El Patrocinio de Mecenas: Influencia y Libertad en la Poesía de la Época de Augusto
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Mecenas y la Tradición Poética Romana
El primer objetivo de Mecenas fue atraer a su entorno a poetas destacados, como Virgilio, Horacio, Quintilio Varo y Valgio Rufo, entre otros. Al rodear de esta forma a Octavio de un círculo de literatos, Mecenas buscaba prolongar la tradición antigua: hacía dos siglos que a los generales romanos les gustaba vincularse con poetas capaces de cantar sus hazañas. Poco a poco, cada gran familia de la aristocracia romana atrajo a los hombres de letras encargados de salvar su recuerdo del olvido. Así aparecen poetas griegos, unidos a Cicerón, y poetas latinos.
La Revolución Espiritual y el Papel de la Poesía
Mecenas pudo atraer hacia sí a los escritores más brillantes de su siglo y dirigir sus genios, poniéndolos al servicio de la revolución espiritual, un complemento indispensable de la revolución política de Octavio.
Sin embargo, la acción personal de Augusto o Mecenas no bastaba para explicar la gran floración de poetas que hubo. Cabe aclarar que esa edad de oro de los poetas duró menos que el reinado de Augusto y empezó antes del mismo. Por ejemplo, las primeras obras de Virgilio datan de los tiempos de César. La madurez literaria de este siglo es exactamente contemporánea a los años que vieron la conquista del poder por Octavio y sus amigos, tanto en literatura como en política.
En la última parte de su reinado, Augusto cosechó el beneficio del pasado. Ciertamente, dos evoluciones se produjeron una al lado de la otra. Es la antigua tradición de la piedad romana lo que parece renacer, con sus abstracciones personificadas, tal como gustaba a la religión de antaño. Tal fue el papel asignado por Augusto y Mecenas a la poesía: engalanar las realidades políticas con el prestigio del sentimiento y de la belleza. Ambos sabían muy bien que los hombres son incapaces de conformarse únicamente con la razón. Las leyes pueden constreñir; solo la poesía posee el don de persuadir y encadenar los corazones.
Independencia Creativa y Patrocinio Material
Los poetas agrupados en torno a Mecenas gozaban de independencia, por lo que no obedecían todas sus preferencias. Mecenas habría querido que al menos uno cantara las hazañas guerreras de Octavio. Si Mecenas tenía la intención de dirigir a los poetas de su grupo, admitamos que no lo consiguió plenamente: la literatura augustal no vio nacer la gran epopeya política que se buscaba sobre las victorias del príncipe.
La Acción Material de Mecenas
La acción de Mecenas se ejerció ante todo de modo material. Procuró a todos:
- Seguridad.
- Bienestar.
Lo que Mecenas le daba a uno, no se lo quitaba a otro. No había condescendencia de parte del amo, sino el respeto absoluto de la libertad personal. Mecenas era un caballero muy modesto.
Influencia Sutil y el Poeta como Ser de Excepción
La acción de Mecenas se ejecutó de manera sutil y diversa. No fue una dictadura de las letras intransigente y autoritaria que imponía consignas al modo de un moderno ministerio de propaganda. Influenció a sus amigos con la voluntad de considerar al poeta como un ser de excepción, con el objetivo de:
- Protegerlo.
- Librarlo de las necesidades sórdidas.
- Devolverlo a sí mismo.
- Permitir que diera una expresión eterna de los sentimientos y las ideas que otros hombres no pueden expresar.
La Paradoja de la Sencillez Augustal
Virgilio y Horacio consiguen disimular ese profundo malestar, que no es menos real dentro de sus mismas obras. Esos pastores, esos campesinos, ese filósofo, que alaban los encantos de una vida simple y la grandeza de las virtudes primitivas, son en realidad los hijos de una civilización que debe casi todo a los refinamientos del helenismo. Su simplicidad es laboriosamente adquirida; es soberana soltura de artista y no el balbuceo de una musa campestre.
La naturaleza de que nos hablan no es salvajismo primitivo, es el jardín dibujado a imagen de ese salvajismo, tal como lo imaginamos. La política de reforma moral intentada por Augusto pretendía también restaurar valores que se aseguraba fueron los de los romanos de otrora, antes de que la conquista del mundo hiciera de Roma la capital de un Imperio helenístico y drenara hacia ella riquezas e ideas incompatibles con aquel viejo ideal de sencillez, hecho de ignorancia y de inopia tanto como de virtud.