Piedra y Cielo de Juan Ramón Jiménez: Interpretación de la Belleza Interior y la Poesía Desnuda
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Contexto: Las Épocas Poéticas de Juan Ramón Jiménez
Para comprender mejor el poema Piedra y Cielo de Juan Ramón Jiménez (JRJ) que vamos a comentar, veamos las diferencias entre las llamadas épocas de su producción poética:
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Primera época (sensitiva):
- Primera etapa (1903-1907): Tono intimista o becqueriano.
- Segunda etapa (1908-1916): Tono modernista parnasiano.
- Segunda época (1917-1936): Conocida como Poesía desnuda o Poesía Intelectual. Piedra y Cielo pertenece a esta época.
- Tercera época (1936-1958): Denominada época suficiente o verdadera.
Interpretación de Piedra y Cielo
El poema plantea el binomio fundamental que determina gran parte de la obra de JRJ: él y la Naturaleza, reducida a su dimensión de belleza. Este binomio se resuelve en favor del poeta, en cuyo interior reside la belleza verdadera, aunque sea reflejo o consecuencia de la belleza exterior.
Desde el principio del poema, JRJ se dirige a la belleza (calificada como "innúmera", "infinita", puesto que está en las cosas, en la realidad) que le invita al placer, para afirmar que ella no existe allí, en el lugar desde donde lo llama. Con ese argumento, parece rechazar la tentación (interesada: "con tu fin") de la belleza exterior. Y la rechaza no porque la desprecie, sino porque está realmente en él; y está en él gracias a su esfuerzo, porque la busca, porque penetra en ella sin cesar ("cada instante"), movido por el anhelo de encontrarla en los lugares más misteriosos y lejanos ("traspasar los nadires más oscuros").
En la estrofa siguiente, insiste en señalar su interior como sede de la belleza: es su pecho —nos dice el poeta—. Y lo encontramos lógico, pues la belleza está en él —tiene la aurora—, principio de la luz, fuente de la vida. Pero el verso siguiente, sin borrar del todo esa impresión, le da un sentido nuevo, inesperado, al oponer "espalda" a "pecho", y "poniente" a "aurora". Entonces, esos dos momentos que marcan el principio y el fin de la luz aparecen no como contenidos, sino como límites, casi como la sustancia de su tórax, lugar donde el paso del tiempo queda detenido, eternizado.
Y esos dos resplandores lo hacen arder luminosamente —"transparentándome"— en una pasión única —"en una sola llama"— que se convierte así en el verdadero contenido de su pecho.
Parece que eso es todo —porque ya es bastante—, pero no. La belleza está en él, le repite una vez más a la belleza, porque él le mete en el cuerpo su alma, "insaciable y eterna". Es decir, la belleza está en él porque él es el alma de la belleza.
Como puede verse, la superioridad del yo respecto a la realidad exterior está también afirmada en este poema, aunque de un modo mucho más complejo, conceptualmente, y superponiendo a este tema el de la fusión de su espíritu con la naturaleza (asunto central en toda su segunda época, que culmina en Animal de fondo).
Estilo y Lenguaje
En cuanto al estilo del lenguaje empleado en el poema, vemos que JRJ prescinde de todo adjetivo sensorial, suntuoso o colorista; la belleza está calificada abstractamente de "innúmera" e "infinita". Aunque el poema está basado en el artificio de la personificación de la belleza —puesto que mantiene un diálogo con ella—, prescindiendo acaso únicamente del término "nadir", los conceptos utilizados no pueden ser más naturales y sencillos —y a tono con ellos, la expresión—. Las cosas son llamadas por su nombre: la belleza es belleza; no hay juegos de palabras, sino de conceptos. Los dos adjetivos finales, "insaciable y eterna", aplicados a su alma, vienen a resumir los datos ofrecidos en el desarrollo del poema: "insaciable" se relaciona con todo lo dicho en los versos 3 a 6 ("hasta el fondo", "anhelando", "cada instante", "traspasar los nadires más oscuros"); y "eterna" remite a los versos 7 a 9, en los que la órbita solar queda totalizada, inmovilizada en él y en torno a él.
Métrica
Los versos del poema que estamos comentando no riman. El número de sílabas de los versos es flexible, abierto, apoyado apenas en el ritmo de los endecasílabos combinados con heptasílabos (el verso 11, más que como un alejandrino, se oye como dos versos de siete sílabas por la fuerza de la pausa que separa sus hemistiquios).