Razón y Sentimiento en la Ética: Un Contraste entre Kant y Hume
Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 7,29 KB
La Filosofía de Immanuel Kant
Criticismo y los Usos de la Razón
La filosofía de Immanuel Kant se fundamenta en el criticismo, una investigación sobre las condiciones y límites del conocimiento humano. Kant distingue dos usos de la razón: la razón teórica, que se pregunta ¿cómo son las cosas? y formula juicios sobre la realidad; y la razón práctica, que se cuestiona ¿cómo debe ser la conducta humana? y propone imperativos o mandatos.
El criticismo kantiano busca establecer las leyes universales que rigen nuestra experiencia. Para Kant, la ciencia se compone de leyes universales que no pueden ser fruto exclusivo de la experiencia ni de la inducción. De este modo, se posiciona entre el empirismo y el racionalismo, argumentando que el conocimiento comienza con la experiencia, pero se completa y estructura gracias a la razón.
El análisis del conocimiento revela que este se expresa en juicios, los cuales pueden ser verdaderos o falsos. Kant distingue dos formas de conocimiento:
- Conocimiento a posteriori: Proviene de la experiencia.
- Conocimiento a priori: Es conocimiento puro, independiente de la experiencia.
No existen dos tipos de razón, sino dos aplicaciones de la misma facultad:
- Uso Teórico: Su objetivo es adquirir conocimiento. Involucra tres facultades: la sensibilidad, el entendimiento y la razón.
- Uso Práctico: Su objetivo es guiar la acción y tomar decisiones. Se expresa en imperativos (mandatos con la forma: "Sujeto + debe ser/hacer + Predicado").
La Ética Formal Kantiana
El Origen de la Obligación Moral
La razón práctica se pregunta por las condiciones universales y necesarias de la moral. Una cuestión central es: ¿quién impone la obligación o la prohibición? La respuesta a esta pregunta define dos tipos de moralidad:
- Heterónoma: La orden proviene de otro (una autoridad, una ley externa, Dios).
- Autónoma: La orden proviene del propio sujeto, de su propia razón.
Para Kant, una obligación es verdaderamente moral solo si es universal (válida para todos), incondicionada y autónoma. Es crucial entender que la obligación no equivale al cumplimiento, ya que el ser humano es libre de acatarla o no.
El Deber y el Imperativo Categórico
La ética de Kant es una ética formal porque no persigue un fin concreto (como la felicidad), sino que se centra en la forma de nuestras decisiones. Mientras que la voluntad humana tiende a buscar la felicidad, la razón moral busca el bien moral. El fin del hombre no es la felicidad en sí misma, sino actuar correctamente para hacerse digno de ella.
Kant distingue tres tipos de actos en relación con el deber:
- Actos por deber: Se realizan únicamente por respeto a la ley moral. Son los únicos con valor moral genuino.
- Actos conforme al deber: Coinciden con lo que el deber manda, pero se realizan por inclinaciones personales o fines egoístas.
- Actos contra el deber: Acciones inmorales que violan la ley moral.
Los mandatos de la razón práctica son los imperativos:
- Imperativos hipotéticos: Ordenan una acción como medio para conseguir un fin. Tienen la forma: "Si quieres Y, haz X".
- Imperativo categórico: Ordena una acción por sí misma, sin referencia a ningún fin. Es el mandato del deber.
Las máximas o formulaciones principales del imperativo categórico son:
"Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".
"Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio".
Libertad, Felicidad y los Postulados de la Razón Práctica
La libertad humana reside en la capacidad de autolegislarse, de darse mandatos a sí mismo (autonomía). Sin embargo, surge un conflicto: cumplir con la obligación moral por deber a menudo se opone a seguir nuestras inclinaciones para ser felices. La obligación no garantiza la felicidad.
Siendo así, ¿por qué se debe cumplir la obligación? Para que la moral tenga sentido, Kant sostiene que debemos postular (suponer, aunque no podamos demostrarlo teóricamente) la existencia de alguien que compense esta dicotomía en el futuro: Dios. La libertad y la existencia de Dios son, por tanto, postulados de la razón práctica, ideas que no podemos probar científicamente pero que son necesarias para la vida moral.
La Filosofía de David Hume
El Emotivismo Moral
David Hume propone una teoría ética conocida como emotivismo moral. Sostiene que nuestras acciones se basan en lo que consideramos bueno, y esto, a su vez, se fundamenta en nuestras impresiones y sentimientos. La moralidad existe porque los seres humanos empleamos términos como "bueno" y "malo", que expresan nuestras emociones.
Hume se opone a la idea de que la razón somete a las pasiones. Al contrario, afirma que "la razón es y solo debe ser esclava de las pasiones". La moral, por tanto, no se funda en la razón, sino en los sentimientos subjetivos.
Dado que la naturaleza humana es común, los sentimientos morales tienden a ser similares entre las personas. Por ejemplo, la acción de dar comida a los necesitados es considerada buena por casi todos, no por un cálculo racional, sino por un sentimiento de aprobación. Los objetivos del emotivismo moral son la aprobación colectiva y la utilidad pública.
¿Cómo es posible que una persona sacrifique su propio interés por el bien público? Hume lo explica a través de la simpatía (hoy entendida como empatía): la capacidad de sentir lo que sienten quienes nos rodean. Esta conexión emocional con los demás es lo que constituye el fundamento de la MORAL.
La Crítica a la Causalidad
En su teoría del conocimiento, Hume argumenta que para conocer es necesario asociar ideas, lo cual ocurre a través de tres mecanismos: semejanza, contigüidad espacio-temporal y causalidad. El pensamiento humano establece relaciones entre impresiones mediante estos principios.
Hume realiza una crítica demoledora al concepto de causalidad. Se pregunta si nuestra idea de una conexión necesaria entre causa y efecto está basada en alguna impresión. Al observar un evento, como abrir un grifo y ver salir agua, no percibimos la "causa" en sí misma, sino una sucesión constante de eventos. La relación causa-efecto no es una ley que descubramos en el mundo, sino una creencia basada en la costumbre o el hábito. Después de ver repetidamente que un evento sigue a otro, nuestra mente crea la expectativa de que siempre ocurrirá así, pero no hay una certeza racional de ello.