Regeneración y crisis política en la España de la Restauración (1898–1921)

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Regeneracionismo

El regeneracionismo surgió tras el Desastre de 1898, cuando España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Esta derrota mostró que el país estaba atrasado y que el sistema de la Restauración funcionaba mal, con corrupción, turnismo y caciquismo.

Joaquín Costa y las propuestas regeneracionistas

El principal pensador fue Joaquín Costa, que definió el problema como «oligarquía y caciquismo». Identificó cinco problemas y propuso reformas profundas para modernizar España.

  • Problemas señalados por Costa:
    • Mala educación.
    • Atraso económico.
    • Dominio oligárquico.
    • Poca industria.
    • Agricultura anticuada.
  • Reformas propuestas:
    • Mejorar la educación.
    • Realizar obras hidráulicas.
    • Descentralizar el poder.
    • Activar la economía.

La Generación del 98 también criticó la situación desde la literatura.

El regeneracionismo tuvo un apoyo amplio pero poca eficacia práctica, ya que sus reformas apenas se aplicaron. Su logro principal fue generar debate sobre la modernización de España.

El reformismo dinástico

Tras 1898, los gobiernos intentaron reformas para regenerar el sistema sin cambiar sus bases (turnismo y caciquismo). La situación política se vio afectada por la muerte de Cánovas (1897) y de Sagasta (1903), y por la activa intervención de Alfonso XIII en la política, que favoreció el militarismo.

Los conservadores (Silvela y Polavieja) aprobaron legislación social, impulsaron la descentralización y realizaron cambios presupuestarios. Los liberales (1905–1907) intentaron limitar el poder de la Iglesia, lo que creó tensiones internas. Tras el asalto militar a redacciones de periódicos catalanes en 1905, se aprobó la Ley de Jurisdicciones (1906), que permitía juzgar delitos contra la patria en tribunales militares, restringiendo la libertad de expresión.

Antonio Maura (1907–1909)

El periodo de mayores reformas fue con el conservador Antonio Maura (1907–1909), que planteó una «revolución desde arriba». Entre sus medidas más relevantes se encuentran:

  • La ley electoral de 1907, destinada a acabar con el caciquismo (aunque, en la práctica, reforzó el fraude).
  • La ampliación de la autonomía municipal.
  • La reforma de la marina.
  • Políticas intervencionistas para impulsar la industria.
  • Leyes sociales como la creación del Instituto Nacional de Previsión y la regulación del descanso dominical.

Sin embargo, Maura cayó por la dura represión de la Semana Trágica de Barcelona (1909).

Vasquismo y otros regionalismos

El vasquismo estuvo representado por el PNV de Sabino Arana, con una orientación tradicionalista, católica e independentista. Tras la muerte de Arana, el partido incorporó corrientes de liberalismo conservador, se orientó hacia el autonomismo y se aproximó al maurismo y a la burguesía industrial vasca. En 1917 se impulsó una campaña autonomista que tuvo éxito electoral en 1918, pero las disputas internas sobre colaborar o no con el gobierno provocaron una ruptura en 1921.

Los otros regionalismos estaban menos desarrollados:

  • Galicia: surgió Solidaridad Gallega y la generación Nós, que influyó en futuros partidos nacionalistas.
  • Valencia: aparecieron movimientos como València Nova y la Unió Valenciana con ideas autonomistas.
  • Andalucía: Blas Infante inició el autonomismo andaluz, aunque su relevancia fue mayor durante la Segunda República.

Republicanismo

El republicanismo fue la principal oposición a la monarquía durante la Restauración. Defendía implantar una república y modernizar el país mediante la separación Iglesia–Estado, la ampliación de derechos políticos y sociales, la mejora de la educación pública y reformas sociales. Tenía apoyo urbano y de clases medias, pero estaba muy dividido internamente.

Fue liderado por Nicolás Salmerón, que creó la Unión Republicana y colaboró con la Solidaritat Catalana. Se dividió en dos corrientes:

  • Republicanismo reformista: representado por Melquíades Álvarez, con escasa influencia social.
  • Republicanismo radical: representado por Alejandro Lerroux (y en Valencia por Vicente Blasco Ibáñez), más populista y muy anticlerical. El Partido Radical de Lerroux articuló un discurso agresivo contra la Iglesia y conectó con sectores populares urbanos, especialmente en Barcelona desde 1901, restando fuerza al catalanismo y al movimiento obrero.

Catalanismo

El catalanismo fue el movimiento regionalista más fuerte de principios del siglo XX. Surgió en la década de 1890 durante la Renaixença, como consecuencia de cambios socioeconómicos en las clases medias catalanas.

El catalanismo nació de dos corrientes: el federalismo republicano de Valentí Almirall (fundador del Centre Català) y el conservadurismo tradicionalista y católico de figuras como Prat de la Riba. En 1891, la corriente conservadora creó la Unió Catalanista y las Bases de Manresa, el primer programa político catalanista de carácter tradicionalista y no liberal.

Tras el Desastre del 98, en 1901 surgió la Lliga Regionalista, partido conservador que dominó la política catalana hasta 1923 y que pedía autonomía para Cataluña dentro de España y la modernización económica y administrativa. El catalanismo progresista no logró tener fuerza hasta la década de 1930.

En 1906, tras los hechos de Cu-Cut! y la Ley de Jurisdicciones, se creó la Solidaritat Catalana, coalición que unió temporalmente a todas las tendencias catalanistas. El mayor éxito institucional fue la creación de la Mancomunitat de Catalunya en 1914, considerado el primer paso hacia el autogobierno catalán.

El conflicto colonial marroquí y la Semana Trágica

Tras perder el imperio colonial, España centró su atención en Marruecos. En la Conferencia de Algeciras (1906) se acordó la participación de las potencias en Marruecos; a España le correspondió actuar en el norte, en la región del Rif, una zona montañosa con riquezas mineras. El ejército africanista buscaba recuperar prestigio militar.

En 1909 estalló la Guerra de Melilla por el ataque marroquí a un ferrocarril minero. En el Barranco del Lobo murieron alrededor de 1.300 soldados españoles.

Esto provocó la Semana Trágica (26 de julio–2 de agosto de 1909), la primera gran crisis del reinado de Alfonso XIII. Fue una revuelta antimilitarista, anticlerical y de protesta social, motivada por la percepción de que la guerra solo beneficiaba al ejército y a empresarios, y que en el frente solo luchaban los pobres.

Cuando se embarcaron reservistas en Barcelona estalló la protesta y se convocó una huelga general. El gobierno declaró el estado de guerra y reprimió violentamente: se incendiaron iglesias y conventos; hubo alrededor de 100 muertos y 500 heridos.

Francesc Ferrer i Guàrdia fue ejecutado tras ser acusado de provocar la revuelta en un juicio sin garantías. Su muerte provocó protestas internacionales y desprestigió a la monarquía.

El reformismo de Canalejas

Tras la Semana Trágica, el rey destituyó a Maura y lo sustituyó por el liberal José Canalejas en 1910. Canalejas buscó modernizar el país, reducir los conflictos sociales y limitar el poder de la Iglesia.

Sus principales reformas fueron:

  • Religión y educación: aprobó la llamada Ley del Candado (1910), que limitaba la creación de nuevas órdenes religiosas y reducía el monopolio educativo de la Iglesia para incrementar el control del Estado.
  • Organización territorial: impulsó las mancomunidades provinciales, permitiendo que varias provincias se unieran para gestionar asuntos comunes (las demandas catalanistas las venían reclamando desde hacía tiempo). El proyecto no se aprobó completamente hasta 1913 y con recortes.
  • Reformas laborales y sociales: mejoró condiciones laborales: redujo la jornada laboral, prohibió el trabajo nocturno de determinados colectivos y reguló el trabajo femenino.
  • Ejército: eliminó las redenciones en metálico, de modo que los ricos ya no podían librarse del servicio militar simplemente pagando.

En 1912 Canalejas fue asesinado. Con su muerte, los partidos dejaron de impulsar reformas y el sistema de la Restauración comenzó a fallar con mayor intensidad.

El impacto de la Gran Guerra

Durante la Primera Guerra Mundial España se mantuvo neutral, pero la opinión pública se dividió entre aliadófilos (partidarios de Francia y Reino Unido, principalmente liberales y progresistas) y germanófilos (simpatizantes de los imperios centrales, básicamente conservadores).

La neutralidad provocó un auge económico por la gran demanda de productos agrarios e industriales. Las exportaciones favorecieron la especulación y enriquecieron a empresarios e intermediarios. Sin embargo, las clases populares sufrieron el alza de precios y la escasez de productos. El deterioro de la capacidad adquisitiva de los trabajadores generó una mayor conflictividad social que afectó al sistema político.

La crisis de 1917

En 1917 el sistema de la Restauración entró en una crisis muy grave porque coincidieron tres crisis simultáneas: crisis política, crisis militar y crisis social. Esta situación se produjo por el desprestigio de los partidos del turnismo, los problemas económicos causados por la Primera Guerra Mundial y el aumento del descontento social.

La quiebra del turnismo

Desde 1885 conservadores y liberales se turnaban en el poder. Cuando Eduardo Dato llegó al gobierno, ambos partidos se fragmentaron: los conservadores se dividieron entre seguidores de Dato y de Maura; los liberales se fracturaron entre Romanones, García Prieto y Santiago Alba. Esta fragmentación provocó inestabilidad política, con gobiernos débiles; se rompió el turnismo y se gobernó por decreto, cerrando las Cortes. El sistema perdió credibilidad y empezó a fallar.

La crisis militar: las Juntas de Defensa

En el ejército había malestar por salarios bajos, empeorados por la inflación durante la Primera Guerra Mundial. Una normativa que favorecía los ascensos por méritos de guerra benefició a militares provenientes de Marruecos y perjudicó a los destinados en la Península. Las Juntas de Defensa fueron asociaciones de militares que presionaron al gobierno para defender sus intereses. Inicialmente ilegales, terminaron siendo aceptadas por el Ejecutivo, lo que forzó la dimisión de García Prieto y demostró el poder creciente del ejército.

La crisis política: la Asamblea de Parlamentarios

La tensión política aumentó porque el gobierno conservador censuraba la prensa, suspendía derechos constitucionales y cerraba las Cortes. Francesc Cambó convocó una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona en julio de 1917, que reunió a catalanistas, republicanos, socialistas y liberales. Reclamaron la convocatoria de Cortes Constituyentes, mayor autonomía municipal y una reforma del sistema. La iniciativa fracasó por las diferencias entre los parlamentarios, el apoyo militar al gobierno y la disolución por parte del gobernador civil.

La crisis social: la huelga general revolucionaria

La situación social era crítica por la subida de precios, los bajos salarios y las malas condiciones laborales. Los sindicatos CNT (anarquista) y UGT (socialista) se unieron excepcionalmente en un comité conjunto y convocaron una huelga general revolucionaria el 13 de agosto de 1917 para presionar por la democratización del régimen. La huelga tuvo mayor incidencia en Asturias, País Vasco, Madrid y Cataluña. El ejército y el gobierno la reprimieron violentamente: se produjeron más de 70 muertos, 200 heridos y 2.000 detenidos.

La inestabilidad gubernamental

Tras la dimisión de Dato en 1917, España vivió una gran inestabilidad. Alfonso XIII intentó mantener el sistema formando gobiernos de concentración con liberales, conservadores y catalanistas de la Lliga, pero estos ejecutivos duraban muy poco. Entre 1918 y 1923 se sucedieron 13 gobiernos. Los militares tenían mucha influencia y forzaban cambios de gabinete. El rey apoyó al ejército para preservar el sistema, pero los gobiernos no resolvieron los problemas sociales ni las demandas obreras y autonomistas.

La conflictividad social

Al finalizar la Primera Guerra Mundial la economía empeoró: inflación, cierre de empresas, aumento del paro y descenso de salarios. Esto provocó protestas sociales, influenciadas por la Revolución rusa de 1917. La UGT creció notablemente y la CNT se consolidó como el sindicato más fuerte, especialmente en Cataluña. Entre 1918 y 1921 se vivió un trienio de intensa conflictividad en zonas industriales (Cataluña, País Vasco, Madrid) y en el campo andaluz. Barcelona fue el principal foco de violencia.

En 1919 la huelga de La Canadiense paralizó Barcelona y logró la implantación de la jornada laboral de ocho horas. Aumentó la violencia social con episodios de pistolerismo, los lockouts patronales y la aplicación de la llamada Ley de Fugas (1921), que permitió justificar la muerte de detenidos supuestamente «que intentaban huir», provocando la muerte de numerosos sindicalistas.

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