El Reinado de Isabel II en España: De la Década Moderada al Bienio Progresista (1843-1868)
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Caída de Espartero y Transición al Poder Moderado (1843)
En mayo de 1843, tuvo lugar un pronunciamiento de moderados y progresistas, tanto civiles como militares, cuyo manifiesto fue redactado por Olózaga. El único objetivo común era derribar al regente, el general Espartero. Se formaron Juntas y se movilizó a la Milicia Nacional. Figuras clave de este movimiento fueron Narváez y Concha en Valencia, y Serrano y Prim en Barcelona, culminando con el exilio de Espartero.
Adelanto de la Mayoría de Edad de Isabel II
Se estableció un gobierno provisional liderado por Joaquín María López. Las elecciones generales fueron ganadas por los candidatos de Unidad Constitucional, una coalición electoral de progresistas, antiseparatistas y moderados. El 8 de noviembre, las Cortes declararon mayor de edad a Isabel II a los trece años.
El 20 de noviembre, se formó un gobierno progresista encabezado por Salustiano Olózaga. Sin embargo, su mandato fue breve, ya que dimitió tras ser acusado de forzar a la joven reina a firmar un decreto de disolución de las Cortes, en un episodio calificado como un «escándalo» o un «montaje político».
La Década Moderada (1844-1854)
El Ascenso de los Moderados
El gobierno moderado de González Bravo marcó el inicio del acceso conservador al poder. Durante su mandato, se tomaron dos decisiones significativas:
- Creación de la Guardia Civil.
- Regreso a España de la reina madre, María Cristina.
Posteriormente, el gobierno del general Ramón María Narváez dio comienzo a la llamada «Década Moderada». En las elecciones de septiembre de 1844, los progresistas optaron por el retraimiento, lo que resultó en una abrumadora mayoría de diputados moderados, aunque divididos en tres facciones: vilumistas, centristas y puritanos.
La Constitución de 1845
En 1845 se proclamó la Constitución de 1845, de carácter marcadamente moderado. Sus principios fundamentales incluían:
- Soberanía compartida entre la Corona y las Cortes.
- Mayor poder para el monarca.
- Sufragio muy restringido (censitario).
- Declaración de un Estado confesional católico.
- Ausencia de una estricta separación de poderes.
Este periodo se caracterizó por la persecución de la oposición progresista. Incluso los moderados puritanos se opusieron a las políticas de Narváez.
Inestabilidad y el Retorno de Narváez
Desde febrero de 1846 hasta octubre de 1847, la inestabilidad gubernamental fue constante, con la sucesión de seis gobiernos moderados. La principal causa de esta inestabilidad fue la cuestión del matrimonio de la joven reina y la influencia de su madre, María Cristina. Finalmente, en 1846, Isabel II (con 16 años) contrajo matrimonio con su primo Francisco de Asís.
En octubre de 1847, Narváez formó su tercer gobierno para hacer frente a la oleada de la Revolución democrática europea de 1848 y al resurgimiento del carlismo. Las Cortes le concedieron poderes excepcionales hasta diciembre de 1848, lo que derivó en un periodo de autoritarismo y fuerte represión contra las sublevaciones demócratas en Madrid, Andalucía, Levante y Cataluña, así como contra los carlistas. La marginación de los progresistas durante esta etapa provocó la escisión de su ala más radical, dando origen al Partido Demócrata. Una vez normalizada la situación política, Narváez, ya sin el apoyo de Palacio ni de una parte del moderantismo, acabó por dimitir.
El Gobierno de Bravo Murillo y el Concordato de 1851
La reina nombró jefe de gobierno a Bravo Murillo, cuyo mandato se centró en la modernización de infraestructuras, destacando la construcción del ferrocarril y del Canal de Isabel II. En 1851, su gobierno firmó un Concordato con la Santa Sede, que establecía lo siguiente:
- El Estado aceptaba las desamortizaciones ya realizadas.
- Los gastos de culto y clero serían asumidos por el Estado.
- La religión católica fue declarada como la «única de la nación española».
- Se concedió a la Iglesia una importante intervención en la enseñanza.
Bravo Murillo dimitió tras no conseguir que se aceptara su proyecto de reforma constitucional, que buscaba un mayor autoritarismo.
Crisis del Moderantismo y la Vicalvarada
El periodo entre 1853 y 1854 se caracterizó por una profunda inestabilidad, con tres gobiernos diferentes. Durante estos años, y especialmente en el gobierno del Conde de San Luis (Sartorius), la corrupción y la especulación se generalizaron, sobre todo en las concesiones ferroviarias, con la presunta participación de la propia familia real. A pesar de la censura de prensa, los escándalos eran denunciados en multitud de hojas clandestinas.
En 1854, una grave crisis económica y la creciente represión de la oposición desembocaron en un pronunciamiento militar de generales conservadores (puritanos), apoyados por políticos progresistas y con un amplio respaldo popular.
El Bienio Progresista (1854-1856)
La Revolución de 1854
En 1854, el general O'Donnell lideró un pronunciamiento en Vicálvaro (la Vicalvarada). Para atraer el apoyo del pueblo, se redactó el Manifiesto de Manzanares. A raíz de esto, una serie de pronunciamientos con participación popular se generalizaron por toda España, con especial intensidad en Madrid y Barcelona. En Madrid, los días 17 y 18 de julio, se levantaron barricadas populares y se formaron Juntas con participación demócrata, republicana y, por primera vez, obrera. Para frenar la deriva revolucionaria, los puritanos, progresistas y algunos demócratas propusieron a la reina que llamara de nuevo al general Espartero para formar gobierno.
El Gobierno de Espartero y las Cortes Constituyentes
Se inició así el Bienio Progresista. El gobierno de Espartero fue una síntesis liberal, compuesto por moderados unionistas y una mayoría de progresistas, pero con O'Donnell como ministro de la Guerra. Una de las primeras medidas fue forzar el exilio de María Cristina. En agosto se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes unicamerales, que dieron una mayoría de diputados progresistas, un número significativo de unionistas y la presencia de 20 demócratas.
Estas Cortes elaboraron la Constitución de 1856, que nunca llegó a promulgarse (de ahí que se la conozca como non nata). Proponía una amplia declaración de derechos, entre otras reformas avanzadas.