La Rebelión de Bohemia y el Origen de la Guerra de los Treinta Años

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El Estallido de la Rebelión: La Defenestración de Praga

La negativa a cumplir con la ley provocó el incidente de la defenestración de Martinitz y Slawata. La rebelión se extendió rápidamente a Moravia y al Reino de Hungría. Los sublevados, más tarde, llegaron a las puertas de Viena; en este mismo tiempo fallecería Matías, siendo elegido como emperador el archiduque Fernando II en 1619. Sin embargo, los rebeldes lo deponen y nombran como rey al calvinista Federico V, elector del Palatinado y jefe de la Unión Evangélica.

El Ascenso de Fernando II y el Conflicto por la Corona

El nuevo emperador no fue muy bien recibido a ojos extranjeros; por ello, contó con muy pocos apoyos exteriores, dependiendo principalmente de sus propias fuerzas. Uno de los grandes apoyos que recibió fue el ejército de la Liga Católica, que Maximiliano de Baviera puso a su servicio, además de contar con los asesores de España y, más tarde, del gobernador de los Países Bajos.

Por otro lado, Federico V se vio privado de los apoyos de los protestantes no calvinistas y de la Unión Evangélica, que no quería un enfrentamiento directo con la Casa de Austria, o de Inglaterra, país ante el cual la diplomacia española logró que se mantuviera neutral.

La Batalla de la Montaña Blanca y la Represión en Bohemia

El 8 de noviembre de 1620, en la batalla de la Montaña Blanca, la rebelión quedó aplastada y Federico huyó de Bohemia. Tras todo esto, se iniciaría una dura represión contra Bohemia y Moravia, implantando un absolutismo patrimonialista y católico. Para ello, se tomaron las siguientes medidas:

  • Creación de una serie de tribunales para juzgar a los rebeldes.
  • Redacción de una nueva constitución.
  • Pérdida de poder de los Estados Generales.
  • Aumento de la presión fiscal.
  • Germanización del país.
  • Campaña de reconquista religiosa, aboliendo la Carta de Majestad y expulsando a los pastores protestantes, quienes fueron declarados proscritos.

Fernando desterró a Federico V, requisando sus bienes y cediendo su dignidad electoral a Maximiliano de Baviera. Federico se refugió en las Provincias Unidas. Con esto, el éxito católico fue total y el Imperio se encontró en un equilibrio muy favorable.

Antecedentes: La División Confesional del Sacro Imperio

Para comprender este conflicto, primero nos centraremos en la división confesional del Sacro Imperio: una frágil paz armada (1606-1617). Con la Paz de Augsburgo de 1555, Carlos V puso al luteranismo al mismo nivel que el catolicismo, reconociendo así la libertad religiosa a los príncipes, ya que estos eran quienes podían elegir qué religión implantar a sus súbditos; estos últimos podrían aceptarla o emigrar.

La Expansión del Calvinismo y el Statu Quo

El protestantismo, pero sobre todo el calvinismo, continuó expandiéndose por el Imperio a través de ciudades-estado tales como Bremen, el Palatinado, Bohemia y Hungría. En el statu quo de Augsburgo no figuraba el calvinismo, sino solamente el catolicismo y el luteranismo; esto nos lleva a pensar que este movimiento buscaba romper el equilibrio de fuerzas.

La Contrarreforma y las Alianzas Militares

Tras el Concilio de Trento, emergió una corriente antiprotestante encabezada por la Compañía de Jesús, quienes reconquistaron para la Iglesia católica territorios del sur de Alemania y Centroeuropa. Los príncipes luteranos se alinearon en torno a Federico V del Palatinado para ayudarse mutuamente en la Unión Evangélica (1608), recibiendo ayudas por parte de Inglaterra, las Provincias Unidas y Dinamarca.

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