Reformas y renovación de la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II

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Reformas internas de la Iglesia tras el Concilio

1. Instituyó el Sínodo de los Obispos y dio mucha más autonomía a las conferencias episcopales de cada uno de los países. La Iglesia se descentralizaba.

2. Promulgó y desarrolló la reforma litúrgica. Se reformaron los ritos de todos los sacramentos, haciéndolos más cercanos a las vivencias de las personas. El latín dejó de ser la lengua oficial.

3. Animó al compromiso social y político de los cristianos con su encíclica Populorum Progressio, asentando las bases de la nueva doctrina social de la Iglesia.

4. En la vida de las parroquias se llamó a una mayor participación de todos los fieles. En este sentido se fortalecieron las iglesias jóvenes, en especial América Latina, África y Asia.

5. Promovió mucho la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, en todos sus ámbitos, incluso en el ámbito de las celebraciones, donde se instituyó el diaconado permanente para personas casadas.

La nueva evangelización

En torno al cambio del milenio, en el año 2000, en toda la Iglesia se relanzó el compromiso por la evangelización. Este nuevo impulso tuvo un especial reflejo en los esfuerzos por la evangelización de la juventud. Muestra de ello son las jornadas mundiales de encuentro de jóvenes cristianos que se han ido desarrollando por todo el mundo y que cuentan siempre con la presencia del Papa.

Así se continuaba también una línea iniciada por Pablo VI: la de hacer una Iglesia más universal, fiel reflejo de las diferentes culturas y pueblos del mundo. Por otra parte, este nuevo impulso se orientó frente a la influencia de las sectas en América Latina.

A finales del siglo XX el peso de la Iglesia católica se ha ido desplazando de Europa a África, América e incluso Asia, zonas en las que existe un gran florecimiento y vitalidad de las comunidades cristianas. Juan Pablo II orientó la acción y la presencia de la Iglesia en el encuentro con las demás religiones.

Experiencia religiosa cristiana

  1. Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva.
  2. Dios como persona que ama: frente a una idea de un Dios como poder distante, la fe bíblica ha desarrollado la imagen de un Dios que ama y busca constantemente a su pueblo. La idea de persona consiste en ser llamado a la relación y al amor.
  3. La novedad del Nuevo Testamento: la verdadera novedad no consiste en ofrecer más ideas o conceptos; consiste en mostrar cómo es todo ese amor de Dios en el Cuerpo de Cristo.
  4. Amor a Dios y al prójimo: existe una inseparable relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo.
  5. El amor como luz: el amor es la única luz que ilumina constantemente un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar.

Una minoría más consciente y comprometida

  1. Experiencia íntima de Dios: experiencia cercana e íntima de un Dios cuya única voluntad es ofrecer un amor incondicional que libera, cura y salva. Se comparte en la celebración y en la oración comunitaria.
  2. Experiencia de fe solidaria: que abre al encuentro del prójimo e introduce en un ambiente de extraordinaria sensibilidad hacia los que sufren.
  3. Encuentro con Jesús: el encuentro con la persona de Jesús, núcleo central de la vida cristiana, conduce al encuentro con el hermano como Él lo hizo en su vida.
  4. Modelo moral y familiar: la experiencia creyente propone un modelo de persona y de familia aumentando los niveles de humanidad porque llama al compromiso, a la responsabilidad, a la sensibilidad y a la honradez.
  5. Sin miedos ni complejos: experiencia capaz de convivir en un entorno de pluralismo religioso y de sentidos de la vida, haciendo oír su voz y siendo capaz de explicar al resto de la sociedad el sentido y la fuerza del seguimiento de Jesús.
  6. Amplia presencia de creyentes: no faltan en el mundo actual miles y miles de personas de todas las condiciones, edades y procedencias que encuentran en el Evangelio la fuente para dar sentido a sus vidas.

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