Reformas y Desafíos del Bienio Progresista en la Segunda República Española

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El Bienio Progresista y sus Reformas en la Segunda República

Una vez aprobada la Constitución de 1931, se inició el Bienio Progresista presidido por Alcalá-Zamora y con Manuel Azaña al frente de la jefatura del Gobierno. Este periodo se caracterizó por su afán reformador, profundizándose en medidas que limitaban y reducían los tradicionales privilegios de las élites, respondiendo a las expectativas generalizadas de cambio democrático y social de las clases medias y el movimiento obrero. Los republicanos encontraron fuertes resistencias por parte de los terratenientes, financieros, grandes empresarios, la iglesia católica, el ámbito monárquico y parte de la oficialidad militar.

Los Proyectos de Reforma

La reforma educativa

La Constitución de 1931 había proclamado el derecho de toda la población a recibir una educación garantizada por el Estado. El Gobierno de Azaña proyectó un sistema educativo de carácter progresista, inspirado en la Institución Libre de Enseñanza, basado en una escuela pública, obligatoria, gratuita, mixta y laica. Asimismo, se puso en marcha un plan de construcción de escuelas públicas y se aumentó notablemente el personal educativo. Muchos profesores e intelectuales, convocados en un primer momento por Manuel Bartolomé Cossío, se fueron a las aldeas con películas y reproducciones de pinturas célebres. Asimismo, sobre teatros representaron obras clásicas de Lope de Vega, Calderón de la Barca y otros. En este proyecto participaría el grupo teatral La Barraca, un teatro universitario de carácter ambulante y popular, creado por Federico García Lorca.

La reforma militar

Profundizando en las medidas llevadas a cabo durante el Gobierno Provisional, Azaña trató de modernizar y republicanizar el ejército, así como su subordinación al poder civil. Las reformas de Azaña fueron mal recibidas por algunos sectores, como los “africanistas”. Ese descontento, que venía también generado por las políticas sociales, agrarias y en relación a la política autonómica, cristalizó el 10 de agosto de 1932, cuando el general Sanjurjo se sublevó en Sevilla contra la República. La Sanjurjada fracasó tanto por su deficiente preparación y no encontró apoyo.

La reforma agraria

Uno de los grandes temas de la etapa republicana es el de la reforma agraria. Antes de que fuese proclamada en 1931 la Segunda República no se había hecho nada para remediar la situación del campo, por lo que esto creó enormes expectativas. El problema más grave era la desigual distribución de la propiedad. El proyecto pretendía una distribución más justa para mejorar la situación de los braceros sin tierras. Para garantizarlo, se aprobó el 9 de septiembre de 1932 la Ley de Bases de la Reforma Agraria, que declaraba más de una tercera parte de la superficie total del sur de España como potencialmente expropiable. Todos los propietarios, excepto los nobles, debían ser compensados por la pérdida de sus propiedades. El organismo encargado de aplicar dicha ley, el IRA, fue dotado de recursos humanos y económicos insuficientes. A esa escasez de recursos debe añadirse la resistencia de las fuerzas políticas de la derecha, de la patronal agraria y el descontento de algunos medianos y pequeños propietarios. Todas esas dificultades hicieron que el proyecto de reforma agraria avanzase con lentitud, generando malestar.

Uno de los más graves enfrentamientos tuvo lugar entre el 10 y el 12 de enero de 1933 en la localidad gaditana de Casas Viejas, donde se había producido una insurrección anarquista y catorce campesinos fueron fusilados. La matanza causó una fuerte crisis política que conduciría a la caída del gobierno republicano-socialista.

El Estatuto catalán

El Gobierno logró que Macià aceptase la República Española a cambio de ser reconocido como presidente de la Generalitat y que se preparase un estatuto de autonomía que sería sometido a referéndum en Cataluña y después aprobado por las Cortes españolas. En un primer momento se presentó el Estatuto de Nuria, sin embargo, fue rechazado por los republicanos. Finalmente, el Estatuto aprobado establecía que la soberanía residía en el pueblo español y en las Cortes españolas, decretaba que Cataluña se convertía en una región autónoma dentro del Estado español y establecía como idiomas oficiales el catalán y el castellano.

El Estatuto vasco

En el País Vasco, el PNV tomó la iniciativa para alcanzar un estatuto de autonomía. Las tensiones entre el nacionalismo y la izquierda dificultaron el proceso. Finalmente, la autonomía para el País Vasco quedaría estancada hasta que las negociaciones fueron de nuevo retomadas, aprobándose el Estatuto en octubre de 1936, una vez empezada la guerra. El estatuto gallego no llegaría a aprobarse, aunque sí llegó a redactarse.

Oposición Política al Bienio Progresista

Por lo que respecta a la oposición política, durante todo este periodo la derecha católica y no republicana, incómoda con un régimen laico y socialmente comprometido, se movilizó para ejercer una oposición que permitiese poner término al gobierno de conjunción republicano-socialista. Del descontento católico y conservador nacería en 1933 la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Esta coalición, bajo el liderazgo de José María Gil-Robles y con el lema “Religión, Patria, Familia, Propiedad y Orden”, se presentó como la alternativa de derechas al gobierno republicano-socialista. A pesar de que la CEDA siempre contempló el mecanismo electoral como la estrategia para acceder al poder, albergaba ideas claramente antidemocráticas -la democracia no es un fin sino un medio para la conquista del nuevo Estado.

Otras formaciones de la derecha política

  • En 1933, los ultramonárquicos se separaron de Gil-Robles y fundaron Renovación Española, liderada por Antonio Goicoechea y José Calvo Sotelo, quienes sostenían que el problema de España solo podía resolverse fuera de las vías legales y con el apoyo de los movimientos autoritarios que triunfaban en Europa.
  • Por su parte, el carlismo, aglutinado en la formación Comunión Tradicionalista, derivó en un movimiento ultranacionalista claramente confrontado al régimen republicano.
  • Por último, Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera, profundamente nacionalista, antiliberal, antimarxista y de clara naturaleza fascista. Esta formación, que atraería a la juventud universitaria derechista, se fusionaría con las JONS, fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos. De esa fusión surgiría el partido fascista Falange Española de las JONS, cuyo objetivo era derrocar a la República.

Finalmente, la crisis en la que se encontraba la coalición republicano-socialista provocó la dimisión de Manuel Azaña. Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, disolvió las Cortes y convocó elecciones para noviembre de 1933.

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