Principios de la Ética Cartesiana y la Moral Provisional
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La Ética de Descartes
El proyecto filosófico cartesiano tenía como meta final la elaboración de una ética basada en las reglas del método, pero para ello era necesario desarrollar otras ciencias y alcanzar una evidencia clara y distinta del mismo nivel que el cogito en el plano epistemológico y metafísico. Este proyecto quedó aplazado durante toda su vida, aunque lo abordó parcialmente en Las pasiones del alma, donde analiza cómo los sentidos y las pasiones afectan a la razón.
Las Pasiones y el Dominio del Alma
Las pasiones son reflejos de los movimientos del cuerpo en el alma; el alma, al desconocer su origen, cree que las produce ella misma. Aunque no nacen en el alma, pueden esclavizarla si dominan la voluntad, por lo que el alma debe gobernarlas y ordenarlas según la razón.
Libertad, Voluntad y Moral
La moral es fundamental en Descartes y se relaciona con la libertad, que caracteriza la facultad de la voluntad. La libertad no consiste en la mera indiferencia, sino en la elección consciente de la voluntad infinita entre varias opciones presentadas por un entendimiento finito.
Las Reglas de la Moral Provisional
Como la ética completa requiere tiempo y ciencia, Descartes propone reglas provisionales de conducta, que sirven como orientación práctica hasta poder desarrollar la ética como sabiduría plena:
- Moderación: actuar con prudencia, cumpliendo las leyes y evitando los excesos; inspirada en la regla del término medio de Aristóteles.
- Firmeza: ser constante y decidido en las acciones para orientar la vida; con influencia estoica.
- Adaptación de los deseos: cambiar los propios deseos en lugar de intentar cambiar el mundo; nada está completamente en nuestro poder excepto nuestros pensamientos. Esta regla, inspirada en Epicteto, permite alcanzar la felicidad ajustando nuestras expectativas a la realidad.
- Cultivo de la razón: avanzar en el conocimiento de la verdad siguiendo el método cartesiano; el intelectualismo moral heredado de Sócrates afirma que la razón determina el bien y el mal.
Estas reglas reflejan una concepción humanista y racionalista, situando al hombre en el centro y mostrando la confianza de Descartes en que la razón es suficiente para enfrentar los problemas de la existencia y alcanzar la felicidad.