El Origen del Derecho Romano: De los Rituales Sagrados a la Ley de las Doce Tablas
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Resolución de Conflictos en la Monarquía Romana
Para los romanos de tiempos de la monarquía (siglos VIII-VI a. C.), era fundamental que los desacuerdos entre las diferentes Casas (o domus, la unidad económica y familiar) se resolvieran de manera pacífica. Para lograrlo, determinaron que fueran los dioses quienes decidieran el destino de las disputas.
El Rol del Paterfamilias y los Dioses Lares
Si el conflicto se originaba entre los miembros de una misma domus, el encargado de decidir era el anciano jefe del clan familiar: el paterfamilias. Su autoridad no emanaba únicamente de su ancianidad o del respeto que inspiraba, sino de su función como sacerdote de los dioses familiares, los lares. Para conocer la voluntad de los lares ante un conflicto, el paterfamilias debía dirigirse a ellos mediante un ritual específico que solo él conocía.
Conflictos entre Casas y el Poder de Júpiter
Sin embargo, cuando el conflicto surgía entre personas de diferentes domus, el juicio de un solo paterfamilias carecía de validez, ya que la contraparte no estaba obligada a obedecer a los dioses ajenos. En estos casos, el encargado de dirimir la controversia debía ser el dios de la Ciudad.
Para consultar su opinión, se instituyeron los sacerdocios profesionales: individuos que dominaban los rituales precisos para comunicarse con la deidad ciudadana. Estos sacerdotes eran nombrados por el conjunto de los paterfamilias, conocidos como patricios. Ellos recibían de Júpiter el imperium auspiciumque (el poder y los auspicios), por el cual sus decisiones debían ser aceptadas por todos, y sus visiones del futuro marcaban el inicio de cualquier empresa.
El Proceso Judicial y el Secreto de las Fórmulas
Los procesos en esta época eran singulares. Los litigantes debían dirigirse al dios en presencia de los sacerdotes, siguiendo rituales y fórmulas extremadamente precisas. El papel de los sacerdotes consistía en verificar si las fórmulas se pronunciaban con las palabras y los gestos exactos; quien no seguía rigurosamente estas formas, perdía el proceso de inmediato.
Si las fórmulas se ejecutaban correctamente, el dios respondía a través de las preguntas que los sacerdotes planteaban a un iudex (un juez que solía ser un vecino común). Se consideraba que las respuestas del juez provenían directamente de la divinidad y, por lo tanto, su cumplimiento era obligatorio.
El Conflicto Patricio-Plebeyo y la Ley de las Doce Tablas
El principal inconveniente radicaba en que los sacerdotes guardaban las fórmulas en secreto. Esta falta de transparencia generaba una gran inseguridad jurídica, otorgando a los sacerdotes el poder discrecional de admitir o invalidar la corrección de los rituales. Esta situación fue aprovechada por los patricios —clase de la que procedía la casta sacerdotal y quienes los nombraban— para imponerse sobre los plebeyos (aquellos romanos que no poseían una Casa propia).
Este escenario desencadenó el famoso conflicto patricio-plebeyo entre los siglos V y IV a. C., cuya resolución histórica fue la codificación de las fórmulas legales en un texto escrito: la Ley de las Doce Tablas.