Propiedades del Suelo y Manejo Agrícola Ancestral: El Caso del Imperio Incaico

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Factores Edáficos y Propiedades del Suelo

Los factores edáficos son características fisicoquímicas que interactúan entre sí para conferir al suelo sus propiedades. Estos factores influyen decisivamente sobre el uso posterior de la tierra, así como sobre las necesidades de manejo que deban implementarse. A continuación, se detallan los principales factores edáficos:

  • La textura
  • La estructura física
  • La composición química
  • El pH
  • El contenido de agua y aire

La Textura

La textura de un suelo está determinada por las proporciones relativas de los diferentes tamaños de partículas minerales. Las partículas del suelo se clasifican en arena, limo o arcilla.

La Estructura Física

La estructura física del suelo permite identificar la distribución, la forma y la estabilidad de los agregados de partículas que lo forman. Estos agregados resultan de la interacción entre las partículas inorgánicas producidas por la meteorización de las rocas y la materia orgánica acumulada.

El Agua y el Aire

El agua y el aire son dos factores íntimamente ligados, que dependen de la textura y de la estructura del suelo, ya que ambas características determinan su porosidad.

La Composición Química

La composición química del suelo abarca la concentración de nutrientes, es decir, la cantidad de iones disponibles para las plantas. Los principales nutrientes del suelo mencionados son el nitrógeno, el magnesio, el cloro y el hierro.

Manejo de la Tierra en el Imperio Incaico

El Imperio Incaico fue un espectacular ejemplo de deficiencia en el manejo de la tierra y en el respeto al equilibrio ecológico de la región. (Nota del editor: Aunque el texto original menciona "deficiencia", la descripción subsiguiente detalla prácticas agrícolas avanzadas y sostenibles, lo que sugiere una interpretación más compleja de este término en el contexto incaico, posiblemente refiriéndose a los desafíos inherentes al terreno o la necesidad de intervención humana intensiva para la productividad.)

Las terrazas de cultivo, construidas como largos y angostos peldaños en los faldeos de las montañas, eran sostenidas por piedras que retenían la tierra fértil. Las terrazas también cumplían la función de distribuir la humedad. Allí, el agua de la lluvia se filtraba lentamente desde los niveles superiores a los inferiores. Esos espacios se rellenaban con tierra traída de zonas más bajas y se abonaban con suelos lacustres y algas.

El suelo de las terrazas se mezclaba con guano, el excremento de aves marinas acumulado en las islas y costas. Se practicaba regularmente el barbecho, es decir, el descanso del suelo para permitirle recuperar su fertilidad de forma natural.

En la costa y los valles, fertilizaban con cabezas de pescado, que enterraban con semillas de maíz en su interior. Para este cultivo, también utilizaron excremento humano secado al sol y pulverizado.

Había que ir a buscar el agua a las nacientes de los arroyos y conducirla mediante una red de canales. Para ello, se hacía un cerco a lo largo de las montañas y se lo cubría con grandes losas de piedra unidas con tierra para que el ganado no lo destruyera.

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