Racionalismo y Empirismo: El Pensamiento de Descartes y Hume

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B.4.- Racionalismo y Empirismo: Descartes y Hume

En la Edad Moderna (siglos XVII y XVIII) se pueden identificar dos corrientes filosóficas fundamentales: el racionalismo y el empirismo. El racionalismo es una corriente filosófica que surgió en el siglo XVII, representada principalmente por Descartes. Por su parte, el empirismo se desarrolló fundamentalmente en el siglo XVIII, con Hume como uno de sus máximos exponentes.

Tradicionalmente, el racionalismo y el empirismo se han considerado corrientes opuestas, aunque comparten algunas características. Ambos tienen como precursores a filósofos griegos (Platón en el caso del racionalismo; Aristóteles en el del empirismo), ambos estudian la epistemología (el conocimiento), y ambos defienden el camino de la razón frente al de la fe.

El Racionalismo de Descartes

En el punto de partida del racionalismo, Descartes percibe una gran diversidad de opiniones y falta de precisión, y se pregunta si existe algo que no pueda ser puesto en duda. Ese sería el punto de partida seguro de todo el saber. Encuentra una verdad evidente en la sustancia pensante (res cogitans): “Pienso, luego existo” (Cogito ergo sum). Su famosa frase significa: como estoy pensando, necesariamente debo ser algo, algo que consiste en pensar.

Una vez fijado ese punto de partida con total certeza, Descartes deduce la existencia de Dios (res infinita) y del mundo físico (res extensa). Así, la visión del ser humano es dualista: cuerpo (res extensa) y alma (res cogitans). El alma es mi pensamiento consciente; el verdadero “yo” del ser humano.

Características del Racionalismo

En estas reflexiones de Descartes se encuentra la esencia del racionalismo. Sus características principales son:

  • La razón es el único instrumento para conocer la verdad y el único criterio de veracidad: Es el camino que debe usarse para obtener nuevos conocimientos fiables y para confirmar los ya adquiridos. Los sentidos, en cambio, no son fiables porque no siempre son seguros, y la información que proporcionan puede ser falsa.
  • No hay límites epistemológicos: La razón puede llegar a conocerlo todo; no tiene ningún límite previo.
  • Existencia de ideas innatas: Los racionalistas afirmaban que la mente humana posee contenidos o ideas que son la base de la verdad: son claras y distintas, evidentes. El conocimiento, por tanto, es a priori.
  • Método matemático: El objetivo del método axiomático-deductivo es evitar errores. Se basa en reducir los problemas a sus elementos más simples y en seguir pasos deductivos necesarios. Como resultado, las ideas nuevas que se obtienen son seguras. El universo funciona como una máquina según leyes propias (siguiendo el principio de causalidad), y esas leyes garantizan un conocimiento cierto.

El Empirismo de Hume

Por otro lado, el empirismo desarrolló una epistemología que, en muchos aspectos, se opone al racionalismo. Se basa en la validez de lo sensorial, destacando la figura de Hume.

Tesis principales del Empirismo

Estas son las principales tesis del empirismo sobre el problema del conocimiento:

  • La experiencia es el único punto de partida y el único criterio de veracidad: Llamaron experiencia al conocimiento obtenido mediante observación directa (a través de los sentidos), y esa es la materia que la razón utiliza en los procesos de conocimiento.
  • El conocimiento humano no es ilimitado, ya que la experiencia tiene límites: Según los empiristas, “no se puede ir más allá de la experiencia”.
  • No existen ideas innatas: La mente es una tabula rasa; está vacía hasta que los datos de la experiencia llegan a ella. Los hechos no pueden conocerse de antemano; el conocimiento, por tanto, es a posteriori.
  • Método experimental: A partir de la observación se formulan hipótesis, que se intentan confirmar mediante la experimentación. Al rechazar el principio de causalidad, creen que la naturaleza no tiene leyes propias y, por tanto, el conocimiento que podemos obtener sobre ella se basa en la probabilidad (no es seguro).

B.5.- El Debate Metafísico Moderno: La Teoría Cartesiana de las Sustancias

El contexto del debate metafísico moderno

La filosofía moderna surge como respuesta a la crisis intelectual del final de la Edad Media y el Renacimiento. El descubrimiento científico, la pérdida de autoridad de la tradición y la diversidad de doctrinas filosóficas generan una pregunta central: ¿cómo puede el ser humano alcanzar un conocimiento verdaderamente seguro?

Este interrogante desplaza la atención desde la metafísica clásica —centrada en el ser— hacia una metafísica renovada que debe comenzar por examinar las condiciones del conocimiento. Es lo que se denomina giro epistemológico moderno. Los pensadores racionalistas del siglo XVII, entre los que destaca Descartes, sostienen que la seguridad del conocimiento solo puede obtenerse si la razón opera mediante un método riguroso, inspirado en la claridad y el orden matemáticos.

Frente a la filosofía escolástica, que se apoyaba en la autoridad y en una compleja tradición interpretativa, el racionalismo moderno busca principios claros, simples y universales desde los cuales reconstruir toda la ciencia. En este contexto, la metafísica ya no puede partir de conceptos heredados, sino que debe encontrar un fundamento absoluto, un punto de partida que no dependa de nada previo. Descartes inaugura este proyecto mediante la duda metódica, que cuestiona todas las creencias que puedan contener el menor error para descubrir una verdad completamente indudable: la existencia del yo pensante. Así, el sujeto se convierte en el centro de la filosofía moderna y en el punto desde el que se organizará toda la metafísica posterior, incluida su teoría de las sustancias.

La Duda Metódica de Descartes

La duda metódica es el procedimiento que utiliza Descartes para encontrar una verdad absolutamente segura sobre la que fundar todo el conocimiento. No es una duda psicológica ni emocional, sino una duda voluntaria, metódica y filosófica, cuyo objetivo es eliminar cualquier creencia que pueda ser falsa, aunque sea solo mínimamente. Descartes aplica esta duda para librarse de prejuicios, opiniones no examinadas y errores que provienen de la educación y de los sentidos. Si algo puede ser puesto en duda, debo rechazarlo provisionalmente.

A través de la duda, Descartes busca llegar a una verdad tan firme que ni siquiera un engaño total pudiera destruirla. Para ello desarrolla tres niveles de duda, cada uno más radical que el anterior:

  1. Duda sobre los sentidos: Los sentidos a veces engañan (ilusiones, errores perceptivos). Si los sentidos fallan incluso una vez, no pueden ser una base absolutamente segura.
  2. Duda sobre la distinción entre vigilia y sueño: No hay signos completamente seguros para distinguir si estoy despierto o soñando. Por tanto, todo lo captado por los sentidos (cuerpo, objetos, mundo exterior) puede ser dudoso.
  3. Hipótesis del “genio maligno”: Para llevar la duda a su extremo, Descartes imagina la posibilidad de un ser poderosísimo que pudiera engañarlo incluso en lo que parece más evidente, como las matemáticas. Esto no significa que exista tal ser, sino que incluso la razón podría estar equivocada.

El resultado es una duda universal: puedo poner en cuestión el cuerpo, el mundo, los sentidos e incluso las verdades matemáticas. Sin embargo, en este proceso Descartes descubre una verdad que resiste cualquier duda: Si dudo, estoy pensando; si pienso, existo.

Aquí surge el Cogito (“Pienso, luego existo” / “Cogito, ergo sum”) y se revela la res cogitans, la sustancia pensante. A partir de esta primera verdad indudable, Descartes reconstruirá el conocimiento demostrando la existencia de Dios y, finalmente, del mundo material.

La Teoría Cartesiana de las Sustancias

La metafísica de Descartes se articula en torno al concepto de sustancia, entendida como “lo que existe por sí mismo”, es decir, aquello que no depende de nada más excepto de Dios para existir y que posee una esencia propia. Cada sustancia tiene un atributo esencial, una característica fundamental que constituye su naturaleza, y una serie de modos, que son las formas particulares en que esa sustancia puede manifestarse.

Descartes distingue tres sustancias en su sistema:

  • Dios (Res Infinita): Es la sustancia infinita, perfecta y causa de todas las demás. Su perfección garantiza la verdad de las ideas claras y distintas, fundamento indispensable del conocimiento humano. Sin Dios, incluso las verdades matemáticas podrían ser puestas en duda.
  • Res Cogitans (Sustancia Pensante): Su esencia es el pensamiento. A través del cogito —“si pienso, existo”— Descartes descubre una verdad absolutamente indudable que revela la existencia del yo. Todas las operaciones de la mente (dudar, entender, querer, imaginar…) son modos de esta sustancia.
  • Res Extensa (Sustancia Material): Su atributo esencial es la extensión, es decir, el hecho de ocupar espacio y poder describirse mediante figura, tamaño y movimiento. Esta concepción hace posible una física mecanicista, en la que los cuerpos se explican mediante leyes cuantitativas.

El sistema cartesiano es, por tanto, dualista: distingue claramente entre alma (res cogitans) y cuerpo (res extensa), dos sustancias irreductibles entre sí. La relación entre ambas se convertirá en uno de los problemas centrales de la filosofía moderna.

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