La Razón y la Autonomía en la Ilustración Kantiana
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La Razón como Pilar de la Ilustración y la Autonomía Humana
La libertad se erige como uno de los principios y requisitos fundamentales de la Ilustración. Es la condición indispensable para que el ser humano alcance su autonomía, su mayoría de edad, liberándose así de toda tutela. Sin embargo, esta libertad no debe ser ilimitada, sino que debe ser “la más inocente”: la libertad de hacer siempre y en todo lugar uso público de la razón.
Immanuel Kant distinguió entre dos usos de la razón:
Uso Público de la Razón
Se refiere a cuando alguien, en su calidad de docto en una materia, utiliza su razón ante el gran público. Respecto a este uso, debe existir una libertad total y sin restricciones.
Uso Privado de la Razón
Este uso se ejerce dentro de un determinado puesto civil o función pública.
Para clarificar esta distinción:
- Un ciudadano no puede negarse a pagar los impuestos que le son asignados (uso privado de la razón).
- No obstante, dicho ciudadano no actúa en contra de su deber si, como docto, manifiesta públicamente su opinión sobre la inconveniencia o injusticia de tales impuestos (uso público de la razón).
A pesar de las limitaciones inherentes al uso privado de la razón, la falta de libertad en este ámbito no obstaculiza la Ilustración, siempre y cuando exista libertad para informar, pensar y expresar públicamente las ideas.
El Debate Epistemológico: Racionalismo vs. Empirismo
Los racionalistas postulan que la razón es la fuente del conocimiento válido. A partir de ideas innatas y mediante el método deductivo, se puede alcanzar un conocimiento universal y verdadero. En contraposición, los empiristas sostienen que la experiencia es el origen y el límite del conocimiento. Para ellos, el conocimiento científico solo es probable, a excepción del matemático.
Kant, para abordar esta dicotomía, somete a crítica a la razón con el fin de descubrir su naturaleza, establecer sus límites y, consecuentemente, determinar las posibilidades de un conocimiento objetivo.
Como él mismo señala: “TODO CONOCIMIENTO EMPIEZA EN Y CON LA EXPERIENCIA, PERO NO TODO LO QUE HAY EN EL CONOCIMIENTO PROCEDE DE LA EXPERIENCIA”. Kant desglosa esto en dos componentes:
- Lo aportado por el objeto: Los datos de la experiencia suministran la MATERIA del conocimiento, siendo este conocimiento a posteriori. Tal como afirman los empiristas, la experiencia es el origen del conocimiento.
- Lo aportado por el sujeto: El sujeto suministra la FORMA del conocimiento, la cual es a priori. La razón produce principios o formas a priori de manera espontánea, que configuran la estructura del conocimiento.
Estos principios a priori, que proporcionan la forma del conocimiento, son trascendentales. Es decir, representan el modo de conocer inherente a todo ser racional, y son precisamente lo que posibilita un conocimiento universal, tal como defiende el racionalismo.
La Conciencia Moral y la Ética Formal Kantiana
En el ser humano reside la conciencia moral. Para Kant, la razón práctica de cada individuo es capaz de discernir las leyes o mandatos morales, lo que confiere autonomía moral. Sostiene que los principios éticos deben emanar de la propia razón y ser a priori, universales y necesarios.
Características de la Ética Formal
- A priori: Para que la ley moral sea universal y obligatoria para todos los seres humanos, debe carecer de contenido empírico.
- Autónoma: La ley moral surge de la propia autonomía de la razón. Por lo tanto, no puede estar condicionada por factores externos a ella misma.
- Categórico: El cumplimiento del mandato moral es un fin en sí mismo, no un medio para alcanzar otro objetivo. Impone una norma de conducta de manera absoluta, sin ninguna condición.
La ética formal ofrece únicamente la forma de la ley moral, la cual es válida para la voluntad de todo ser racional. Esto se manifiesta en las formulaciones del imperativo categórico:
- “Obra de tal forma que quieras que tu máxima se convierta en ley universal.”
- “Obra de tal forma que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otra, siempre como un fin y nunca meramente como un medio.”