Primera Guerra Mundial y Revolución Rusa: desarrollo, impacto y consecuencias (1914-1934)
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La Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa
2. El desarrollo de la guerra
El estallido de la guerra
El 28 de junio de 1914 fue asesinado el heredero del Imperio austrohúngaro, Francisco Fernando, en Sarajevo, capital de Bosnia. Austria-Hungría acusó a Serbia de haber instigado el magnicidio y le declaró la guerra el 28 de julio de 1914. Rusia apoyó a Serbia y se movilizó; Alemania declaró la guerra a Rusia y a Francia; y Reino Unido declaró la guerra a Alemania tras la invasión alemana de Bélgica, aliada de Francia.
La guerra de movimientos
Las operaciones bélicas se iniciaron en el frente occidental: los ejércitos alemanes atacaron a Francia. Los ejércitos francés y británico consiguieron reorganizarse y detener el avance alemán en la batalla del Marne. En el frente oriental, los alemanes derrotaron a los rusos en la batalla de Tannenberg.
La guerra de trincheras
Tras la batalla del Marne, los frentes se inmovilizaron. Se abrieron trincheras desde Suiza hasta el mar del Norte y se inició una fase de la guerra en la que ganar un palmo de territorio al enemigo significaba decenas de miles de muertos.
1917: la entrada de EEUU y el fin de la guerra
En 1917, los duros combates de la guerra de trincheras provocaron deserciones y numerosos motines en el frente. Rusia firmó la paz con Alemania y se retiró de la guerra. El abandono de Rusia fue compensado con la intervención de Estados Unidos: la presencia de EEUU supuso la definitiva mundialización del conflicto. En 1918, británicos, franceses e italianos derrotaron a los austriacos y a sus aliados; el imperio austrohúngaro pidió el armisticio. Los alemanes fueron derrotados en la segunda batalla del Marne, y surgieron manifestaciones obreras contra el gobierno alemán. El 11 de noviembre de 1918 Alemania firmó el armisticio. La Primera Guerra Mundial había terminado.
4. Una guerra total
La implicación de la población civil
El nuevo tipo de ejército nacional comportó la participación en los combates del grueso de la población civil masculina en edad militar; por tanto, los desastres de la guerra golpearon de forma generalizada a la sociedad. El avance de los ejércitos podía ser mucho más veloz gracias a medios como los ferrocarriles o los vehículos, lo que provocó el éxodo de millones de civiles por temor al saqueo. La guerra requirió una enorme producción de armamento, municiones y avituallamiento: se utilizó masivamente el trabajo de mujeres y hombres en edad no militar y se alargaron las jornadas laborales. Además, las necesidades de guerra eran prioritarias y la producción de bienes de consumo se resintió. A principios del siglo XX, una buena parte de la población no tenía recursos suficientes para alimentarse.
La oposición al zarismo
Las primeras corrientes de oposición se desarrollaron entre los campesinos. En 1898 se fundó el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, que se escindió en dos tendencias: la menchevique (minoritaria) y la bolchevique (mayoritaria en organización y carácter revolucionario). Surgieron también un partido liberal-burgués, el Partido Democrático Constitucionalista (Kadetes), y el Partido Socialista Revolucionario (eseristas).
La revuelta de 1905
En 1905 estalló una revuelta que exigía el fin de la autocracia. Se celebró una manifestación pacífica y el zar respondió con una represión conocida como el Domingo Sangriento. Los trabajadores crearon consejos de obreros, campesinos y soldados denominados sóviets. Ante la situación, el zar se comprometió a convocar elecciones por sufragio universal al Parlamento y a impulsar una reforma agraria, pero las promesas no se cumplieron.
6. La Revolución rusa
La revolución de 1917: caída del zarismo
El 23 de febrero de 1917 se produjo una gran manifestación seguida de una huelga general y de amotinamientos en los cuarteles. El zar abdicó y se proclamó una república dirigida por un gobierno provisional.
El nuevo gobierno, dominado por los burgueses, inició una serie de reformas; pero decidió mantener los compromisos con los aliados en la guerra, lo que impedía mejorar las condiciones de vida de la población e iniciar la esperada reforma agraria. El descontento popular aumentó y los sóviets empezaron a exigir la destitución del gobierno.
La revolución de octubre: los bolcheviques al poder
Los bolcheviques fueron ganándose el apoyo de la mayoría de los sóviets. Su líder, Lenin, presentó las Tesis de abril, donde marcaba la ruta a seguir: derrocar al gobierno provisional e instaurar un gobierno de sóviets obreros y campesinos, firmar la paz con Alemania, repartir las tierras entre los campesinos, ceder la dirección de las fábricas a los obreros, nacionalizar la banca y reconocer las nacionalidades del Imperio. Los bolcheviques, con el apoyo de los sóviets, que habían creado sus propias milicias armadas (la Guardia Roja), prepararon una insurrección para el 25 de octubre de 1917. La revolución se extendió rápidamente por Moscú y los núcleos industriales del país.
En noviembre de 1917 se celebraron elecciones para la Asamblea Constituyente. Ante el temor de que los grupos contrarios a la revolución se impusieran, Lenin disolvió la Asamblea y puso fin al pluralismo político en la nueva Rusia soviética. El nuevo gobierno decretó las primeras medidas revolucionarias: se expropiaron las tierras para repartirlas entre los campesinos y las fábricas quedaron bajo el control de los comités obreros. Además, en 1918 se firmó el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania.
La guerra civil y la formación de la URSS
A principios de 1918 los partidarios de la vuelta del zarismo y del liberalismo se levantaron en armas contra el gobierno de los sóviets. El Ejército Blanco contó con la ayuda de tropas francesas, británicas, japonesas y norteamericanas, y se enfrentó al Ejército Rojo. Los tres años de guerra civil fueron de gran crueldad para la población. En 1921 el Ejército Rojo logró imponerse militarmente.
El poder bolchevique
El partido bolchevique (Partido Comunista de la Unión Soviética) se hizo con el monopolio del poder, reprimió a todos los que se le oponían y organizó una policía política. En el ámbito económico se instauró el llamado "comunismo de guerra".
7. Europa, al finalizar la guerra
Nuevos problemas, nuevos conflictos
Los alemanes consideraron las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles una humillación que acabaría exacerbando su nacionalismo y el deseo de revancha. La Revolución rusa de 1917 planteó una nueva situación de tensión: la revolución bolchevique animaba a las fuerzas revolucionarias de toda Europa. Se produjeron levantamientos en Alemania y Hungría que evidenciaban la existencia de un nuevo conflicto entre el capitalismo y el comunismo.
El periodo de entreguerras
Italia en posguerra
Los acuerdos de paz supusieron una gran decepción para Italia; a esta situación se sumó la inestabilidad política: los gobiernos de la monarquía no conseguían una mayoría suficiente y, entre 1919 y 1922, se sucedieron cinco gobiernos diferentes. La guerra dejó en Italia graves secuelas humanas y económicas. El coste de la vida se incrementó, mientras los salarios reales disminuyeron y el número de parados no dejaba de crecer. La crisis económica generó una fuerte tensión social.
El ascenso del fascismo
En esta situación de crisis apareció la figura de Benito Mussolini, quien en 1919 creó los Fasci di combattimento (Fasci de combate), grupos paramilitares uniformados con camisas negras con los que pretendía frenar el auge del movimiento obrero, atacando violentamente a los sindicatos y a sus líderes. En 1921 los Fasci de combate se transformaron en el Partido Nacional Fascista. En las elecciones de 1922, el Partido Fascista solo consiguió 22 diputados en un Parlamento de 500. Mussolini exigió al rey que le entregara el gobierno. Para mostrar su fuerza organizó una marcha sobre Roma, acompañado por 300.000 camisas negras. En octubre, el rey, presionado por las fuerzas conservadoras, le nombró jefe del gobierno.
Los principios ideológicos del fascismo
Benito Mussolini desarrolló un proceso de restricción de libertades y de persecución de sus adversarios. Tras las elecciones de 1924, ganadas por Mussolini gracias a la violencia ejercida contra sus oponentes, anunció la instauración de un régimen autoritario.
Mussolini se atribuyó plenos poderes. Los partidos políticos fueron prohibidos, sus líderes perseguidos y encarcelados, y el Parlamento sustituido por la Cámara de los Fasci. Las huelgas fueron prohibidas y los sindicatos sustituidos por un sistema de corporaciones por oficios. También controlaba la economía y defendía una política económica autárquica. El Estado ejercía un férreo control de la sociedad a través del partido, que dirigía la vida social y dominaba los medios de comunicación. Mussolini prometió la creación de un Imperio italiano que controlaría el Mediterráneo.
Características del fascismo
- Exaltación del Estado por encima del individuo.
- Nacionalismo agresivo con aspiraciones expansionistas; racismo y persecución de las minorías.
- Rechazo del liberalismo y de la democracia; anticomunismo y Estado autoritario.
- Intervencionismo del Estado en la economía.
- Culto al líder carismático y exigencia de obediencia.
- Legitimación de la violencia y culto al militarismo.
5. Alemania: el ascenso del nazismo
La Alemania de la posguerra
En 1918, tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, el káiser abdicó y se proclamó la república con capital en la ciudad de Weimar: la República de Weimar, asentada sobre una constitución democrática. En sus primeros años, la nueva república se vio amenazada por movimientos revolucionarios y por varios intentos de golpes de Estado. Alemania tuvo que asumir la derrota militar y aceptar las duras condiciones de paz: el Tratado de Versalles acusaba a Alemania de ser la causante de la guerra, le arrebataba territorios, reducía su ejército e imponía fuertes reparaciones económicas. Además, los años de posguerra fueron de crisis económica, miseria y paro.
Adolf Hitler y la aparición del Partido Nazi
Adolf Hitler era un soldado desmovilizado de la Primera Guerra Mundial que en 1920 ingresó en el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), del que se erigió en líder indiscutible.
Su ideología fue recogida en el libro Mi lucha, en el que expresó su desprecio por la democracia parlamentaria y su odio al bolchevismo. Defendía el antisemitismo, la superioridad de la "raza aria" y la necesidad de forjar un gran imperio. Para convencer a las clases trabajadoras, Hitler utilizó la demagogia: prometió trabajo para todos, reducir los beneficios industriales y mejorar los salarios. En sus discursos arremetió contra judíos, comunistas y demócratas. El Partido Nazi adoptó como emblema la bandera roja con la cruz gamada y se dotó de una organización paramilitar: las Secciones de Asalto (SA) y las SS (Schutzstaffel, o Secciones de Protección).
La llegada de Hitler al poder
Alemania vivió entre 1924 y 1929 un periodo de relativa mejora económica, pero la crisis de 1929 arrastró a muchos bancos a la quiebra, lo que provocó el cierre de fábricas, aumento del paro y descontento social. Una parte importante de la población se inclinó hacia las propuestas de los partidos extremistas. El Partido Nazi comenzó a contar con el apoyo de personalidades de la industria y las finanzas, y a recibir fuertes ayudas económicas. En las elecciones de 1932 consiguió 13 millones de votos.
En 1933, en plena campaña electoral, los nazis aprovecharon el incendio del Reichstag y culparon del mismo a los comunistas. Este incidente sirvió de pretexto a Hitler para eliminar a sus adversarios y exigir plenos poderes. En 1934 Adolf Hitler se proclamó Führer y Canciller del III Reich.