La Providencia Divina, el Mal y la Responsabilidad Humana en la Teología
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La Creación y el Amor de Dios
Dios creó todas las cosas y las ama. Por este amor, no les quitará la posibilidad de seguir existiendo, aunque teóricamente podría hacerlo. De la nada creó todo para nosotros.
Gobernar vs. Cuidar
Es importante distinguir entre gobernar y cuidar:
- Gobernar: Puede dar la impresión de ser una obligación que Dios tiene hacia nosotros, pero no es así, pues nadie lo obliga a actuar.
- Cuidar: Es como un padre hacia un hijo; se realiza por puro amor.
La Providencia Divina
La Providencia es creer en lo que Dios quiere para nosotros y reflexionar si eso es bueno o malo para nuestra vida. Implica la asistencia divina para darnos lo necesario. Existe una diferencia entre la providencia en sí misma y la confianza que depositamos en ella.
Manifestación de la Providencia
En el Antiguo Testamento, la providencia está bien visualizada: se creía que Dios otorgaba los bienes y defendía de los males. Esto implica que, dependiendo de si se hace el bien o se peca, llegarán consecuencias buenas o malas. Todos los actos tienen repercusiones.
Causas Segundas y Concurso Divino
Si Dios no interviene, el hombre tampoco podría actuar. Si Dios no permite algo, el hombre no puede realizarlo. Las causas segundas indican que Dios permite obrar al hombre, y las consecuencias de sus actos son el resultado de:
- Concurso divino: Puede ser físico o moral, universal o individual.
Responsabilidad y Consecuencias
Cada persona tiene una responsabilidad sobre la otra a través de sus acciones. Cada acto conlleva una consecuencia que puede beneficiar o perjudicar a otra persona. De alguna manera, podemos cambiar la vida de alguien, para bien o para mal, en la vida cotidiana.
La Naturaleza del Mal
El Mal como Ausencia
Desde la filosofía (Santo Tomás), el mal es algo negativo que, en esencia, no existe como tal. Si hablamos de mal, estamos refiriéndonos a una ausencia; es decir, el mal es una privación del bien debido, no una esencia en la realidad.
El Soberano Bien
El soberano bien es incorruptible. La corrupción afecta no solo al bien, sino también a la integridad de la persona. Esto se asemeja a cómo la muerte es la ausencia de vida.
Clasificación del Mal
Podemos clasificar el mal de la siguiente manera:
1. Mal Metafísico
Aquel que no es un mal propiamente dicho, sino la limitación a algo mejor.
2. Mal Físico-Natural
Aquel que corresponde a nuestra naturaleza (ejemplo: morir).
3. Mal Moral
El pecado; un daño superior.
El Origen del Mal en el Hombre
Todos los males del hombre provienen del pecado original. Antes de este, el hombre gozaba de dones sobrenaturales. Al pecar, pierde estos dones y queda herido en sus dones naturales. A partir de entonces, el hombre comenzará a pecar según su voluntad libre.
Antes del pecado original, existían cuatro dones sobrenaturales y la integridad, que incluían:
- Ignorancia (ausente)
- Malicia (ausente)
- Fragilidad (ausente)
La Caída de los Ángeles
Los ángeles fueron creados buenos, pero ellos mismos se hicieron malos al rechazar a Dios y al reino divino. Fueron arrojados al infierno como castigo. Pecaron de soberbia, y ese pecado no les fue perdonado. Son la voz opuesta a Dios que nos seduce a desobedecer, pero no impiden la edificación del pueblo de Dios.
El Mal Físico (Corrupción Material)
Según San Agustín, la corrupción de lo material no mancha la obra divina ni disminuye su perfección. El dolor se entiende como una contrariedad o carencia; existe un orden inferior al que deseamos. Se reconoce que el mal no reside en las cosas en sí mismas, sino en la actividad que uno realiza con ellas.
Mal Moral o Pecado
Entre las criaturas, el único que puede pecar es el hombre, ya que posee libertad y está dotado de razón.
Dios y el Pecado
Dios no es causa de los pecados, sino que es causa de la voluntad. La voluntad, como tal, es algo bueno; cualquier acto en cuanto tiene esencia de voluntad es bueno. Sin embargo, moralmente puede ser malo; eso sería el pecado.
Por ejemplo, el acto de saciar la sed es bueno en su esencia, pero no significa que toda acción sea buena. La omisión también constituye pecado si existe la voluntad de actuar: si ves un pecado y no haces nada, también estás pecando.