El Origen Mitológico de la Vía Láctea y la Leyenda de Apolo y Dafne en el Arte Clásico

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Mitos Clásicos en el Arte: Interpretación de Obras Maestras

El Nacimiento de la Vía Láctea (Rubens)

Esta obra de Rubens ilustra el origen mitológico de la Vía Láctea, un evento crucial en la mitología romana.

Identificación de Personajes

  • Júpiter: Se reconoce gracias al águila (1) que aparece debajo de él y los rayos (2).
  • Juno: Se reconoce por el carro tirado por pavos reales (3) que aparece al fondo de la obra.

El Origen de la Inmortalidad y la Vía Láctea

Júpiter sabía que sus hijos ilegítimos no podían alcanzar honores celestes si no mamaban del pecho de Juno, pues su leche convertía en inmortales a quienes la tomaban. Por ello, Júpiter mismo habría colocado al niño en el regazo de la diosa mientras esta dormía. El niño en cuestión era o bien Hércules, hijo del dios y de la mortal Alcmena, o Mercurio, hijo de Júpiter y de la ninfa Maia.

En cualquiera de los dos casos, la diosa, enterada del engaño, lanzó al niño lejos, pero este ya había tomado su leche.

La leche se derramó. En el caso de Hércules, fue la fuerza y el ansia del niño lo que hicieron despertar a la diosa. A consecuencia de esto, esa leche derramada formó lo que hoy conocemos como la Vía Láctea.

Apolo y Dafne (Theodor Van Thulden)

Esta escena captura el momento culminante de la persecución narrada en la mitología griega.

Identificación de Personajes

  • Apolo: Se reconoce gracias al arco de flechas que lleva consigo.
  • Dafne: Se reconoce gracias a la transformación que está sufriendo: sus manos se están convirtiendo en laurel y sus pies en las raíces del árbol.

Apolo: Dios de la Luz y la Contradicción

Apolo, hijo de Zeus (el Cielo) y de Latona (la Noche), simbolizaba para los antiguos el milagro deslumbrante de la luz. Montado en su carro, iniciaba su carrera al alba y conducía el sol hacia el ocaso. Era sanador y protector de la ley y el orden, pero también de sus contrarios: provocaba la muerte con dulces flechas, la peste y la ruina.

Era un dios contradictorio. Se rebeló al menos dos veces contra Zeus; en una de ellas consiguió encadenarlo, pero las conjuras fracasaron, por lo que estuvo desterrado a vivir con los humanos durante dos temporadas. En una de sus aventuras le regalaron un caparazón de tortuga con el que fabricó la primera cítara, de la que nunca se separó, llenando de música el Olimpo y la tierra. Por ello, extendió sus atributos a protector de la música, la poesía y el canto. A pesar de ser bellísimo y de irradiar encanto y armonía, no parece que tuviera mucho éxito con las mujeres.

La Persecución y la Transformación

Cuentan que su primer amor fue Dafne, una ninfa de la que se enamoró a primera vista, pero ella siempre lo rechazaba. Esto se debió a que Cupido, molesto por unas bromas que le había gastado Apolo, le disparó a este una flecha de oro (de amor) y a Dafne una de plomo (de rechazo).

Las Metamorfosis de Ovidio cuenta que un día Apolo se presentó de improviso. Dafne, asustada, corrió y corrió con Apolo detrás. Cuando se vio perdida, invocó al río Peneo diciendo:

«Ayudadme, echa a perder, cambiándola, esta figura con la que he gustado demasiado.»

Apenas terminó la plegaria, su cuerpo se volvió pesado y «se ciñe una tenue corteza a su blando pecho, fronda en sus pelos, ramas en sus brazos crecen, el pie, hace poco tan veloz, con raíces se prende». Apolo solo llega a abrazar el laurel en el que Dafne se ha convertido, sintiendo todavía su corazón latir.

Lejos de sentirse despechado, Apolo, conmovido y afligido, formó una corona con las ramas del laurel y se la puso en la cabeza. Desde entonces, se han ceñido con ella las sienes de los poetas y los héroes.

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