Pentecostés y el Espíritu Santo: Dones Divinos y Facultades Humanas Esenciales

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Pentecostés: La Llegada del Espíritu Santo

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar. De repente, un estruendo como de un fuerte viento vino del cielo, y sopló y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos. Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.

En aquel tiempo vivían en Jerusalén judíos piadosos, que venían de todas las naciones conocidas. Al escucharse aquel estruendo, la multitud se juntó, y se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua. Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna? Aquí hay partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia. Están los de Frigia y Panfilia, los de Egipto y los de las regiones de África que están más allá de Cirene. También están los romanos que viven aquí, tanto judíos como prosélitos, y cretenses y árabes, ¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!» Todos ellos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: «¿Y esto qué significa?» Pero otros se burlaban, y decían: «¡Están borrachos!»

Los Dones del Espíritu Santo

El Espíritu Santo otorga dones que enriquecen la vida espiritual y personal de los creyentes. Estos dones son:

  • Don de Sabiduría: Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas, en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.
  • Don de Inteligencia: Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.
  • Don de Consejo: Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.
  • Don de Fortaleza: Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.
  • Don de Ciencia: Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.
  • Don de Piedad: Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.
  • Don de Temor de Dios: Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.

Las Facultades Superiores del Ser Humano

Además de los dones divinos, el ser humano posee facultades inherentes que son fundamentales para su desarrollo y toma de decisiones:

La Voluntad

La voluntad es la capacidad para tomar decisiones y el centro de mando de la persona. Es donde se determinan los planes a realizar, donde se rechaza lo desagradable y donde se admiten sufrimientos o esperas pacientes. No decidimos con la inteligencia ni con los sentimientos. La inteligencia aporta ideas y aclara las ventajas o inconvenientes de tomar una decisión. Los sentimientos nos inclinan hacia un lado u otro. Pero, al final, es la voluntad quien decide en base a todas estas sugerencias que ha recibido, porque es la pieza clave del edificio de la personalidad. Se podría decir que el dominio de la voluntad sobre los instintos es lo que define a una persona madura y auténtica.

La Inteligencia

Solemos dividir a las personas en muy inteligentes y poco inteligentes, lo cual es válido. Sin embargo, conviene observar cómo la inteligencia tiene varias funciones útiles para el ser humano. Las necesitamos todas, pero cada uno tiene normalmente más facilidad para algunas funciones que para otras. Por eso, hay personas con buena inteligencia que pueden dar la impresión contraria, ¿por qué? Por no aprovechar sus buenas capacidades y estancarse por la limitación de alguna función.

La Conciencia

La conciencia es una facultad humana universal, no una actitud religiosa. Todos los seres humanos la poseemos. Algunos la descuidan y se les atrofia. Otros la malforman y tienen conciencias enfermas, muy exageradas o muy estrechas. Otros la cultivan bien y les ayuda a ser personas humanas maduras e íntegras. Todos la tenemos, pero por sí sola no mejora; necesitamos educarla.

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