Principios Fundamentales de la Ética: Responsabilidad, Autonomía y Desarrollo de la Conciencia Moral

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Fundamentos de la Ética: Responsabilidad, Autonomía y Conciencia

1. La Responsabilidad Moral

La responsabilidad moral deriva del compromiso que un sujeto adquiere con las obligaciones morales. Etimológicamente, significa la exigencia de responder. Al individuo le corresponde ser responsable y afrontar todo lo que le sobrevenga en la vida. El ser humano necesita responder ante las personas y el medio. Esta necesidad lleva consigo una dependencia, al igual que la libertad para hacer lo correcto. El sujeto moral es más o menos responsable. La coacción, si no está legitimada, es otro eximente de responsabilidad. La responsabilidad moral es indicativa del progreso moral en individuos y grupos.

2. Autonomía y Heteronomía Morales

La autonomía y la heteronomía morales se relacionan intrínsecamente con la responsabilidad. Por una parte, el ser humano regula algunas de sus conductas; por otra, es libre, racional y consciente en sus acciones consigo mismo y con el medio. Quienes priman lo social afirman que el individuo es parte de un todo donde sus acciones adquieren sentido. Aceptan que el humano se desarrolla en sociedad y defienden que los instintos están por encima de lo racional.

2.1. Definiciones y Alcance

La autonomía y la heteronomía se refieren a las acciones según se conformen, o no, a normas, valores u obligaciones.

  • Autonomía: Se refiere a la capacidad que tiene el sujeto agente para hacer lo que quiera o para hacerse responsable de sus actos. El sujeto es responsable y está obligado a solucionar las consecuencias que puedan tener sus acciones. Alcanzar la autonomía requiere preparación y maduración, tanto racional como afectiva.
  • Heteronomía: Se refiere a la dependencia que el sujeto tiene de normas y valores ajenos a los que se somete o que se limita a acatar. Al sujeto “le obligan a” o “le hacen responsable de”.

Ambos conceptos se necesitan para explicar las acciones humanas desde la dimensión individual y social del ser humano.

2.2. Perspectivas Filosóficas y Psicológicas

Kant defiende la autonomía del individuo libre, que dirige su propia voluntad. Pensadores como J. Piaget y L. Köhlberg admiten la autonomía moral como la característica más importante de lo moral, y sostienen que es posible alcanzarla por aprendizajes que van de lo heterónomo a lo autónomo. Este aprendizaje supone una maduración personal racional y afectiva, que depende de condiciones materiales, de la experiencia y de los conocimientos adquiridos. Los procesos educativos son cruciales para el desarrollo de la autonomía moral.

3. La Conciencia Moral

La conciencia moral, por una parte, se la considera la defensa de valores que regulan las normas morales; por otra, despectivamente, se la considera como el “Pepito Grillo”, esa “vocecita” que dice lo que está bien o mal.

3.1. Conciencia Psicológica vs. Moral

En Psicología, se entiende como el “proceso mental por el cual el humano se da cuenta de sí mismo como sujeto de una actividad”. Por ella, el humano se da cuenta de que actúa unificado totalmente. Por ella, el individuo hace planes de sus acciones y tiene que prever las consecuencias que va a tener dicha acción. La conciencia psicológica y la moral se relacionan estrechamente. La conciencia moral indica las valoraciones de las acciones que conoce y reconoce.

3.2. Funciones y Juicio de Valor

Entre las funciones de la conciencia moral están:

  • Conocer, por procedimientos argumentativos o intuitivos, criterios absolutos y válidos para orientar a cualquier ser humano sobre cómo llevar a cabo sus acciones morales.

La conciencia moral es un “juicio de valor” sobre la licitud o ilicitud moral de la acción. Por su conciencia moral, el individuo se constituye en “juez” que examina las acciones y emite sentencias valorativas sobre su moralidad.

3.3. Origen y Formación

Existen distintas posiciones respecto a la aceptación de la conciencia moral:

  • Algunos afirman su origen divino.
  • Otros la admiten como algo aprendido.
  • Hay quienes afirman que las relaciones sociales producen un determinado tipo de conciencia moral.

La conciencia moral se educa social y afectivamente. El individuo puede equivocarse al intentar actuar moralmente bien. Recurrir a la conciencia moral individual como juez por motivos arbitrarios o egoístas no es de recibo. Pero ni la opinión general ni los poderes de hecho validan los juicios morales. La sociedad, sus poderes y agentes de socialización deben esforzarse en formar la conciencia moral del ciudadano para que sea capaz de emitir y aplicar juicios morales que originen críticamente sus acciones morales.

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