La Primera República Española: Historia, Conflictos y el Fin del Sexenio Revolucionario
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La I República Española (1873-1874)
La I República Española no contó nunca con verdadero apoyo social y tuvo siempre en contra a los poderes fácticos: la gran burguesía industrial y financiera, que temía la inestabilidad social y la democratización política; los mandos del ejército, muy apegados a la dinastía borbónica y escasamente demócratas; y la Iglesia, que temía el anticlericalismo republicano y execraba la libertad de cultos.
Así pues, la República nacía con escasas probabilidades de éxito y ello se evidenció en el aislamiento internacional del nuevo sistema: salvo Estados Unidos y Suiza, ninguna potencia reconoció a la República española, a la que se veía como un régimen revolucionario que podía poner en peligro la estabilidad de una Europa mayoritariamente burguesa y conservadora. Por otra parte, los republicanos estaban muy divididos; esencialmente se oponían los unionistas y los federalistas.
1) El intento de República Federal de 1873
Durante este periodo se sucedieron cuatro presidentes del gobierno: Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar. En esta etapa se realizaron una serie de reformas de carácter popular, social y democratizador, tales como:
- La supresión del impopular impuesto de consumos.
- La eliminación de las quintas y la creación de un ejército profesional.
- La reducción de la edad del derecho al voto a los 21 años.
- La separación de la Iglesia y el Estado.
- La reglamentación del trabajo infantil y un intento de legislación laboral.
- La abolición de la esclavitud en Puerto Rico, etc.
Desde el punto de vista político, lo más interesante fue la elaboración de un proyecto constitucional —la que hubiera sido la Constitución de 1873— que convertía a España en un Estado federal, con 17 estados regionales miembros dotados de amplia autonomía política, administrativa y económica.
Conflictos y desafíos del federalismo
Los problemas con los que tuvo que enfrentarse fueron gravísimos, pues a las continuas conspiraciones de militares alfonsinos, había que sumar la Guerra Independentista de Cuba (iniciada en 1868), la nueva Guerra Civil Carlista y, especialmente, la sublevación cantonal.
Se trató de rebeliones anticentralistas, violentas y radicales, protagonizadas por numerosos cantones que se declaraban independientes del gobierno central. Sus protagonistas fueron las clases medias y el proletariado urbano. El cantonalismo es la expresión de la radicalización del federalismo y del movimiento obrero; se trataba de construir la República "desde abajo", mediante cantones independientes que luego se unirían a la federación española. Esto dio lugar a una auténtica guerra civil hasta que fue sofocada violentamente por los gobiernos de Salmerón (tras la dimisión de Pi i Margall) y, especialmente, de Castelar.
2) La República Autoritaria del 74
El 4 de enero de 1874, el general Pavía ponía fin a la primera fase de la República cuando culminó un golpe de Estado, penetrando al frente de la Guardia Civil en el edificio de las Cortes y disolviéndolas cuando se disponían a elegir un nuevo presidente. Tras este golpe de Estado, el general Serrano gobernó durante un año de forma autoritaria. La Constitución fue suspendida y las Cortes no volvieron a convocarse.
Finalmente, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunciaba en Sagunto, proclamando a Alfonso XII de Borbón como nuevo rey de España.
Conclusión
Como vemos, el Sexenio Revolucionario no significó sino un corto paréntesis en el reinado de la dinastía de los Borbones en España, pero resultó muy interesante políticamente por cuanto supuso un doble intento de instauración de un sistema democrático y social más próximo al pueblo y menos corrupto. Pero los poderes fácticos al servicio de las oligarquías sociales dominantes maniobraron para hacer fracasar estos proyectos. Con el fin de la República se abre paso un nuevo periodo en la Historia de España: la Restauración, que supone el triunfo de dichas oligarquías, las cuales diseñarán un sistema fraudulento a su servicio.
Frente a la diversidad de situaciones políticas y a las aparentes crisis del Estado que parecen caracterizar el periodo 1868-1874, hay que subrayar otra serie de rasgos, como la irrupción de la democracia en la vida política española (instaurada por la Constitución del 69) y, por último, la irrupción de unas clases populares en busca de su plena integración en la ciudadanía, movidas por aspiraciones igualitarias que buscaron romper las barreras jurídicas, económicas y culturales que la revolución liberal había mantenido e incluso reforzado en el seno de la sociedad española.