La Realidad de la Vivienda y la Vida Cotidiana en la Antigua Roma
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La sorprendente modernidad de las casas romanas
Es precisamente el aspecto moderno de las casas romanas lo que más sorprende a aquellos turistas que, en nuestros días, visitan la ciudad de Ostia.
El desafío de la vivienda urbana
El "populacho" urbano vivía apretado en apartamentos alquilados que, con excesiva frecuencia, eran la causa de su muerte, bien a causa de derrumbes o bien a causa de los incendios, que fueron una amenaza constante para todos los romanos. Ese tipo de alojamientos masivos provocaban una enorme cantidad de problemas:
- Desigualdad en servicios: Mientras que los vecinos que ocupaban los apartamentos de las plantas bajas disfrutaban de los beneficios del agua corriente, los que habitaban en las plantas superiores se veían obligados a utilizar métodos antiguos para conseguirla y llevarla a sus hogares, subiendo fatigosamente una enorme cantidad de escaleras.
- Saneamiento deficiente: Aunque en Roma existía un impresionante sistema de alcantarillado, la mayor parte de los habitantes de la ciudad, sobre todo aquellos que vivían en los grandes bloques de apartamentos, no podían disfrutar de desagües en sus propias casas.
Higiene y convivencia
Al carecer incluso de pozos negros, los ciudadanos se veían obligados a llevar sus aguas sucias al lugar más cercano destinado a tal efecto. Sin embargo, lo más normal era que las arrojaran a la calle por la ventana; muchos de los viandantes sorprendidos por tan repentina lluvia acababan exigiendo ante los tribunales de justicia las correspondientes indemnizaciones, que el Derecho Romano contemplaba.
En cambio, la higiene estaba garantizada mediante los baños públicos, las termas, que hicieron famosa a la antigua Roma y que constituyeron un elemento importantísimo de la vida social de todos los ciudadanos, tanto los ricos como los pobres.
El refugio de la élite: Las villas
A los romanos, como a cualquier otra gente ociosa, les gustaba disfrutar de la brisa del mar, y la bahía de Nápoles se convirtió en un lugar de moda. Los ricos y poderosos rivalizaban entre sí en el número y esplendor de sus villas, en las que la sencillez exterior que caracteriza las fachadas de la arquitectura doméstica romana se abandonó en favor de elegantes pórticos que proclamaban al mundo marino la riqueza y el buen gusto de sus propietarios.