El Reinado de Fernando VII: Absolutismo, Liberalismo y la Cuestión Sucesoria (1788-1833)
Enviado por Chuletator online y clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 5,21 KB
BLOQUE 4: LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1788-1833)
El Reinado de Fernando VII y la Cuestión Sucesoria
Tras la Guerra de la Independencia (finalizada con la derrota de Napoleón), el Congreso de Viena (1815) consolidó la Restauración del absolutismo en Europa. Este proceso estuvo respaldado por la Santa Alianza, una coalición que estableció el principio de intervención, es decir, el derecho a intervenir en otros países si se intentaba imponer una revolución liberal. La política europea influyó decisivamente en la evolución del reinado de Fernando VII, el cual se divide en tres periodos fundamentales:
1. Sexenio Absolutista (1814-1820)
El Tratado de Valençay devolvió la corona a Fernando VII. Para su regreso a España en 1814, se le organizó un camino hacia Madrid, donde las Cortes esperaban que jurara la Constitución. Sin embargo, Fernando VII optó por una ruta diferente (a través del territorio catalán) con el objetivo de evaluar sus apoyos y evitar el compromiso con las Cortes, pues su intención era gobernar como un monarca absoluto.
El rey se dirigió a Valencia, donde un grupo de diputados le presentó el Manifiesto de los Persas (12/04/1814). Este documento solicitaba explícitamente la restauración del absolutismo y la derogación de la Constitución de Cádiz.
Como resultado, el rey firmó el Decreto de 4 de mayo de 1814, también conocido como Decreto de Valencia, que declaraba nulos todos los acuerdos tomados por las Cortes y anulaba la Constitución de 1812.
La restauración del absolutismo trajo consigo:
- Represión sistemática contra los liberales.
- Inestabilidad política y económica.
- Crisis de la Hacienda Real (agravada por la guerra en América).
Los intentos de solucionar estos problemas se basaron en los métodos del Antiguo Régimen. Surgió una oposición liberal que se manifestó a través de levantamientos, como el protagonizado por el General Díaz Porlier. El Sexenio absolutista concluyó con el levantamiento del 1 de enero de 1820 en Sevilla, liderado por el coronel Rafael Riego, quien logró que el ejército real se uniera a la sublevación.
2. El Trienio Liberal (1820-1823)
El triunfo del pronunciamiento de Riego forzó la restauración de la Constitución de 1812, y Fernando VII se vio obligado a jurarla.
El nuevo gobierno liberal implementó medidas significativas, tales como:
- Abolición del régimen señorial.
- Restauración de la Milicia Nacional.
No obstante, surgieron dos problemas principales:
- El rey utilizó el veto suspensivo que le otorgaba la Constitución para boicotear las acciones de las Cortes.
- Los liberales se dividieron en dos facciones: los doceañistas (moderados) y los veinteañistas (exaltados, que consideraban necesaria una restauración más profunda de la Constitución).
Tras varias sublevaciones internas que buscaban restaurar el absolutismo, la Santa Alianza intervino enviando el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, comandado por el Duque de Angulema, logrando así el fin del periodo liberal.
3. Década Ominosa (1823-1833)
Esta última etapa del reinado de Fernando VII se caracterizó por:
- Una intensa represión contra los liberales.
- La derogación definitiva de la Constitución de 1812.
La Santa Alianza mantuvo presencia en España hasta 1828. Durante este periodo, hubo intentos golpistas para restablecer un gobierno liberal, como el del General Torrijos. En el ámbito económico, el ministro de Hacienda impulsó reformas como la creación del Tribunal de Cuentas y el Banco de San Fernando.
Además, el propio bando absolutista se fragmentó internamente entre:
- Reformistas.
- Apostólicos, quienes apoyaban a Carlos María Isidro de Borbón (hermano de Fernando VII) como sucesor legítimo en el trono.
La Cuestión Sucesoria
Al final de su vida, Fernando VII tuvo que resolver el problema de la sucesión. Históricamente, en 1713 se había introducido en España la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres. Sin embargo, en 1789, Carlos IV aprobó la Pragmática Sanción, una ley que derogaba la Ley Sálica.
La Pragmática Sanción no fue publicada hasta 1830, justo cuando Fernando VII supo que su cuarta esposa, María Cristina de Borbón, esperaba una hija. Esta decisión provocó un conflicto directo con los absolutistas apostólicos, quienes se alinearon con Carlos María Isidro.
A la muerte de Fernando VII, la heredera al trono fue su hija, Isabel II (de solo 3 años). Este hecho desencadenó la primera guerra civil entre los partidarios de Isabel II (isabelinos) y los defensores de Carlos (carlistas).