Realismo, Naturalismo y las generaciones literarias españolas (siglos XIX-XX)

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Realismo y Naturalismo

La segunda mitad del siglo XIX en España está marcada por los cambios políticos que evidencian las diferentes ideologías imperantes y los problemas sociales del país. La revolución de “La Gloriosa” (1868) eleva a una nueva clase social al poder, la burguesía, que quiere imponer su perspectiva en la literatura.

El Realismo surge en Francia y se desarrolla en Europa y América durante la segunda mitad del siglo XIX. Concibe el arte y la literatura como espejos de la realidad contemporánea al autor, permitiendo una visión crítica pero objetiva. La novela es el género que mejor abarca la complejidad de la realidad: los temas suelen ser los problemas intrínsecos a la burguesía o las relaciones y conflictos entre esta y las otras clases. Una de sus características es el objetivismo narrativo, donde el narrador describe la realidad tal y como la ve, normalmente como narrador omnisciente en tercera persona, utilizando el estilo indirecto libre o el monólogo interior, con un lenguaje sobrio y preciso que intenta reflejar el lenguaje real de los personajes.

En el Realismo español se distinguen dos tendencias: el progresista, de carácter más crítico, y el tradicionalista, que idealiza las costumbres y ambientes, sobre todo los rurales, como oposición a la degradación urbana burguesa.

El Naturalismo es la consecuencia de radicalizar el objetivismo realista; término designado por Émile Zola en 1870. Considera la novela como un método científico para conocer la sociedad y al ser humano, determinado por su genética y por el medio en que vive (determinismo), con mayor detallismo descriptivo y un lenguaje que tiende a la reproducción exacta del habla en sus distintos registros. En España, aunque Emilia Pardo Bazán defiende el naturalismo, no acaba de calar. La novela evolucionará hacia un realismo espiritualista.

En la poesía, la poesía propiamente realista surge como reacción a la actitud romántica, rebajando el tono retórico y grandilocuente del Romanticismo, manifestándose en una lírica más intimista. En el teatro realista destaca la alta comedia o comedia burguesa, que intenta representar los problemas cotidianos de la burguesía, junto a tímidos intentos renovadores como el drama social y un teatro menos aburguesado y más crítico, con obras de repercusiones políticas.

La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela)

La familia de Pascual Duarte fue publicada en 1942; su autor, Camilo José Cela, es uno de los escritores más importantes de la narrativa española del siglo XX y escribió novelas fundamentales como La colmena o Viaje a la Alcarria. En 1989 obtuvo el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra. La novela se enmarca dentro del tremendismo, corriente literaria caracterizada por la crudeza de los hechos narrados y la violencia explícita. La obra no pudo publicarse sin problemas en España debido a su dureza, lo que provocó diversas ediciones censuradas. Literariamente pertenece al periodo de la posguerra, marcado por una visión pesimista de la realidad y por la presencia de personajes marginales y desarraigados.

En la obra se tratan temas como la violencia, la fatalidad, la miseria social, la injusticia y la influencia del entorno en el comportamiento humano. Se narra la vida de Pascual Duarte, un campesino extremeño que relata en primera persona los episodios más significativos de su existencia, desde su infancia marcada por una familia desestructurada hasta los crímenes que comete y que lo conducen a su condena a muerte. A través de su testimonio, el protagonista intenta justificar sus actos apelando a un destino trágico e inevitable.

La narración combina distintos tiempos, alternando recuerdos del pasado con reflexiones desde el presente, ya que Pascual escribe sus memorias desde la cárcel. La obra está ambientada en un medio rural extremeño, descrito como un espacio hostil y opresivo. Aparecen varios narradores, como el propio Pascual, el transcriptor del manuscrito y las notas finales, lo que aporta complejidad al relato. Entre los personajes destaca Pascual Duarte, símbolo del individuo dominado por la violencia, y su madre, figura clave que representa la degradación moral. El lenguaje es directo, duro y realista, con abundancia de expresiones coloquiales. La estructura es fragmentaria, organizada en capítulos breves que refuerzan la sensación de desorden vital.

La familia de Pascual Duarte ofrece una visión descarnada de la condición humana y de la España rural de la posguerra. Mediante un estilo sobrio y brutal, Camilo José Cela muestra cómo la violencia puede surgir de la miseria, la marginación y la falta de afecto. La novela se convierte así en un retrato impactante del sufrimiento humano y en una obra fundamental para comprender la narrativa española del siglo XX.

Generación del 98: Modernismo y Generación del 98

Entre los siglos XIX y XX se vivió un periodo de crisis intelectual y social en Occidente. En España, a esta crisis se sumó el malestar creciente por lo poco que hizo la Restauración para resolver los graves problemas que vivía el país. En este contexto, y dentro del ámbito literario, el deseo de renovación de los jóvenes se manifestó en dos movimientos: el Modernismo y la Generación del 98.

Por un lado, el Modernismo comenzó a finales del siglo XIX en Hispanoamérica. Fue un movimiento ecléctico, inspirado en diversas fuentes. Entre sus temas destaca el rechazo del presente, la evasión y el refugio en la intimidad y el dolor por la existencia. En cuanto al estilo, utiliza una lengua llena de sensorialidad y riqueza expresiva, con diversidad de símbolos. El género más utilizado fue la lírica. Entre los principales autores modernistas encontramos a Rubén Darío, Manuel Machado y Francisco Villaespesa, y también en sus inicios literarios a Antonio Machado, Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez.

Por otro lado, la Generación del 98 fue un pequeño grupo de escritores españoles. El nombre del grupo hace referencia a la fecha de la pérdida de las últimas colonias españolas (1898). Entre sus temas destaca la preocupación por España, la descripción de sus tierras, la indagación de su pasado y la intrahistoria. A estos temas se suman los de tipo existencial. Respecto al estilo, todos ellos tienden a la sencillez. Entre los principales autores de la Generación del 98 encontramos a Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Azorín, Pío Baroja y Valle-Inclán.

La novela y el teatro anteriores a 1936

En relación con la novela, en el primer tercio del siglo XX nos encontramos con la continuidad de las tendencias narrativas de finales del XIX. Sin embargo, en 1902 se publicaron novelas que rompen con los moldes temáticos y formales del Realismo y el Naturalismo. Son obras más breves, la descripción no existe o es absolutamente subjetiva y la obra se convierte en vehículo de las ideas del autor.

En la Generación del 14 o novecentismo se produjeron intentos de renovación de la novela, como la novela lírica y la novela intelectual, y destaca la ruptura de todos los moldes novelísticos de Ramón Gómez de la Serna. En lo relativo al teatro, podemos distinguir dos tendencias: un teatro comercial y un teatro renovador. En la vertiente comercial destacan la alta comedia, el teatro cómico y el teatro poético.

Entre los autores del teatro renovador destacan Miguel de Unamuno y Valle-Inclán, cuyo teatro culmina en el esperpento, con una expresión más desgarrada, una forma crítica y deformación caricaturesca de la realidad sociopolítica española.

La generación del 27

En la generación del 27 destaca la obra de Federico García Lorca, desde los temas populares hasta obras con gran influencia surrealista. La culminación de su obra llegó con las obras centradas en mujeres portadoras de un destino trágico ambientadas en Andalucía: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.

El Novecentismo y la Generación del 14

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) supuso el derrumbe de la Europa liberal. Aunque España se mantuvo neutral, se vio inevitablemente afectada. Se vivieron años de fuerte tensión social, más allá de la aparente estabilidad del reinado de Alfonso XIII. El golpe de Estado de Primo de Rivera (1923) puso fin a la Restauración.

Es precisamente en torno a los años de la Gran Guerra cuando se da a conocer un grupo de intelectuales que manifiestan un modo nuevo de enfrentar la realidad y el arte. José Ortega y Gasset, y la Revista de Occidente, publicación que él funda y dirige, son los adalides de la renovación. A la orientación de estos intelectuales y artistas, a veces llamados Generación del 14, se la denominó novecentismo, pues se planteaban la superación de todo lo decimonónico por la adopción de una actitud fundamentalmente racional, rigurosa y disciplinada ante la actividad intelectual, política o artística.

Forman parte de la tendencia, aparte de Ortega, intelectuales como Eugenio d’Ors, Manuel Azaña o Gregorio Marañón; narradores como Gabriel Miró o Ramón Pérez de Ayala; y poetas como Juan Ramón Jiménez. Rasgos comunes de los novecentistas fueron el rigor intelectual, la tendencia a un arte puro y minoritario, el cuidado en la elaboración de la obra, perceptible en un estilo muy trabajado, y la reflexión sobre el atraso de España y la necesidad de su acercamiento a Europa.

En cuanto a la producción en prosa, José Ortega y Gasset fue un ensayista fecundo que dio curso a su pensamiento en una prosa brillante. Sus ensayos desarrollan una visión vitalista del mundo. Cabe destacar obras como España invertebrada (1921) o La rebelión de las masas (1929), y La deshumanización del arte (1925), análisis y defensa de las tendencias vanguardistas de su época.

Ramón Pérez de Ayala convierte sus narraciones en instrumentos didácticos, de denuncia de los males de la sociedad española y del añejo concepto de honra. Gabriel Miró, prosista de sensibilidad exquisita, funde la narración con la lírica, presentando situaciones cargadas de emoción y una lengua llena de matices y sensualidad, más distante de la estética modernista.

En poesía, el genio de esta generación fue Juan Ramón Jiménez. Comenzó en lo que se conoce como su etapa sensitiva, muy influenciado por el simbolismo francés. Después, evolucionó hacia un nuevo modo de concebir la creación que se llamó poesía pura; esta etapa, denominada etapa intelectual, comenzó en 1917 con Diario de un poeta recién casado. En estas obras, Juan Ramón ofrecía una poesía que partía del conocimiento. En los últimos años de su vida sintió haber alcanzado algo de ese absoluto que perseguía, y lo plasmó en creaciones muy próximas a la mística, con obras como La estación total o Animal de fondo.

El periodo de entreguerras, los años veinte y treinta, fueron en España de una agitación constante: la dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, seguida por la dictadura de Franco. La generación del 27, autores nacidos a finales del siglo XIX y principios del XX, formados en el ambiente que describió Ortega, mantuvieron lazos estrechos de amistad, participaron en la Residencia de Estudiantes y en los actos de celebración del tricentenario de la muerte de Góngora.

Los rasgos son los de fusión y equilibrio: recogen el legado de sus maestros como Juan Ramón Jiménez, beben de otros movimientos como Góngora, los renacentistas o Bécquer, y suman los temas y procedimientos de las vanguardias, todo ello combinado con la fusión entre lo culto y lo popular. Se distinguen tres etapas: una primera hasta 1929; una segunda hasta 1936, influenciada por el surrealismo; y una tercera a partir del inicio de la Guerra Civil.

Autores destacados de la generación del 27

  • Jorge Guillén: representante máximo de la poesía pura (obras: Cántico, Clamor).
  • Gerardo Diego: creacionismo y surrealismo; poesía tradicional y vanguardista (obra: Manual de espumas).
  • Pedro Salinas: poesía influida por el vanguardismo; el amor como tema central.
  • Vicente Aleixandre: surrealismo y poesía de denuncia social.
  • Rafael Alberti: poesía tradicional y surrealista (Marinero en tierra, Sobre los ángeles).
  • Luis Cernuda: surrealismo, rebeldía personal, social y artística (Los placeres prohibidos).
  • Dámaso Alonso: ideal de poesía pura; obras como Poemillas de la ciudad e Hijos de la ira.

También cabe destacar el grupo de mujeres artistas e intelectuales denominado popularmente las sin sombrero: María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel y María Zambrano.

Federico García Lorca

Federico García Lorca comenzó con poesía de aire modernista, siguió la poesía pura y cultivó poesía inspirada en fuentes populares. En su poesía destaca la visión trágica de la existencia y la amargura por la imposibilidad de realización personal. Entre sus libros: Poema del cante jondo, Romancero gitano y Poeta en Nueva York, este último con una visión trágica y crítica de la sociedad contemporánea.

En su obra teatral, sus primeras piezas nacieron con inclinación simbolista y tratamiento de temas populares, reflejando el drama del choque entre los deseos del ser humano y las limitaciones sociales. Más tarde se observa una gran influencia surrealista; aun así, consiguió llegar al público con obras centradas en mujeres portadoras de un destino trágico: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.

LÍRICA Y TEATRO posteriores a 1936

Con el final de la Guerra Civil comienza en España una durísima posguerra en la que el desarrollo de la cultura se ve obstaculizado por factores como la miseria económica, el aislamiento internacional, la censura y el exilio de buena parte de los autores.

LÍRICA

Tras la Guerra Civil, la poesía de los autores de la Generación del 14 y de la Generación del 27 se escribió en el exilio y no pudo difundirse en España. Cabe destacar en estos años a Miguel Hernández, poeta que puso su pluma al servicio de la causa popular y murió en la cárcel, dejando como obra póstuma su conmovedor Cancionero y romancero de ausencias.

A partir de los años 40 se dan dos tendencias poéticas: poesía arraigada y poesía desarraigada. Los autores de la poesía arraigada daban la espalda a la dolorosa realidad que se vivía; en ella destacan poetas como Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo o Luis Rosales. La poesía desarraigada, más valorada literariamente, es una poesía existencial en la que los poetas dan expresión al dolor; inician esta tendencia Dámaso Alonso con Hijos de la ira y Vicente Aleixandre con Sombra del Paraíso.

A partir de los años 50 surge la poesía social, que se convierte en una herramienta para despertar conciencias; en esta tendencia destacan Blas de Otero y Gabriel Celaya. Ya en los años 60 se abrirá paso la llamada generación del medio siglo, compuesta por autores que crean obras de amplitud temática con un lenguaje conversacional.

Por otra parte, en 1970 José María Castellet publicó una antología titulada Nueve novísimos poetas españoles. Desde los años ochenta y noventa hasta la actualidad se produce la difusión de la cultura posmoderna y se multiplican las corrientes, como el neoclasicismo, la poesía de la experiencia y la poesía del silencio.

TEATRO

En relación con el teatro, entre los años 40 y 50 se dan principalmente dos tendencias: el teatro continuista y el teatro de humor. A partir de la década de los 60 aparecen obras que expresan las angustias de la condición humana y la denuncia ante la injusticia; destacan Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre.

Avanzada la década de los sesenta se produce un alejamiento del realismo social y el comienzo de un teatro experimental, denominado a veces teatro soterrado. En este contexto destacan Fernando Arrabal y Francisco Nieva, y nace lo que se conoció como teatro independiente.

A partir de 1975, con la desaparición de la censura, se produjo una multiplicidad de tendencias teatrales; cabría resaltar la creación de José Luis Alonso de Santos y las obras de revisión del pasado de José Sanchis Sinisterra, así como otras piezas que presentan distintas facetas de la vida del hombre contemporáneo.

LÍRICA Y TEATRO posteriores a 1936 (repetición)

Con el final de la Guerra Civil, comienza en España una durísima posguerra en la que el desarrollo de la cultura se ve obstaculizado por factores como la miseria económica, el aislamiento internacional, la censura y el exilio de buena parte de los autores.

LÍRICA (repetición)

Tras la Guerra Civil, la poesía de los autores del 14 y del 27 se escribió en el exilio y no pudo difundirse en España. Cabe destacar en estos años a Miguel Hernández, poeta que puso su pluma al servicio de la causa popular y murió en la cárcel, dejando como obra póstuma su conmovedor Cancionero y romancero de ausencias.

A partir de los años 40, se dan dos tendencias poéticas, poesía arraigada y poesía desarraigada. Los autores de la poesía arraigada daban la espalda a la dolorosa realidad que se vivía; en ella destacan poetas como Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo o Luis Rosales, mientras que la poesía desarraigada, más valiosa literariamente, es una poesía existencial en la que los poetas dan expresión al dolor; inician esta tendencia Dámaso Alonso con Hijos de la ira y Vicente Aleixandre con Sombra del Paraíso.

A partir de los años 50 surge la poesía social, que se convierte en una herramienta para despertar conciencias; en esta tendencia destacan Blas de Otero y Gabriel Celaya, y ya en los años 60 se abrirá paso la generación del medio siglo, compuesta por autores que crean obras de amplitud temática con un lenguaje conversacional.

Por otra parte, en 1970 José María Castellet publicó una antología de poesía titulada Nueve novísimos poetas españoles, y desde los años ochenta y noventa hasta la actualidad se produce la difusión de la cultura posmoderna y se multiplicaron las corrientes, como el neoclasicismo, la poesía de la experiencia y la poesía del silencio.

TEATRO (repetición)

En relación con el teatro, entre los años 40 y 50 se dieron principalmente dos tendencias teatrales: el teatro continuista y el teatro de humor. A partir de la década de los 60 aparecieron obras que expresan las angustias de la condición humana y la denuncia ante la injusticia; destacaron Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre.

Avanzada la década de los sesenta se produjo un alejamiento del realismo social y el comienzo de un teatro experimental, lo que provocó que se denominase teatro soterrado; en este ámbito destacaron Fernando Arrabal y Francisco Nieva, y nació lo que se conoció como teatro independiente.

A partir de 1975, con la desaparición de la censura, se produjo una multiplicidad de tendencias teatrales; cabe resaltar la creación de José Luis Alonso de Santos y las obras de revisión del pasado de José Sanchis Sinisterra, así como otras que presentan distintas facetas de la vida del hombre contemporáneo.

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