Platón y Aristóteles sobre conocimiento, alma, ética y política
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Problema del conocimiento y la realidad en Platón
Platón hereda los problemas planteados por la filosofía griega: la reflexión racional sobre la naturaleza, la búsqueda del arjé y la pregunta sobre los cambios que se producen en el mundo físico. Con la llegada de los sofistas a Atenas se produce un giro antropológico en la filosofía, marcado por el relativismo y el escepticismo, al que se opone Sócrates. La muerte de Sócrates supuso un desengaño para Platón, que orienta su filosofía hacia la búsqueda del sistema político perfecto gobernado por los filósofos.
Platón intenta conciliar las ontologías de Parménides, que afirma que solo existe el ser, y de Heráclito, para quien solo podemos afirmar el devenir del mundo. Su solución es establecer la existencia de dos mundos separados:
- El mundo de las Ideas: esas Ideas son la verdadera realidad. Pertenecen al ámbito de lo inteligible, de la razón, porque van más allá de lo que perciben los sentidos. Este mundo tiene las características del ser de Parménides: es eterno, permanente y perfecto. Las Ideas solo se pueden conocer a través de la razón.
- El mundo sensible: es el ámbito de lo material, experimentable por los sentidos. Es temporal, mutable e imperfecto.
Para Platón, las Ideas son las causas metafísicas del mundo físico. Los seres materiales son copias imperfectas de estos modelos perfectos, inmateriales y subsistentes. El Demiurgo toma como modelo las Ideas para organizar la materia informe. Las Ideas están organizadas jerárquicamente; en la base están las relacionadas con las cosas más materiales y en la cúspide se sitúa la Idea del Bien, ya que sin ella nada se puede conocer.
El dualismo ontológico de Platón tiene su correspondencia en la explicación del conocimiento. Al conocimiento del mundo de las Ideas, que es universal y necesario, lo denomina ciencia (episteme). Al conocimiento del mundo sensible, que es un conocimiento erróneo e inestable, lo llama opinión (doxa). Se puede pasar del conocimiento de opinión a la ciencia mediante un ascenso que permite alcanzar un saber más estable. El camino que sigue la razón cuando abandona lo sensible y se dirige a las Ideas lo denomina dialéctica. El alma se libra de ataduras materiales y puede contemplar la Idea del Bien.
Platón expresa esto en el diálogo La República mediante el «mito de la caverna», donde utiliza la alegoría de varios prisioneros que se encuentran en una caverna y solo pueden ver sombras proyectadas en una pared. Un prisionero es liberado, sale de la caverna y puede contemplar la luz del sol y las Ideas. Después, el prisionero deberá regresar para liberar a sus compañeros, pues lo que ellos han visto desde siempre no es real, sino sombras. En este punto, la teoría del conocimiento se une con la ética: la misión del filósofo será liberar a los prisioneros del error.
Esta alegoría muestra la existencia de esos dos tipos de conocimiento —opinión y ciencia— y se completa con el «símil de la línea», donde Platón explica que para pasar de un conocimiento a otro existen cuatro grados. Por un lado, el conocimiento de opinión corresponde a la primera parte de la línea, en la que se distinguen dos grados de conocimiento sensible: la conjetura (eikasía), donde conocemos la imagen de las cosas sensibles, y la creencia (pistis) sobre las realidades sensibles. El conocimiento de ciencia corresponde a la segunda parte de la línea, y dentro de ella se distinguen dos grados de conocimiento inteligible: la razón discursiva (dianoia), por la que conocemos las ideas matemáticas, y el conocimiento intuitivo de las Ideas (noésis), en el que el alma contempla las Ideas.
La teoría de la reminiscencia es el proceso por el cual el alma recuerda las Ideas que ya conocía por su permanencia en el mundo inteligible. Aprender no consiste en adquirir nuevos conocimientos, sino en recordar aquello que siempre ha estado en el alma. El alma conoció las Ideas antes de encarnarse en el cuerpo; como el mundo sensible participa de las Ideas, el alma puede llegar a recordarlas. Por lo tanto, solo es válido el conocimiento de ciencia y este debe enseñarse.
Problema del hombre en Platón
La doctrina platónica del hombre se basa en el dualismo alma‑cuerpo, que se corresponde con el dualismo inteligible‑sensible que defiende tanto en la realidad como en el conocimiento. Por un lado, establece una división dualista entre alma y cuerpo en el Fedón. Para Platón, el ser humano es su alma y pertenece originariamente al mundo de las Ideas; por eso es inmaterial, simple e inmortal. El cuerpo es un lastre que el alma arrastra y que pertenece al mundo de los seres físicos: lo considera una cárcel para el alma. Sólo la muerte del cuerpo será la liberación del alma. La unión de alma y cuerpo es temporal y antinatural; forman dos seres unidos de forma accidental.
Por otro lado, en el Fedro y en La República Platón completa esta concepción estableciendo una división tripartita del alma. Lo expresa a través del mito del carro alado, donde describe el alma como un carro tirado por dos caballos alados y guiado por un auriga. La dificultad de gobernar el caballo negro hace que el alma caiga, pierda sus alas y quede encarnada en el cuerpo, con lo que olvida las Ideas que contemplaba.
Con el mito del carro alado, Platón describe las tres partes que posee el alma:
- Racional: la parte que busca el conocimiento y debe conducir al hombre a las Ideas.
- Irascible: el coraje o espíritu, que debe convertirse en aliado de la razón.
- Concupiscible: la búsqueda de placeres, que arrastra al hombre hacia lo material.
La ética y la política de Platón se orientan hacia recuperar la armonía entre las tres partes del alma, que se había perdido originariamente. El cuerpo se considera la raíz de todo mal, porque tiende a lo irracional; el alma, en cambio, tiende a lo racional. El alma debe purificarse y liberarse poco a poco del cuerpo y sus inclinaciones para poder volver al mundo de las Ideas. Si logra purificarse, se reencarnará en cuerpos cada vez más perfectos y, cuando la purificación sea total, volverá al mundo de las Ideas. Si no se purifica, se reencarnará en cuerpos peores.
Platón afirma que las almas preexisten a los cuerpos y siguen existiendo cuando éstos se corrompen. Dedica una obra entera, el Fedón, a demostrar la inmortalidad del alma, afirmando que el alma es inmortal y eterna: ha existido desde siempre y seguirá existiendo después de separarse del cuerpo. Defiende la inmortalidad apoyándose en la similitud que existe entre el alma y las Ideas que puede captar. Algunos de los principales argumentos a favor de la inmortalidad se basan en la teoría de la reminiscencia: si el alma puede recordar las Ideas que conoció antes de encarnarse, debe compartir con ellas una naturaleza simple, eterna e inteligible.
Problema de la sociedad y la política en Platón
Toda la filosofía de Platón se orienta hacia el problema político y la configuración de la sociedad perfecta, donde todos los dualismos (ontológico, gnoseológico y antropológico) encuentran su unificación final en las nociones de virtud y justicia. La justicia es el ordenamiento adecuado de las tres partes del alma. El verdadero arte de la política es aquel que convierte al alma en lo más virtuosa posible. Su teoría política, así como su ética, deriva de su concepción del alma.
A cada parte del alma le corresponde una virtud y una clase social. La polis ideal debe construirse a imagen del hombre. Platón distingue tres clases sociales:
- Gobernantes (filósofos): en los que predomina la parte racional. Les corresponde la virtud de la prudencia y conforman la clase gobernante. Serán educados en la sabiduría y estarán preparados para conocer el Bien y la Justicia. Su función incluye promulgar leyes y educar a los ciudadanos. La polis será perfecta cuando el filósofo gobierne sobre el resto de los ciudadanos.
- Guardianes o militares: en los que predomina la parte irascible. Les corresponde la virtud de la fortaleza y están encargados de velar por la paz del Estado y mantener el orden contra los enemigos, tanto internos como externos.
- Productores: en los que predomina la parte concupiscible. Se encargan de producir los bienes materiales, dedicándose al comercio, la industria, la artesanía y la agricultura. Deben practicar la templanza, pues han de producir pensando en el bien común.
Hay una virtud que engloba a las otras tres: la justicia, que armoniza al individuo consigo mismo y con la sociedad entera. La justicia se realiza primero en el interior del hombre y después en la sociedad, cuando cada clase social busca el bien común. Platón plantea una subordinación del individuo a la sociedad. La idea perfecta de Estado para Platón se basa en el gobierno del rey‑filósofo. Al final del mito de la caverna se explica por qué el filósofo será el encargado de gobernar: una vez liberado, es capaz de relacionar las sombras con su fundamento. Los filósofos han de ser educados mediante la dialéctica para llegar a la contemplación del Bien y poder después “descender a la caverna”.
Su concepción de gobierno no es democrática, pues la democracia es propensa a la demagogia, experiencia que Platón asocia con la injusta condena de Sócrates. El planteamiento político de Platón es utópico en el sentido de que propone una sociedad perfecta difícilmente realizable. Se basa en el intelectualismo moral: nadie hace el mal voluntariamente, porque el vicio solo puede ser consecuencia de la ignorancia.
Problema de la ética y la moral en Aristóteles
La ética aristotélica aparece recogida en la Magna Moralia, la Ética a Eudemo y en los diez libros que componen la Ética a Nicómaco. En esta obra, Aristóteles comienza afirmando que toda acción humana busca siempre algún bien. Por eso compara al ser humano con un arquero apuntando al blanco. El bien de cada cosa es el fin al que tiende y viene determinado por su naturaleza, que determina su actividad y su función propia. Hay un fin último, un bien supremo hacia el que se dirigen todos los demás: la felicidad.
Aristóteles se pregunta en qué consiste la felicidad y reconoce que casi todo el mundo la identifica con el máximo bien, aunque sin saber exactamente en qué consiste. Algunos creen que es el placer, la riqueza o los honores. Para Aristóteles, la felicidad (eudaimonía) es el fin último del hombre y se entiende como la actividad del alma dirigida por la virtud. Radica en obrar bien. Aunque la felicidad consiste en la virtud, el hombre también necesita bienes materiales; la felicidad requiere cierta buena fortuna.
El bien supremo o fin último del hombre es aquel al que se subordinan todos los demás bienes (placeres, riquezas, honores) y se encuentra en la vida intelectual. Esta consiste en el ejercicio de la inteligencia, la facultad más alta del alma que perfecciona al hombre. El hombre solo puede ser plenamente feliz cuando se ocupa de la filosofía primera (la metafísica). La naturaleza determina el bien propio y esa naturaleza puede ser perfeccionada por la virtud.
Aristóteles define la virtud de dos maneras:
- Como un hábito que nos dispone a obrar bien y nos permite realizar con facilidad y frecuencia un mismo tipo de actos. Se adquiere por repetición de actos; es un hábito adquirido, operativo y voluntario. Los hábitos se convierten en una segunda naturaleza: si practicamos la justicia, nos hacemos justos.
- Como el término medio con el que debe actuar el hombre en cada situación. El exceso y el defecto destruyen la virtud; el término medio la conserva. La razón del hombre prudente determina ese término medio, que no es el mismo para todos: no debe entenderse como mediocridad, sino como el punto justo y adecuado.
Aristóteles distingue entre dos tipos de virtudes:
- Dianoéticas: propias del intelecto; la más destacada es la prudencia. El prudente toma las decisiones adecuadas en el momento adecuado. También son dianoéticas la ciencia, la inteligencia y la sabiduría.
- Éticas: perfeccionan la voluntad, como la fortaleza, la templanza o la justicia. La templanza regula de forma razonable el deseo de placer; la búsqueda del placer debe estar encauzada por la inteligencia. Los placeres son malos cuando hacen al hombre vicioso. Aristóteles llama justo al que cumple las leyes y considera la justicia como la más perfecta de las virtudes porque se ejerce a favor de los demás.
Sobre el Fedón (varias exposiciones)
Vayamos pues ahora. El diálogo Fedón corresponde a la etapa de madurez de Platón. Presenta a Sócrates, el último día de su vida, conversando serenamente en la cárcel con sus discípulos. La obra concluye describiendo su muerte, tras tomar la cicuta. El tema principal de la obra es la inmortalidad del alma. Los fragmentos estudiados tratan de las pruebas que ofrece Platón acerca de la inmortalidad del alma. Después expondrá cómo la preparación para la muerte consiste en "filosofar rectamente", pues así el alma se purifica y se libera de la prisión del cuerpo.
En este texto, Platón plantea si existe o no el cambio en el mundo de las Ideas. Se formula la pregunta de tres formas: si lo que llamamos "la entidad misma" es siempre igual o cambia; si "lo igual en sí", "lo bello en sí" —es decir, la Idea de Igualdad y la Idea de Belleza— admite algún tipo de cambio; o, por último, si lo que es siempre cada uno de los mismos entes sufre alguna variación. Primero debe justificarse por qué Platón necesita demostrar que las Ideas no sufren cambio. Al intentar conciliar las ontologías de Parménides y Heráclito, establece dos mundos separados: el mundo de las Ideas, eterno e inmutable, y el mundo físico, que está sometido al cambio.
Las Ideas son las causas metafísicas del mundo físico. Los seres materiales son copias imperfectas de estos modelos perfectos, inmateriales y subsistentes. Las Ideas son arquetipos que no dependen para existir de las cosas sensibles ni de la razón: existen fuera de la mente y del mundo físico. Aunque ambos mundos están relacionados —porque el mundo sensible participa del mundo de las Ideas—, las Ideas permanecen inmutables e idénticas a sí mismas. El concepto de participación en Platón no implica que se produzca ningún cambio en el mundo suprasensible, aunque haya cambios en el mundo sensible. Son las cosas materiales del mundo físico las que están sometidas al cambio y a la pluralidad. Esta solución dualista ante el problema del cambio será criticada por Aristóteles.
Aristóteles afirma que solo existe un mundo que está sometido al cambio. Explica el problema del cambio a través de la teoría hilemórfica: cuando un ser adquiere una nueva forma, ya sea accidental o sustancial. También lo explica como el paso de potencia a acto.
Otra exposición del Fedón (tono didáctico)
Yo te diré. El diálogo Fedón corresponde a la etapa de madurez de Platón. Presenta a Sócrates, el último día de su vida, conversando serenamente en la cárcel con sus discípulos. La obra concluye describiendo su muerte, tras tomar la cicuta. El tema principal de la obra es la inmortalidad del alma. Los fragmentos estudiados tratan de las pruebas que ofrece Platón acerca de la inmortalidad del alma. Después expondrá cómo la preparación para la muerte consiste en "filosofar rectamente", pues así el alma se purifica y se libera de la prisión del cuerpo.
El tema es el dualismo antropológico, que se caracteriza por mantener una radical escisión en el hombre: hay dos principios en el ser humano: el alma inmortal, principio de moralidad, y el cuerpo, origen de la ignorancia. Para Platón, los «amantes del saber» son los filósofos que aman el saber. "Cuando la filosofía se hace cargo de su alma" —la parte racional— "que está sencillamente encadenada y apresada dentro del cuerpo", Platón describe la concepción dualista del hombre (dualismo alma‑cuerpo), en la que el cuerpo se ve como una prisión en la que el alma vive encadenada y esto la obliga a ver la realidad de una determinada manera: como un conocimiento erróneo de opinión. Esta concepción se relaciona con la alegoría de la caverna.
La alegoría explica varios prisioneros en una caverna que solo ven sombras y creen que esa es la verdadera realidad. Uno de ellos es liberado y contempla las Ideas. La misión del filósofo será liberar a los prisioneros del error. Sale de la prisión a través de la filosofía y de la ética del gobierno porque "el cuerpo hace ver la realidad como una prisión" en una "total ignorancia" y está relacionado con el deseo: el hombre, de alguna forma, colabora en esa prisión porque se deja llevar por el deseo, la parte concupiscible del alma, y no es consciente de lo que está haciendo. Platón establece la división tripartita del alma —racional, irascible y concupiscible— y orienta toda su ética y su política a recuperar la armonía entre las tres partes del alma; la virtud de la justicia consigue la armonía entre las partes del individuo y en la sociedad dividida en tres clases. "De tal modo que el propio encadenado puede ser colaborador de su estar aprisionado": la solución de Platón pasa por la ética y la política.
Un tercer pasaje sobre el Fedón y la reminiscencia
Entonces ocurre lo siguiente. El diálogo Fedón corresponde a la etapa de madurez de Platón. Presenta a Sócrates, el último día de su vida, conversando serenamente en la cárcel con sus discípulos. La obra concluye describiendo su muerte, tras tomar la cicuta. El tema principal de la obra es la inmortalidad del alma. Los fragmentos estudiados tratan de las pruebas que ofrece Platón acerca de la inmortalidad del alma. Después expondrá cómo la preparación para la muerte consiste en "filosofar rectamente", pues así el alma se purifica y se libera de la prisión del cuerpo. El tema principal será cómo se produce la reminiscencia.
La reminiscencia se produce a veces por «cosas semejantes» y «cosas diferentes» porque, para Platón, la reminiscencia es recordar las Ideas que el alma conoció en su permanencia en el mundo inteligible; es recordar aquello que siempre ha estado en el alma. Se recuerda algo y al objeto le falta algo o no; por lo tanto, es semejante por un lado y diferente por otro. Existe algo igual, "lo igual en sí", que se refiere al mundo inteligible, en singular, porque solo hay una Idea de cada cosa. No se refiere a un madero igual a otro madero (esas son cosas del mundo físico), sino a lo igual en sí, la Idea de igualdad. Por lo tanto, eso es a lo que se parece aquello que se está viendo. El verdadero conocimiento, para Platón, está en el mundo de las Ideas, no en el mundo sensible. Este tema es muy importante porque Platón utiliza la teoría de la reminiscencia para probar que el alma es inmortal, ya que preexistía antes del cuerpo.