El Reinado de Isabel II: Conflictos, Liberalismo y Transformación en España

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La Oposición al Sistema Liberal: Las Guerras Carlistas

Tras la muerte de Fernando VII, surgieron grandes problemas por la sucesión al trono. Por herencia, la corona debería ser para su hija Isabel, pero los conservadores querían que el nuevo monarca fuera Carlos María Isidro. El problema era que Fernando VII había derogado la Ley Sálica antes de morir. Los absolutistas que apoyaban a Carlos se llamaron carlistas.

Dado que Isabel era una niña de tres años, comenzó un periodo de regencias, primero su madre, María Cristina; y, posteriormente, Espartero. La reina María Cristina se vio obligada a aliarse con los liberales, para ello firmó un Estatuto Real.

En este momento, surgió la primera guerra carlista, entre carlistas e isabelinos (liberales). Los carlistas alegaban una cuestión dinástica que encerraba una cuestión ideológica. Defendían el catolicismo inquisitorial y atacaban a la monarquía constitucional y los cambios de la revolución liberal. Eran apoyados por las zonas de campo del norte peninsular (que aún conservaban fueros que el liberalismo pretendía abolir), parte de la aristocracia y el bajo clero. Algunos de sus militares fueron Zumalacárregui, Cabrera y Maroto. Todas las ciudades eran liberales, ya que los burgueses lo eran, al igual que las clases medias ilustradas. Su militar más importante fue Espartero.

El conflicto estuvo caracterizado por la violencia y la crueldad. La gente que iba a la guerra eran pobres, debido al sistema de Quintas. El ejército estaba dividido y la gran mayoría era liberal, aunque se formaron partidas carlistas muy grandes. La guerra terminó con el abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero. Los carlistas entregaron las armas y sus militares fueron aceptados en el ejército liberal conservando su graduación.

Además de esta, hubo otras dos guerras carlistas, pero no tuvieron tanta importancia como la primera.

La Cuestión Foral

La diferencia entre derecho común y foral proviene, en sus orígenes históricos más remotos, de la inicial distinción entre el derecho romano y los fueros municipales y usos de cada comarca, que tenían preferencia sobre el derecho romano.

Esta situación disgregadora en el campo del derecho solo sería remediada, y no de una manera total, en Castilla, cuyo derecho había evolucionado mejor que el resto de los derechos peninsulares. Así, la aplicación de los derechos forales se mantuvo en Aragón (1711), en Baleares (1715) y en Cataluña (1716), no así en Valencia, donde fueron derogados. Los casos vasco y navarro son distintos, ya que no fue hasta el Convenio de Vergara, en 1839, por el que finalizó la primera guerra carlista, cuando perdieron su potestad legislativa propia, manteniendo únicamente Navarra y el País Vasco sus leyes forales.

Cuando en 1851 se vislumbró la posibilidad de promulgar un único Código Civil en España, dicho proyecto fracasó porque las propuestas del proyecto isabelino no hacían más que exacerbar a los foralistas al pretender hacer tabla rasa de sus derechos.

Este problema permaneció hasta final de siglo, ya que la burguesía industrial pretendía abrir el mercado interior de España y un cierre proteccionista respecto a los grandes Estados industriales, lo que se enfrentaba con la defensa foral. Ya en 1889 se partió de la persistencia de esos derechos forales y de su mantenimiento. Una vez aprobado el Código Civil, este se aplicó a la mayor parte del territorio nacional, mientras que, en los territorios forales, rigieron las disposiciones civiles propias.

Isabel II: La Organización del Régimen Liberal

El régimen isabelino supuso en España el triunfo del liberalismo, que se afianzó en lo social, lo económico y lo político. Fue un periodo de grandes transformaciones.

El régimen liberal estaba basado en tres instituciones: la Corona, los partidos políticos y el ejército. En ocasiones, estas tres instituciones estaban enfrentadas, pero se unían ante peligros externos.

La Corona estaba limitada en sus funciones por la Constitución. Su papel era de moderador entre el poder legislativo y el ejecutivo, ya que tenía capacidad para disolver las Cortes para que concordara con el gobierno de ese momento. Tenía derecho a veto, a la elección de ministros y, por tanto, a los partidos políticos que gobernaban. Esto debilitó mucho a la Corona, ya que si las cosas iban mal, la culpa sería suya. Isabel II se dejó llevar mucho por las camarillas y en el poder estuvieron casi siempre los moderados.

Como la monarquía no era absoluta, nacieron los partidos políticos. Parte de estos partidos eran los que estaban con la reina, los llamados partidos dinásticos. Estos eran los liberales, que se dividían en moderados (Narváez) y progresistas (Espartero y Prim).

Estos liberales que apoyaban a la reina divergían en la interpretación de los postulados liberales. A la izquierda del poder se encontraban los demócratas, que eran una evolución de los demócratas, y los republicanos con Pi y Margall y Castelar. A la derecha del poder estaban los carlistas.

El ejército había tomado protagonismo a partir de la Guerra de la Independencia y las guerras carlistas. Los militares cambiaban los gobiernos por medio de los pronunciamientos y, además, eran los jefes de los partidos. Se estableció el régimen de los generales: Narváez, Espartero, O'Donnell, Prim, etc. Las constituciones cambiaban con cada partido. Las moderadas fueron el Estatuto Real de 1834 y la de 1845; las progresistas fueron la de 1837 y la de 1856, que no llegó a publicarse. El constitucionalismo español tenía un fuerte peso ideológico, se remitía a las constituciones anteriores, basándose en el pasado para justificar el presente, todo esto hizo que existieran constituciones de partido.

Existían otros elementos de la vida política como las jornadas revolucionarias, las tertulias en cafés, los exiliados, los cesantes, las juntas y las milicias.

Los factores que impidieron el buen funcionamiento del régimen fueron el escaso cuerpo electoral, el manejo de las elecciones y el dominio del partido moderado, esto ocurrió por el apoyo de la reina y por los pronunciamientos que protagonizaron.

Centralización del Estado

Se pretendió crear un estado centralizado que tenía sus antecedentes en la abolición de los fueros de Felipe V. Se controlaba todo el estado desde Madrid, con un delegado en cada provincia. Se abolieron los fueros, se dividió el país en provincias, aparecieron los funcionarios y los ministerios, mejoraron las comunicaciones (carreteras y ferrocarriles) y se unificaron las leyes. Esto tuvo sus ventajas, como la igualdad territorial y que todo se dirigía desde el mismo lugar, pero también sus inconvenientes, como el hecho de que el centro estaba muy lejos del lugar donde se iban a aplicar las decisiones.

Transformaciones Sociales y Económicas

Socialmente, triunfó la burguesía, que defendía la libertad, la igualdad y la propiedad (desamortizaciones). En economía, hubo una España dual: por una parte, factores de progreso como el mundo financiero, el ferrocarril, la industria textil y las desamortizaciones; y, por otra, factores de atraso como la España agraria y preindustrial.

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