del movimiento obrero. En medio de esta crisis, Amadeo I abdicó en febrero de 1873, lo que llevó a la proclamación de la Primera República.
3. La Primera República (1873-1874)
El 11 de febrero de 1873, el Congreso y el Senado proclamaron la Primera República Española. Este régimen fue efímero y estuvo marcado por el caos y la inestabilidad. En menos de un año, se sucedieron cuatro presidentes: Figueras (supresión quintas y abolición esclavitud Puerto Rico), Pi y Margall (insurrección federalista y proclamación cantón de Cartagena), Salmerón (sofocación militar del cantonalismo) y Castelar (establecimiento de una república unitaria conservadora). La República no tenía un respaldo sólido: los conservadores la veían como una amenaza, los carlistas intensificaron la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), los alfonsinos fueron ganando más poder y los republicanos se dividieron entre federalistas y centralistas. Se redacta una constitución en 1873 que no entrará en vigor.
4. Principales Conflictos del Sexenio
Guerra de Cuba (1868-1878): En 1868, el independentista Carlos Manuel de Céspedes proclamó el Grito de Yara, dando inicio a una insurrección que buscaba la independencia de Cuba. La guerra se prolongó diez años (Guerra Larga) y, aunque el gobierno español logró sofocar la rebelión temporalmente con la Paz de Zanjón (1878), el conflicto colonial persistió.
Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Liderada por Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro, fue un intento de restaurar la monarquía absolutista. Los carlistas llegaron a controlar Estella y otras zonas del norte, pero fueron derrotados por el general Martínez Campos en 1876.
Cantonalismo (1873): Inspirado en el federalismo radical, el movimiento cantonalista proclamó cantones independientes. Llamados acantonados los defraudados por la república. Cartagena resistió por meses hasta su rendición en enero de 1874. Símbolo de este movimiento en el que las ideas republicano-federales intransigentes, socialistas utópicas y anarquistas se entremezclaron.
5. Fin de la República y Restauración Borbónica
La inestabilidad política y los conflictos llevaron a un golpe de Estado en enero de 1874, cuando el general Manuel Pavía disolvió las Cortes republicanas. Se instauró un gobierno provisional liderado por Serrano, que se enfocó en restaurar el orden, pero los sectores conservadores ya impulsaban el regreso de la monarquía. Finalmente, en diciembre de 1874, el general Arsenio Martínez Campos protagonizó el pronunciamiento en Sagunto, proclamando rey a Alfonso XII e iniciando la Restauración borbónica.
Ley de Ayuntamientos 1840: Establecía que los nombramientos de los regidores serían verificados por designación regia, no por votación popular, como exigían los progresistas.
Manifiesto de Manzanares: Se pedía cumplir la Constitución de 1845, reformar la Ley electoral, reducir los impuestos y restaurar la Milicia Nacional.
El Pacto de Ostende: Acuerdo firmado el 16 de agosto de 1866 en la ciudad belga de Ostende por los Partidos Progresista y Demócrata, por iniciativa del general progresista Prim, para derribar la monarquía de Isabel II de España. Este pacto, al que a principios de 1868 se sumó la Unión Liberal, fue el origen de "La Gloriosa", la revolución que en septiembre de 1868 depuso a la reina española.
Grito de Yara: Fue el comienzo de la guerra de Cuba contra España, que duraría diez años. Su inicio coincide con la revolución en España, aunque tiempo atrás se venía conspirando en la isla. Lideró el movimiento Céspedes, y la sublevación habría de producirse en su hacienda. Pero, enterados los españoles, los que habían de sublevarse se dirigieron a Yara, de donde tomó su nombre la rebelión cubana. En el manifiesto independentista se aducen como razones la carencia de libertades y el mal gobierno desorganizado de los impuestos, y ofrecen como solución la igualdad, la justicia, el sufragio y la libertad de los esclavos.
El general Prim: Participó en la guerra carlista y en la represión de Barcelona contra Espartero (1843). Participó en la guerra de Marruecos. Presidente del gobierno durante la regencia de Serrano, fue el encargado de buscar un nuevo rey para España: Amadeo de Saboya.
Francisco Serrano: Participó en la guerra carlista. Se unió al pronunciamiento de Espartero en 1840, aunque luego pasó a los moderados. Fue amante de la reina Isabel, participó en el Manifiesto de Manzanares y pasó a la Unión Liberal. Fue jefe del gobierno provisional y luego regente tras la revolución de 1868. Durante la República participó en la conspiración que acabó con ella.
En este dibujo se muestran las diferentes etapas del Sexenio democrático, desde que triunfa la revolución de 1868 hasta que en 1874 el general Martínez Campos restaura la monarquía borbónica.
Siguiendo la viñeta, el escudo real borbónico da paso a un nuevo amanecer en España, en concreto la "Gloriosa" revolución del 29 de septiembre de 1868. A bordo de la fragata Zaragoza, el almirante Topete enarbola la bandera de España con el lema de esta revolución, "Viva España con honra", que dio título al Manifiesto de los revolucionarios. A su lado se encuentran Prim y Serrano, los dos principales líderes de la septembrina. Todos están sobre el puente de Alcolea, lugar donde tuvo la batalla y el triunfo del general Serrano sobre las tropas isabelinas de Novaliches.
Los partidos firmantes del Pacto de Ostende forman el Gobierno provisional en 1868, que dará lugar al nacimiento de la peseta y cuyo principal cometido será la elaboración de la Constitución de 1869. Una vez aprobada ésta, se instaura en el país una regencia presidida por Serrano mientras Prim se encarga como presidente del gobierno de buscar un rey para el trono vacante.
Desbancando a los demás pretendientes, Amadeo de Saboya se hace en 1871 con el cetro de la monarquía democrática, tal y como señala el artículo 33 de la Constitución. Tras dos años de reinado, el 11 de febrero de 1873 se proclama la República española en medio de la indiferencia de la mayor parte de la población. Se destaca en el dibujo de manera ostentosa este período como el más importante de todos, representándose a los 4 presidentes de la República. El primero, Figueras, ostenta la bandera de la República Federal. A continuación se representa a Pi i Margall sentado en una silla contemplando su "República pirotécnica"; Salmerón, tercer presidente de la República, sostiene un libro donde se expone su filosofía krausista desde su República filosófica; y finalmente, Castelar, último presidente de la República, hace equilibrio sobre el precipicio al que está a punto de caer la República.
El 3 de enero de 1874 aparece el general Pavía como un pavo real sobre el Congreso mientras que los diputados abandonan por los tejados el edificio legislativo, por otro lado un hombre con tupé que parece Sagasta, se escabulle sigilosamente. En la última escena, el general Martínez Campos aparece restaurando el escudo de la monarquía borbónica, en Sagunto.
Clasificación: Este texto recoge una selección de artículos de la Constitución de 1869, considerada la más avanzada y democrática de todas las redactadas hasta entonces. Se trata de una fuente primaria de carácter jurídico-constitucional y de contenido político
Es un documento de carácter público, dirigido al pueblo español. Fue elaborada y promulgada por los miembros de las Cortes Constituyentes (autor colectivo) convocadas por el Gobierno Provisional liderado por el progresista Prim y el unionista Serrano, tras la revolución de septiembre de 1868 que puso fin a la monarquía de Isabel II.
Contexto histórico. Los últimos años del reinado de Isabel II se caracterizaron por la existencia de un evidente malestar político, económico y social. La firma del Pacto de Ostende en 1866 creó una coalición de fuerzas progresistas, demócratas y unionistas frente a la monarquía (apoyada solamente por los moderados).
En septiembre de 1868 se inició un pronunciamiento militar en Cádiz, dirigido por Serrano, Prim y Topete, cuyo objetivo era destronar a la reina. El levantamiento militar dio paso a un movimiento revolucionario conocido como La Gloriosa que se extendió con rapidez y en muchas ciudades se formaron Juntas Revolucionarias que organizaron la rebelión y lanzaron un llamamiento al pueblo.
Las tropas leales a la corona fueron derrotadas en la batalla de Alcolea, lo que provocó la dimisión del gobierno y el exilio de Isabel II a Francia el 29 de septiembre de 1868.
La revolución del 68 inicia el periodo conocido como “Sexenio Democrático” (1868-1874), cuya primera consecuencia es el derrocamiento de Isabel II. Serán seis años de experiencia democrática aunque de agitada vida política.
España con Honra
Clasificación: Nos encontramos ante un fragmento del manifiesto conocido como “España con honra”. Se trata de fuente histórica escrita primaria, de naturaleza expositiva, dado que un manifiesto es una declaración de intenciones y un llamamiento a la nación, y de contenido político, al
presentar propuestas políticas. Este manifiesto dio pie a la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, que dará fin al reinado de Isabel II en España.
El lugar y la fecha nos vienen indicados en el texto: Cádiz, 19 de septiembre de 1868, así como los autores: el colectivo de generales pronunciados. Entre los militares nos encontramos con el general Prim, el general Serrano y el almirante Topete, militares destacados en el proceso revolucionario.
Se trata de un texto público, de difusión general, para dar a conocer los motivos e intenciones del pronunciamiento.
Ideas principales:
El texto trata de justificar el alzamiento contra la legalidad vigente en razón a una situación que se hacía insostenible: La corrupción y el atropello de las libertades obligan a los firmantes a sublevarse para restablecer el orden y la legalidad, para establecer un cambio de gobierno.
Los autores argumentan los motivos que justifican su actuación: indicando los desmanes y la política autoritaria que ha pervertido la ideología liberal del gobierno: ambiente de corrupción en los ministerios, manipulación en las elecciones, censura, centralismo…
Para luchar contra esto se propone el establecimiento del sufragio universal y un gobierno provisional, que regenere social y políticamente el país bajo los valores propios del liberalismo: libertades individuales, orden, defensa de la propiedad privada… apoyados, según los firmantes, por todos los grupos sociales, empezando con las clases altas, el clero (escándalos políticos y de índole moral de la propia reina) y el pueblo mismo.
El manifiesto acaba con una invocación a la participación popular en la revolución y con el
grito “¡Viva España con honra!”.
Discurso Segismundo Moret
Clasificación: Este texto es un fragmento del discurso de Segismundo Moret en la Cortes en defensa de la Constitución de 1869 que se está debatiendo. Esta defensa la basa en su carácter democrático y en aras de este logro no duda en defender también el régimen monárquico. Se trata de un texto que es una fuente primaria y cuyo contenido es político y jurídico. El autor formó parte como diputado de la comisión parlamentaria que elaboró la Constitución de 1869; durante el Sexenio Democrático fue ministro de Ultramar y Hacienda, también destacó por su actividad empresarial en el sector minero (Sociedad General de Fosfatos de Cáceres/Aldea Moret). Es un texto de carácter público, destinado a todos los españoles.
Ideas Principales:
La idea principal se centra en la necesidad de aprobar una Constitución democrática que recoja los derechos individuales y mejoras sociales. Para conseguirlo, Moret defiende la “cesión” del Partido Democrático que acepta como forma de gobierno la Monarquía. En realidad, considera que la forma de gobierno (Monarquía o República) no es tan importante. Lo verdaderamente importante es contar con una Constitución que deje atrás las prácticas de los anteriores gobiernos Moderados (amaño electoral, recorte de derechos, sufragio censitario) que eran contrarias a la democracia y a los derechos individuales.
- Características de la Constitución de 1869.
El 6 de junio de 1869 se promulga la nueva Constitución que estará vigente hasta 1873, cuando se proclame la Primera República (1873-1874). Es una constitución claramente liberal y democrática, con un régimen de libertades muy amplio, si se la compara con otras europeas de la misma época.
En el preámbulo de la Constitución se dice que las Cortes Constituyentes actúan en nombre de la Nación; aparece la idea fundamental del sistema: la Soberanía Nacional, defendida por progresistas y demócratas y contraria a la soberanía compartida (Rey y Cortes) del liberalismo doctrinario, que aparecía en la Constitución moderada de 1845. También se cita la naturaleza de su convocatoria: elegidas por sufragio universal (varones mayores de 25 años) que muestra la conquista de los sectores más progresistas, con respecto a los anteriores sistemas electorales basados en el sufragio censitario.
En los primeros artículos (2, 3, 4 y también el 26) se garantizan los derechos de todos los españoles, en una amplísima declaración de derechos, incluyendo derechos de tipo procesal y penal: la presunción de inocencia, el mandamiento judicial, la libertad de residencia.... Se refieren a las garantías judiciales de los ciudadanos que son muy importantes en un estado de derecho. Lo hacen para evitar caer en el autoritarismo de los anteriores gobiernos moderados. Además se establecen otros derechos, no mencionados en el texto, como los de reunión, asociación, inviolabilidad de la correspondencia, libertades de imprenta, enseñanza.
En el art. 21 se soluciona unos de los debates que han marcado las constituciones anteriores sobre la cuestión religiosa, estableciéndose la libertad religiosa. Se satisfacen así las peticiones de los sectores moderados (mantenimiento del culto y el clero), como las de los sectores más progresistas (libertad de culto y su ejercicio público).
Los artículos 32 a 36 expresan el sistema político que emana de la Constitución:
Se proclama la soberanía nacional y se confirma el sufragio universal masculino.
El poder legislativo reside en las Cortes y el rey sólo las sancionaba o las promulgaba. El legislativo era bicameral (Congreso y Senado).
Establece como sistema de gobierno la monarquía parlamentaria. Al rey le corresponde el poder ejecutivo, y ejercía su poder por medio de sus ministros. A tal efecto habría que buscar un candidato al trono no Borbón, y que finalmente recaería en Amadeo de Saboya.
Se proclama la independencia del poder judicial, creando por primera vez un sistema de oposiciones a juez que acababa con el nombramiento de éstos por el gobierno y se restablecía el juicio por jurado.
Otro rasgo característico de la Constitución, si bien no aparece en el texto, es la organización del Estado de forma descentralizada: los ayuntamientos tenían alcaldes elegidos por los vecinos (ayuntamientos democráticos).
Conclusión: La Constitución de 1869 y el nuevo sistema político, consolidaron los principios liberal-democráticos, así como el modelo de monarquía constitucional.
En ningún momento se pretendió hacer una revolución social ni grandes cambios en las instituciones políticas tradicionales: Monarquía, Cortes bicamerales u organización territorial del Estado. Chocaron en sus pretensiones con los más radicales (Republicanos federales y asociaciones
obreras) y con los más conservadores (carlistas y moderados).
Se frustraron así, algunas aspiraciones de los grupos políticos y, en especial, muchas reivindicaciones de carácter popular. El modelo de sociedad quedó intacto, campesinos, jornaleros o trabajadores de fábricas, no mejoraron su situación. La expansión del anarquismo y el socialismo abrieron una nueva etapa en la organización del proletariado y del campesinado.
Todo ello contribuyó a que el intento democratizador del Sexenio fuera tan breve e inestable y terminara en fracaso.