El Reinado de Fernando VII: Absolutismo, Liberalismo y el Origen del Carlismo en España (1820-1840)

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El Fin del Trienio Liberal y la Restauración Absolutista (1820-1823)

Durante el Trienio Liberal, Fernando VII aprovechó la situación para vetar leyes y formar gobiernos con el fin de crear inestabilidad, buscando el apoyo de las monarquías europeas. Los absolutistas, firmemente opuestos al régimen liberal, contaban con el respaldo de la Iglesia y de los campesinos. En este contexto, se organizaron diversos intentos de golpe de Estado para restaurar el absolutismo, como el protagonizado por la Guardia Real en 1822. Sin embargo, estos primeros intentos fracasaron.

La situación cambió drásticamente en abril de 1823, cuando la Santa Alianza (coalición de potencias absolutistas formada tras el Congreso de Viena en 1815) envió un ejército de soldados franceses a España. Al mando del duque de Angulema y con el consentimiento de Fernando VII y Metternich, estas fuerzas, conocidas como los Cien Mil Hijos de San Luis, repusieron al rey en su poder absoluto, poniendo fin al segundo intento liberal en España.

La Década Ominosa (1823-1833): Restauración y Represión

Tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, Fernando VII recuperó la totalidad de su poder absoluto, dando inicio a un periodo conocido como la Década Ominosa. Esta etapa se caracterizó por una profunda restauración del Antiguo Régimen y una severa represión contra el liberalismo. Entre las medidas adoptadas, destacan:

  • El restablecimiento de las antiguas instituciones, como los Consejos, y la restitución de los privilegios de la Iglesia, incluyendo los diezmos.
  • La quema de las actas institucionales de los municipios y la disolución de todos los nombramientos realizados durante el Trienio Liberal.
  • Una dura represión contra los liberales más destacados, con figuras como Rafael del Riego, Mariana Pineda y el General Torrijos siendo ejecutados o perseguidos.
  • La depuración del ejército, la judicatura y la administración pública, eliminando a cualquier sospechoso de simpatías liberales.
  • La supresión de periódicos y sociedades patrióticas, y el establecimiento de dos tribunales específicos: uno civil y otro eclesiástico, para perseguir la disidencia.

Desafíos Económicos y Reformas Moderadas

A pesar del carácter absolutista de la Década Ominosa, surgieron problemas económicos que obligaron al monarca a adoptar una política con ciertos tintes liberales en el ámbito económico. La agricultura, especialmente el mercado lanar y la viticultura, atravesó un momento delicado. A ello se sumó una profunda crisis financiera, agravada por la negativa de los estamentos privilegiados a pagar impuestos y por el creciente descontento en el ejército. La independencia definitiva de las colonias americanas cortó drásticamente la llegada de recursos económicos, lo que exacerbó la situación.

Intentos de Modernización y Reformas Administrativas

En este contexto de necesidad económica, Fernando VII comenzó a apoyarse en sectores más pragmáticos, incluyendo afrancesados arrepentidos, en un intento de modernizar España y adaptarla a las corrientes económicas e industriales europeas. Durante este periodo, se impulsó la construcción de carreteras y se fundaron fábricas, como la de Bonaplata en Barcelona. Hitos financieros importantes fueron la creación del Banco de San Fernando en 1829 y la Bolsa de Madrid en 1831.

Asimismo, se llevó a cabo una modernización de la Administración Pública a través de la creación de un Consejo de Ministros como órgano central de gobierno. Las figuras representativas de esta moderación y modernización fueron Luis López Ballesteros (Ministro de Hacienda) y Francisco Cea Bermúdez.

División del Absolutismo y Movimientos Ultrarrealistas

A pesar de los intentos de modernización, la moderación económica y administrativa no convenció a todos los sectores absolutistas, lo que provocó una profunda división interna. Surgieron dos facciones principales: una radical, conocida como los ultrarrealistas o apostólicos, y otra más moderada, dispuesta a pactar con los liberales moderados.

Esta división se manifestó en movimientos realistas, como la Revuelta de los Malcontents o Agraviados en Cataluña (1827). Los rebeldes de esta insurrección reclamaban:

  • La sucesión al trono del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro.
  • La restauración de la Inquisición.
  • La supresión de la policía.
  • El exilio de funcionarios y militares no absolutistas.

La Cuestión Sucesoria y el Origen del Carlismo

El principal problema que enfrentó Fernando VII al final de su reinado fue la cuestión sucesoria. Tras cuatro matrimonios, solo el último, con María Cristina de Borbón, le había proporcionado una heredera: la infanta Isabel. Hasta ese momento, su hermano, Carlos María Isidro, había sido el heredero legítimo al trono español.

En 1830, con el nacimiento de Isabel, Fernando VII tomó una decisión trascendental para asegurar la sucesión de su hija. Promulgó la Pragmática Sanción, una ley que había sido aprobada por su padre, Carlos IV, en 1789, pero que nunca había entrado en vigor. Esta Pragmática Sanción abolía la Ley Sálica, introducida por Felipe V, que impedía a las mujeres reinar en España.

La Crisis de Sucesión y el Conflicto Dinástico

La promulgación de la Pragmática Sanción generó una profunda división en la sociedad española. Por un lado, se encontraban los partidarios de Carlos María Isidro, conocidos como carlistas, quienes defendían la Ley Sálica y el absolutismo. Su apoyo era especialmente fuerte en zonas rurales de Cataluña, Navarra y el País Vasco. Por otro lado, estaban los partidarios de Isabel, los isabelinos o liberales, que contaban con el respaldo de la burguesía, las clases medias urbanas y gran parte del ejército.

En 1832, el rey Fernando VII enfermó gravemente. Los absolutistas más radicales, aprovechando su debilidad, le presionaron para que repusiera la Ley Sálica. No obstante, tras su recuperación, Fernando VII revocó esa decisión, confirmó la Pragmática Sanción, formó un gobierno más moderado y ratificó a su hija Isabel como heredera al trono, asegurando así la continuidad de la línea dinástica.

El Estallido de la Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Fernando VII falleció en septiembre de 1833. De acuerdo con su testamento, María Cristina de Borbón asumió la regencia en nombre de su hija, la futura Isabel II, hasta que esta alcanzara la mayoría de edad. Sin embargo, Carlos María Isidro no aceptó esta disposición testamentaria y se autoproclamó rey, lo que le llevó al exilio.

A raíz de esta proclamación y la negativa a reconocer a Isabel como legítima heredera, sus partidarios se levantaron en armas. Este levantamiento marcó el inicio de la Primera Guerra Carlista (1833-1840), un conflicto civil que enfrentó a absolutistas y liberales, y que marcaría profundamente la historia contemporánea de España.

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